Queridos amigos:
Algunos sábados resultan pródigos en eventos, mas el hecho de intercalar las crónicas del Camino impide que sean narrados con la proximidad que precisan, arriesgándome a que queden obsoletas. Así, no comenté nada de las manifestaciones de la pasada legislatura, quizá también por evitar polémicas, pero no me resistiré a hacerlo con la celebrada contra la ampliación de la ley del aborto. Aunque como católico no sea ejemplarizante lo que voy a afirmar, la legislación vigente, con tres supuestos de despenalización, no resultaba para nada inasumible por el conjunto de la sociedad, si bien se abusaba del concepto de peligro para la salud psíquica de la madre. Desde la óptica del conflicto de derechos, siempre será prevalente la vida sobre la libertad. En cuanto a la píldora del día después, podría argumentarse su carácter eventualmente anticonceptivo, pues la fecundación, en su caso, no sigue de inmediato al acto sexual. En resumen, que el cambio de regulación es totalmente innecesario y atenta contra los derechos de quien espera nacer (véase el título). La aglomeración resultaba abrumadora, pero sin el grado de emoción de la racha de viento en la plaza de Colón haciendo ondear todas las banderas de España y formando un mar rojigualda (pena que Rajoy no valga).
Al hilo del párrafo anterior, os contaré que, al nacer, la hija de unos amigos de mis padres, al principio, y amigos nuestros después, precisó, por prematura (un mes) y otros problemas de salud, una transfusión completa de sangre. Si necesitabais algún ejemplo palpable de motivaciones a la hora de donar periódicamente, aquí lo tenéis, tan vivo como el bebé al que entre los galenos y los donantes hemos sacado adelante con brío.
Madrid Tenebroso es el nombre de una actividad que organizaba para ese mismo día el Ayuntamiento, si bien había que reservarla con mucha antelación. Por el precio aproximado de un cine, te guiaban por calles del centro donde ocurrieron sucesos truculentos o en cuyos palacios se originaron leyendas. Cada poco, un actor vestido de época escenificaba monólogos relacionados con estos misterios y al final montaban una pequeña representación. Es forma curiosa y agradable de conocer la historia de la villa.
Evento de todo punto singular resultó ser la “1ª Carrera de Orientación Saber y Ganar de Torres de Montes”. Cristian, un chico del pueblo a quien desde aquí agradezco su interés y felicito por el resultado, nos convocó de manara misteriosa, en nombre de una comisión anónima, y organizó unas pruebas por el campo (encontrar la pista, catar a ciegas unas cervezas y responder a cuestiones muy “nombradas”). Luego merendamos en su bodega, cenamos en “Matusalén” y salimos por Barbastro. Mereció la pena el desplazamiento (el primero en AVE; no se va del todo mal), por la excelente preparación de la actividad y el buen ambiente que reinó, lo que no fue obstáculo para que nos metiésemos de lleno en la competición (si Sébastien Loeb necesita sucesor, que vaya llamando al Ruso), afanándonos “como un jabalí” y deseando ya que se repita.
La vocación omnicomprensiva de estos escritos prescribe mencionar dos películas perfectamente olvidables: “Quantum of Solace” (de Bond, James Bond, de la que ya únicamente recuerdo la escena del Palio, la carrera de caballos en Siena) y “¿Qué les pasa a los hombres?” (en una V.O. S.; como adivináis, exclusivamente para chicas).
Sin un mísero libro se nos ha ido el folio. Me despido con mucho cariño,
Alberto.
Queridos amigos:
Entre las anécdotas de la subida al Alto del Perdón, se encuentra el monumento de recuerdo a un inconsciente fallecido justo después de una rampa que te deja exhausto, lo cual te hace sospechar que pagó el sobreesfuerzo, el lujazo de esprintar para adelantar a un ciclista que iba “eseando”, que justifiqué ante su asombro por lo ocasional, los asnos que portaban la impedimenta de dos caminantes y el peligro de resfriado si permanecías en la cima algo más que la necesario para la típica foto con la caravana de peregrinos.
Uterga llama la atención por la abundancia de casas señoriales. Muruzábal, a la cual llegué a la hora del Angelus, me recibió con un estruendoso a la par que conmovedor tañido de sus campanas. Suelo definir a Obanos como un pueblo de parque temático: impoluto, con altísima calidad de vida, un frontón de diseño (la cubierta imitaba unas lejanas olas) y, para rematar, un predio donde estaba paciendo un caballo albo entero.
En Puente la Reina me quedé esperando a Antonio. Creía que arribaría más pronto, pero por lo visto llevaba un pajarón del quince y estaba en íntimo y peligroso coloquio con el hombre del saco. Para amenizar la vela, pedí una pinta de Amstel Dorada (aún no la conocía, y me encantó esta cerveza tostada de El Águila), que, con la tardanza, se convirtió en una segunda y al rato en una tercera. Aquí confluye la ruta con el Camino Aragonés, y recuerdos aparte, da pie a pensar en los millones que nos han precedido.
Para llegar a Mañeru hay que salvar unas cuestas sobre un terreno arcilloso flanqueado por pinos, que no proporcionan la sombra que anhelábamos. Cirauqui se encuentra en un altozano y, como quiera que había recorrido la última parte de los 36,26 kilómetros de la etapa a pleno sol de la mediodiada, acabé con una insolación de camello (si estos animales son proclives a sufrirlas). La cercanía del albergue a la iglesia (enfrente) únicamente era positiva por la poca distancia a salvar para la eucaristía, ya que daba hasta los cuartos (casi era un segundero más que un reloj) de manera ensordecedora. Resulta curioso que pidan en los alojamientos silencio para el descanso con semejante ruidera a menos de veinticinco metros. Podéis imaginar que entre el campanario, el calor, los ronquidos y la cefalgia acabaría pasando una noche de las peores en tiempos.
Toca hablar un poco del resto de esforzados. Al sufridor se le reconoce en seguida; todos vamos al mismo trantrán, con bamboleo. En este tramo navarro, los españoles éramos minoría, y podías encontrar gente de Tejas, Hawai o Méjico, sin ir más cerca. Pieza separada constituían unos catalanes licenciados del ejército que no paraban de presumir de las barbaridades que recorrían. A mí no me tenían intimidado, pero mi momentánea debilidad no aconsejaba gastar fuerzas ni siquiera en confrontación verbal. Otro perfil que allí se encontraba era el del centroeuropeo: solitario y monorrítmico.
También había en nuestro cuarto dos parejas refrotándose (literal). Mantengo mi opinión de que el Camino es un buen plan para evaluar una relación, por el tiempo que se pasa juntos y las penalidades que hay que vencer en común, pero matizo: es menester que la condición física sea similar. Si no, se van a ver a partir del mediodía, y gracias.
Empezaré la de dentro de quince días con la frase de Antonio que define a la perfección estos seis años (y los que te rondaré) de singladura compartida,
Alberto.
Queridos amigos:
La Noche en Banco en Madrid no resulta un acontecimiento tan especial para quienes de algún modo u otro mostramos un no desdeñable interés por la cultura. A mayor abundamiento, nos vemos perjudicados por las avalanchas que se forman por las ansias de los que se mantienen al margen durante todo el resto del año. Esta vez, la visita atípica se encaminó a las cocinas del Palacio Real. Gusta verlo porque son inaccesibles de manera convencional, pero son un fraude habida cuenta de la cola que hay que soportar (penitencia que uno lleva como puede día tras día; ups…), excepto por el calienta-platos, como un carruaje, dados el tiempo y la distancia hasta que eran servidos. También era de ver la multitud congregada en el centro de la ciudad, cortado al tráfico, reconfortantemente. La vez anterior, la mayor expectación la registró un funambulista, cuyo descalabro (“estalapizarse”, que decimos en Torres) estaban ansiosos por presenciar, por traer la referencia a Nietzsche. El filósofo hubiera sentido una profunda decepción al comprobar que la juventud estaba enfrascada en un mega-botellón en los aledaños de la Plaza de España, no por beber, sino por el espectáculo de falta de civismo que protagonizaban, ya que la “generación Logse” es incapaz de recoger su propia basura. Siempre es mejor que se abstengan del vandalismo, como en Pozuelo, pero nuestra nación no tiene riqueza como para permitirse este déficit de capital humano.
Con el comienzo del curso, he vuelto a escuchar la radio. Según apunté en una crónica veraniega, la frecuencia modulada de referencia en Madrid es ahora el 99.1 (para el resto de territorios, seguid el vínculo a esRadio). Don Federico y don César fueron invitados a abandonar la COPE por no querer ser “como moneda de cinco duros, que a todo el mundo gusta” (ésta es de San Josemaría). En mi aparato del cuarto, que no había sido mancillado, es decir que permanecía en el 999 de onda media, más que una vez en trece años (y porque el vándalo que lo perpetró me pilló despistado), me he visto obligado a cambiar el dial, mas al electrodoméstico se le ha debido pegar algo de la obstinación de su dueño (o ha quedado anquilosado) y no accede a sintonizar otra cadena. Para completar la ruptura de las ligaduras con el pasado, hasta me he cambiado el llavero de la C grande, angulosa y blanca sobre fondo azul (otro apreciadísimo regalo de mi hermano). Y es que estaba tan cautivado, sin ser un adicto, que renuncié a escuchar su despedida, a mediados de julio, para que no me entrara una congoja de aúpa. Afortunadamente, los liberales hemos encontrado acomodo, al que seremos fieles.
Sin la menor pretensión de ejercer de crítico cinematográfico, arte del que casi todo lo ignoro, recomiendo encarecidamente “El secreto de sus ojos”, una película argentina ambientada en el presente y en la época de la Triple A. Tiene componentes policíacos, de humor y romance, y hace reflexionar sobre la justicia y las oportunidades en la vida.
A la literatura la considero una legítima compañera, “mi esposa”, como el título:
- “The Wonderful Wizard of Oz”, de L. Frank Baum: maravilloso cuento sobre una niña transportada a un territorio de fantasía en el que encuentra a un espantapájaros sin cerebro, a un hombre de hojalata sin sentimientos y a un león cobarde. Recuerda a la trilogía que mis padres nos recomendaban que desplegásemos (“cabeza, corazón y cojones”). La moraleja es que, aunque las creamos inexistentes, es muy posible que poseamos virtudes ocultas. ¡Genial!
"¡Eso es to, eso es to-to, eso es to-todo amigos!" (ya de Elmer, no de Bugs Bunny),
Alberto.
Queridos amigos:
Para no dejarnos arrastrar por la deriva vasquista, nos visitó mi amigo Raúl, y nos llevó, a modo de contraste, a un centro comercial, es decir, a la plena civilización. A la vuelta, visité el centro de interpretación del Batán, al lado de donde reposábamos. Un batán es un ingenio que se sirve de la fuerza del agua represada y encauzada para flexibilizar, impermeabilizar y dar más consistencia a las telas impregnándolas de ciertas sustancias.
No escapamos del aluvión de gente, puesto que muchos han ido llegando al encontrar completos o cerrados los albergues anteriores. El complejo contiene una capillita y un precioso patio, luego vive recogido, mirando hacia adentro. En cuanto a las sensaciones físicas, no había practicado (y ya no lo haría más) la preceptiva gimnasia, pero tampoco había descansado, luego quizá lo pagase al día siguiente. El tiempo había tornado seco.
Compartí la palangana para meter los pies en agua fresca con Antonio, como dos auténticos jubilados. Ricardo preparó una cena suculenta, y tan bien me sentó que me proporcionó alivio inmediato de una preocupante astringencia, hecho que comuniqué con un lacónico parte médico, digno de renombrados ginecólogos: “ha sido niño”.
Anduvimos a la partida por las calles mayores de Villava (cuna de un engaño de ciclista con mucho palmarés que encima pretende irse de rositas) y Burlada, las cuales están conurbadas con Pamplona. Una alternativa consistía en recorrer el parque fluvial de la comarca, formado por largos tramos de los ríos Ulzama, Elorz y Arga, pero suponía un breve rodeo, así que lo descartamos. Precisamente un puente sobre el Arga, el de la Magdalena, abre paso a la capital. Atravesamos la Plaza del Ayuntamiento, sede del “chupinazo” más famoso, pero desde luego no el más entretenido, honor que corresponde al de Huesca (¿acaso lo dudabais?). Sus chiquitísimas dimensiones hacen pensar en lo comprimidos que estarán los jóvenes ese día. Al pasar junto a la ciudadela, construcción preventiva para la defensa de las fronteras del ataque del francés, al igual que la de Jaca, Ricardo puso fin a su sufrimiento y se retiró, con la promesa de retornar.
El urbanismo pamplonica denota una planificación con gusto. San Josemaría le hubiese hecho un impagable favor a Huesca si, como en algún momento pasó por su cabeza, hubiera instalado la universidad allí en vez de acá. Junto con el hospital, crea una gran cantidad de puestos de trabajo de renta media-alta y educación superior, amén de numerosos empleos auxiliares, lo que genera unas demandas de servicios y alojamiento acordes, configurando un entorno urbano envidiable. Sin embargo, repele el tufillo a “aroma Monseñor” que desprende, pacato, demasiado controlado. Sólo hay que ver la zona de colegios mayores, tan racionales que no tendría cabida una capea como la del Negro: “los chicos y chicas, radiantes de felicidad”, que procrean como conejos. Incluso los sacerdotes tienen una pinta diferente. Vimos a uno de punta en blanco, elegante, bien peinado, afeitado con esmero, que seguro que era trilicenciado, con dos doctorados y un “honoris causa” y sería catedrático de bioética y asesor del Vaticano. Impactante.
A la salida, bordeamos Cizur Menor para enfilar el Alto del Perdón, lugar ventoso donde fue instalado el primer parque eólico de la multitud con la que cuenta ahora la región. Además, la sombra y el frío no contribuían a una placentera sensación al parar. Las penurias de la ascensión, en la próxima crónica,
Alberto.
Queridos amigos:
Tampoco he descuidado del todo mi físico. No hacía en verano más que largos en nuestra piscina particular (a menudo no estábamos más que mi madre y yo), pero acabé con 1720 (ciento y muchos al día). Me encantaría tener la misma fuerza de voluntad, sin reposo ni tregua, que muestro para la actividad deportiva. Como dice el encabezamiento y es certísimo, “la práctica lleva a la perfección”. Todavía me queda un resto de orgullo pueril cuando intento seguir haciéndome sus veinte metros buceando y los consigo.
No obstante y a pesar de que mi apariencia continúa decente, me encuentro débil, quizá por la deficiencia y baja calidad crónica de mi sueño (y desde las malas noticias, léase fracasos, en Saber y Ganar y en la promoción interna, igual cabría el plural para la frase). Aun con todo, el primer partido oficial de la temporada de Yonmoñaco resultó fructífero, pues logré casi lo mismo que en toda la temporada pasada. Supongo que será un espejismo, pero marqué de rechace a uno de mis propios tiros un gol de ganas y asistí con la izquierda para que el siguiente más bajo del equipo cabeceara a las mallas.
Como de estatura acabo de hablar, acudí a una exposición de bonsáis, especialidad botánica por la que tengo debilidad, a causa de las evidentes analogías con mi persona, es decir, una especie completa y proporcionada, si bien a una escala diferente. Fue lo único bueno que dejó a España quien antecedió al presidente Aznar, claro que al lado de la más oceánica incuria del inútil de ahora, nos parece un estadista de talla internacional.
Enlazando con la política, como español me apena que los Juegos Olímpicos no hayan recalado en Madrid, puesto que habrían sido un magnífico escaparate de nuestra nación, mas como castigo al empecinamiento del “sube-tributos” (así, para basuras o uso de las instalaciones municipales) que tenemos por alcalde, no me entristece nada en absoluto.
Lejanos resuenan los ecos de nuestra victoria en el Europeo de baloncesto. Sobrepuestos a un inicio paupérrimo, sin unidad ni lucha ni concentración, fueron mejorando hasta apabullar a sus rivales. Llevando el agua a mi molino, representa en cierto modo un triunfo del liberalismo. Cuando se dejaron de rígidos esquemas tácticos en ataque y defensa, y ello implicaba desautorizar en público al entrenador (léase el Estado), la producción de los jugadores se multiplicó, al no tener trabas para perseguir sus incentivos, pues son perfectamente compatibles los individuales con los del grupo. Les acompañé en el recibimiento en Cibeles (hasta me cayó una banderola, con precisión milimétrica). No tenían buena cara y decían fundamentalmente estupideces, algo bien comprensible tras haber pasado la mañana con “los abominables” (el Borbón y el cejas).
Como voy de abuelo cebolleta, viene muy al caso recomendar “Up”, película de dibujos animados que presenta la redención de un anciano solitario y malhumorado a través de un chavalito escultista, quien a su vez pasa su prueba de madurez con las aventuras que comparten. Por resumir, mezcla de Gran Torino e Indiana Jones pasado por la Disney.
Vamos con los libros, tan largamente abandonados:
- “En el Balneario”, de Hermann Hesse: ya mayor y aquejado de ciática, pasó una temporada reposando en Baden Baden y apuntando todo lo que le acontecía. Como podía esperarse, es tremendamente aburrido, indigno de todo un Nobel.
"¡¡¡Ah, y no olviden vitaminarse y supermineralizarse!!!”
Alberto (el superratón).
Queridos amigos:
Vamos a apresurarnos, que comienza la cuarta crónica y no hemos caminado más que un día completo, bien duro, eso sí. Devoramos en media hora los tres kilómetros que nos separaban de Burguete en media hora, y lo pillamos desperezándose. Comenzó a lloviznar, y Antonio y yo (Ricardo se había ido en taxi para no agravar sus molestias locomotoras) con los ponchos sobre cuerpo y mochila semejábamos dos Quasimodos sin su Esmeralda (comparación “verídica”: de auto-flagelación, quejosa, tierna, pedante y verosímil). Espinal, el siguiente pueblo, destaca por sus casas solariegas a ambos lados de la carretera. La vista una vez subido el alto de Mezkiritz no difería mucho de Castilla y su panorama cerealista. En Viscarret hicimos parada y fonda, mas nos cobraron el quinto de cerveza y el pincho de tortilla a precios de la Milla de Oro. Pasó por allá el mito erótico de la primera mitad del Camino (en la segunda estábamos tan fundidos que hasta nos fatigaba pensar en eso): una valenciana morena “barely legal”.
El recorrido estaba peligroso, puesto que era por estrechos y empinados vericuetos (inexplicablemente los ciclistas se empeñaban en seguirlos, con el consiguiente peligro) a través de bosques de roble y boj, cuyo piso, formado por pizarras y cantos rodados, resbalaba a causa de la agüilla. Ya nos habíamos separado, y me había fijado como objetivo cazar a un senderista que volaba. Me costó tantísimo que hube de felicitarle por su velocidad: era un navarro prototípico, grande y noblote. Por si no habíamos subido bastante cuesta, restaba el alto de Erro, que consigue dejarte los riñones al jerez (hay que ascender inclinado) una vez pasado Lintzoáin. En Zubiri, localidad que hubiera sido destino de haber respetado la planificación (y una vez violada, barra libre), sucedió la jugada tonta de la semana: me fui a por una cervecita (único motivo que justifica el hacer más trecho) mientras aguardaba a Antonio, al lado del puente, y nos estuvimos llamando mutuamente varias veces cuando estábamos a la vuelta de la esquina. En fin…
Decidimos, y así se lo comunicamos a Ricardo, que pararíamos en Larrasoaña, y hete aquí que llego y me pongo como siempre a lavar en una fuente camiseta y calzoncillos (hay que maniobrar un poco para quitárselos con las botas puestas) y a tenderlos enfrente del albergue. Antonio llega a su marcheta, pregunta a qué hora lo abren y “sugiere imperativamente” proseguir algunos kilómetros más “para aprovechar el tiempo”. Me enfadé bastante, por cuestiones logísticas (es engorroso llevarlo encima con los imperdibles), que no físicas, y enfurruñado dije “¿No querías taza? Pues taza y media”. Apreté el paso con Ricardo, que estaba descansado, para vengarme (tanto que acabé dejando de rueda al pobre Ricardo, quien no había intervenido en la discusión).
Cruzamos una fábrica de magnesitas, por donde pululan sin control los peregrinos, y una zona de ocio junto al río, que tentaba al descanso como las sirenas a los tripulantes en la Odisea. No habían concluido las ascensiones, y las de justo al final de la etapa, imprevistas, se cogen ya con muy pocas ganas. Tras 37,66 kilómetros llegamos a Trinidad de Arre, a un establecimiento regentado por Hermanos Maristas, con inagotable vocación de servicio. La comida en grupo en la contigua Villava zanjó la trifulca previa. Este sitio está plagado de banderas independentistas, lo que prueba que no ha fracasado del todo la inoculación del virus del nacionalismo en Navarra.
Por fin hemos adecuado la duración del escrito a nuestro paso. En quince días más,
Alberto.
Queridos amigos:
“Tú y yo lo sabíamos”: Georgie Dann. Soy consciente de que dice poco de Huesca contratar a un septuagenario trasnochado, con mala voz, siempre el mismo ritmo y una puesta en escena cuando menos discutible, pero lo que prima es ofrecer lo que el público demanda, y en esto lo borda. Desplegó sus grandes éxitos (toca alzar el cartelillo de “superjits”): “El negro no puede”, “Mami, ¿qué será lo que quiere el negro?” (si es que los de color dan para una variadísima temática) y “El chiringuito”, coreados clamorosamente por la multitud. El momento culminante llegó con “La barbacoa”. La letra no es de Schiller (el de la Oda a la Alegría, de la Novena de Beethoven), pues incluye para repetir “el chorizo parrillero / las salchichas a la brasa / las chuletas de cordero / y ese vino de garrafa”. En resumen, cantante y lugar ideales para disfrutar haciendo el melón, equiparándolo burlescamente con artistas de verdad.
Cierto es que la música no ha deparado grandes momentos, por reiterada y sin alma. Sólo se salvaron de la quema “Generation”, de Bob Sinclair”, “Grande Diego: Maradó”, del Potro Rodrigo, y por supuestísimo, “Viva la Vida”, de Coldplay (la canción del triplete: se nos identificaba sin dudar a los barcelonistas por levantar índice, corazón y anular, ya que el “chorreo” cuenta menos; por cierto, ya tenemos pulgar y meñique ocupados con las Supercopas, luego, parafraseando a Felipe II, nos van a faltar dedos).
Los comentarios más recurrentes se han referido al “reloj biológico” y a la pirámide demográfica perdida por el lado femenino (traducción al pedantino de “¿Dónde están las tías de nuestra edad?). La demostración más palpable se encuentra en las chicas de Torres: paulatina y sucesivamente se han casado y están dando ya a luz a sus retoños.
Con la casualidad de la reposición durante esa mismísima semana de las malhadadas grabaciones de los Magníficos (sufro todavía al recordarlo) y de la entrevista del suplemento del Diario del Altoaragón del domingo siguiente, me han reconocido mucho (http://www.diariodelaltoaragon.es/SuplementosNoticiasDetalle.aspx?Sup=1&Id=585675), gente del más variado pelaje. Al Tío Piñero le preguntó una “jipa” (la aceptamos como animal de compañía) cómo sabía tanto (extrañeza excesiva) y él le espetó “Unos entienden de cuadros y otros entendéis de porros”, con un par. Y es que en ocasiones me he sentido como un monito de feria y, lo que es peor y tan literal como en “Dama, dama”, la canción de Cecilia, el muerto en el entierro. Falleció un pariente de alguien del pueblo, fui al cementerio y ¡se paraban a saludarme! (situación para nada cómoda).
No finalizó aquí la fiesta: en Abiego asistimos a un concierto por lo menos en sánscrito, puesto que la cantante no vocalizaba en ninguna otra lengua reconocible de nuestro ámbito indoeuropeo. Aun sin francachela, Torres de Montes en vacaciones despliega pequeños o grandes placeres, como poderte quedar “charrando” (sustitúyase la segunda erre por una ele para poder comprenderlo) con tus padres o algún amigo hasta entrada cumplidamente la madrugada, comerte tres platos de una exquisita “fritada” (verduras variadas y un toque de bonito) o contemplar estrellas fugaces (que van a andar muy atareadas para poder cumplir tantos deseos como formulamos) mientras contamos chistes hasta llorar de risa en el Peñón. Es lógico que me diera tanta penica marchar.
El título se opone al tradicional “Pre-laurentis” (denominación de las actividades del programa de fiestas en las vísperas, ahora llamado “Pórtico Laurentino”),
Alberto.
Queridos amigos:
Llegué a tiempo de que las prendas que había tendido no se mojaran, pero el cabezacuadrada del hospitalero holandés no consintió en abrir antes de la hora marcada y nos tuvo a los peregrinos a la intemperie. En concreto, Ricardo y yo hubimos de guarecernos bajo un poncho a modo de tienda de campaña improvisada (e insuficiente). Antonio, con flema, se encargaba de guardarnos el sitio en la cafetería. Instaladas las 120 personas, el recinto era lo que vulgarmente se conoce como una “merienda de negros”: la actividad era caótica, a los escasísimos baños tenías que entrar en piragua, todas las prendas estaban tendidas, al girarte te chocabas con el de al lado… En fin, que los ánimos no estaban altos, por la incertidumbre sobre si la ropa se secaría o no (por segunda vez), la impotencia ante el “jarreo”, los dolores en el abductor y la ingle izquierdos, el desconocimiento de la climatología de mañana y la soledad a la hora de examinar las eventuales dificultades para afrontar el día siguiente. Negro panorama.
Sin embargo, en cuanto llegas a la colegiata, te das cuenta de por qué has venido. Es un edificio especial, con arquitectura catedralicia burgalesa y vidrieras leonesas (la expresión inequívocamente moderna de los rostros las delata como recientes): gótico primitivo en versión reducida. Lamentablemente, no pudimos ver los edificios anexos, que contienen el sepulcro de Sancho el Fuerte y las cadenas tomadas a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), insertas en el escudo de Navarra y, con ello, en la enseña nacional. Aunque la capacidad del templo es reducida, el ambiente es mágico. Al concluir la eucaristía, quedó a oscuras toda la iglesia, a excepción de la imagen de Santa María de Roncesvalles bajo un original y tardío baldaquino de hierro, y los sacerdotes presentes entonaron la Salve en latín. Huelga decir que para mí ese instante fue emocionante a más no poder y quedará grabado a fuego en la memoria.
Al volver al albergue, parecía tener lugar una convención de telefonía móvil, puesto que en cada enchufe disponible había un celular cargándose. Dejas un huevo, incluso de gallina clueca (o de gallo en su ponedero, que tanto da), y sale en medio minuto un pollo con dos cabezas y tres alas. En el restaurante nos sentaron en mesas grandes conforme aparecíamos, con un menú de rancho: espirales de pasta con tomate y trucha.
A pesar de ello, el gremio de friegaplatos y la asociación de gatos elevaron sendas quejas por lo limpia que dejamos la vajilla; como dice El Quijote, “el hambre es la mejor de las salsas”. Los ronquidos nocturnos eran abrumadores: ni la filarmónica de Berlín y la de Viena juntas poseen mayor repertorio de instrumentos. Los servicios estaban casi en el pueblo de al lado y la gente luchaba como Corea del Norte (a falta de armas nucleares, empleaban las químicas y bacteriológicas). No son condiciones para descansar de una etapa en la que hay que salvar un desnivel de alrededor de 1200 metros (en llano equivaldría a un porrón de kilómetros más). A mayor abundamiento en la precariedad, había peregrinos levantados a las 4:45, aun conscientes de la prohibición de salir hasta las 6:00. La vertiente agradable eran las muchas extranjeras, y ya se sabe que en la novedad radica el gusto. Bien alimentados con el desayuno comprado el día anterior, a esa hora estábamos como los cerdos salvajes de la película Aníbal, que no veían el momento de engullir al simpático doctor Lecter. Piafantes (propio de caballos, por emplear un símil más elegante), partimos en estampida, desafiando el pronóstico del tiempo (daban lluvias los de meteorología), pero ya será objeto de otra crónica.
Alberto.
Queridos amigos:
Lo dejábamos a media tarde del día 9 de agosto, en el que, extrañamente, el “bibliotecario” nos vio poco (apuntillar “el pelo” sería zaherir). El tiempo volaba, y decidimos ir a tomar unas sidras, que fueron amenizadas por un cuadro flamenco: vinieron guitarras y gitanas que leían la mano; el resto lo pusimos nosotros, incluyendo artistas-revelación en las palmas y el baile, que parecían salidos de la misma Chipiona.
Doce horas después de haber salido, regresamos cansados al pueblo, para regresar una vez duchados y reposados. Cito otra vez a mi hermano, que en esto de la fiesta (y en más ámbitos) es una eminencia: “día que no sales, día que pasa” (y el “tiriquitrón” de la mañana es digno de recuerdo). Del resto de días, destaca una cena en un restaurante italiano, presidida por un ambiente excepcional. Allí es donde los conceptos de “buena gente” y “de los de toda la vida” cobran su significado más pleno. Obligatorio es el paso por el Alt Berlín, muy bien atendidos por nuestras amigas Poyeya y la negrita. Al final de la noche, se acaba en el recinto de las peñas, y casi inveteradamente nos da el alba.
Punto de encuentro obligado que había omitido previamente es la Plaza de los Fueros de Aragón (lo consigno porque nadie conoce su nombre real), donde “se cogen capazos a capazos” (para entender esta frase, preguntad a alguien de la provincia, pues ante tal versatilidad de una sola palabra hay que mantener su misterio bien guardadito).
Otro ágape de relumbrón es el de casa de mis tíos del día 10, el del patrón. Me privó de presenciar a unos imitadores de Queen, pero las reuniones familiares son sacratísimas.
El leve refrigerio, “especial” para celíacos y diabéticos, consistió en langostinos, tostas de paté a las finas hierbas y salmón con mantequilla, jamón serrano, empanada de bonito, queso manchego y de oveja acompañado de nueces (gran acierto), pudin de marisco, champiñones a la plancha, tomate de la huerta espolvoreado con ajo, pimiento asado, espárragos con vinagre de Módena, crema de calabacín, bacalao en salsa de tomate, ternasco al horno, Lágrima de San Lorenzo (postre preparado únicamente esta semana por la pastelería Vilas), suflé (del mismo establecimiento), melocotón con vino, flan de café y melón (no hay que descuidar la línea), regado todo ello con caldos aragoneses (Cariñena y Somontano), cava Anna de Codorníu y el sin igual “vino viejo”.
Ya que de comida hablamos, toca relatar el restaurante chino (Cochino o Cudeiro; ¿de verdad os creéis que en esos pictogramas pone “Gran Muralla” o cursilerías por el estilo?). Al principio nos metieron en un reservado, porque cabíamos justos, pero la psicosis se inició cuando cerraron la puerta por fuera y se desató cuando algún provocador (o inconsciente) preguntó “¿De dónde sacan pues la “Familia Feliz”?”, así que salimos en tromba al comedor compartido. Empleé los palillos de remover la sangría a modo de baquetas, más feliz que una perdiz, en la actuación estelar oscense.
Voy a incluir un libro “de temporada”, pues este fenomenal evento merece más espacio:
- “A Midsummer Night’s Dream”, de William Shakespeare: el travieso duende Puck emplea a discreción un elixir que provoca que quienes están dormidos se enamoren perdidamente de la primera persona a la que vean cuando despierten. Una desastrosa compañía de comediantes completa el despropósito en la obra.
“No se vayan todavía, aún hay más”, que diría Elmer,
Alberto.
Queridos amigos:
San Juan de Pie de Puerto tiene su nítido componente vasco, en el buen sentido: respeto a las tradiciones (por ejemplo, el frontón para pelota y cesta-punta) y conservación del lenguaje o tipografía, mas sin las evidentes contaminaciones políticas de las provincias vascongadas. ¿Es por esto que ellos, los de este área, son menos vascos? Pues no, sino que nosotros somos menos Estado que el galo y requetememos de purito tolerantes.
Compartían cuarto con nosotros tres veinteañeras alemanas de buen ver, con lo que al unísono propusimos cerrar con llave por dentro y que si tenía que intervenir la Gendarmería, allá los esperaríamos. Afortunadamente, entre que nosotros nos acostamos tarde y ellas se levantaron pronto, este plan se frustró. Llevamos página y media y aún no hemos dado un paso… pues bien, los primeros cinco kilómetros, hasta Huntto son lo más empinado que he vivido en mi dilatada experiencia como caminante.
A pesar de partir al alba, con brisa fresca, en la primera parada, un refugio donde resellamos, puesto que teníamos miedo de que el cuño del hotel no acreditase suficientemente que habíamos cruzado los Pirineos, hecho que da preferencia a la hora de alojarse en Roncesvalles, estábamos sudando por poros de nuestra piel largamente obstruidos. La siguiente parte, hasta Orisson, aun pendiente, afloja un poco (no había otro remedio, salvo en “Autopista hacia el cielo”). Allá en las alturas trabamos amistad con dos madrileños recién licenciados de INEF, lo que les aseguraba una holgada preparación. El paisaje pirenaico es absolutamente espectacular, grandioso, magnífico, del que puede afirmarse con seguridad que las vistas de la cima compensan de sobra las penurias del ascenso. Los Pirineos se cruzan por el col de Bentartea (1344 metros sobre el nivel del mar) y el collado de Lepoeder (1430 metros), conformando la mayor altitud del Camino y, por ende, lo más duro en cuestión de cuestas. Entre medias, cerca de la cruz Thibault, pastaban ovejas lanudas con cuernos (y no estoy mezclando las churras con las merinas). La vereda queda en plena ladera, y deja hacia abajo unos hayedos inclinados. El cadáver de un rumiante en mitad del sendero deja premoniciones algo sombrías. En cambio, la fuente de Roldán, fresquísima, repara el cuerpo como la mejor medicina. Tras el monolito que señala la frontera, me arrodillé para besar la bendita tierra de España, de la que llevaba ausente quince largas horas (por primera vez desde 2005). Aunque discrepan los historiadores, esta zona fue escenario de una batalla en el siglo VIII entre la retaguardia del ejército carolingio y la población autóctona, lo cual sirvió de inspiración para la Chanson de Roland, con los usuales ornatos y licencias.
En la bifurcación que presenta el descenso, escogí la parte más arriesgada, por el sufrimiento para rodillas y tobillos y el peligro de caídas, decisión bien poco sensata. Habitualmente no porto palo, luego hube de proveerme de uno, y el asunto no es tan sencillo, pues tienen que aunar unos mínimos de longitud, rectitud, resistencia y grosor. Una vez concluidos los 24,96 engañosos kilómetros de esta etapa, el sistema del albergue es lioso, pues hay que abonarlo en una oficina previamente y no abre hasta la tarde. Hice un poquito de gimnasia, lavé la ropa y esperé a Antonio y a Ricardo, que no tardaron. Se puede comerciar con todo, incluso con los espárragos de la comida, para que luego digan que el mercado no es eficiente. Estábamos tomando el postre cuando comenzaron a cernirse negros nubarrones sobre Roncesvalles, y, sin solución de continuidad, descargó una fuerte tormenta de granizo sobre este pueblo sin casas.
Lo dejamos conmigo corriendo los cuarenta metros chancla, una mezcla entre Usain Bolt y la carrera de sarasas con tacones de las fiestas del Orgullo Gay…
Alberto.
Queridos amigos:
Ya he acabado de confeccionar las crónicas del Camino. Contienen numerosos incisos que os pueden parecer superfluos, pero van enfocados a algunos de los destinatarios, quienes espero que sepan apreciar estos recónditos guiños. Las he redactado casi del tirón, para que no adolezcan de falta de unidad de formal, si bien os las ofreceré cada dos semanas, siempre y cuando tenga cosas que contar, que no siempre resulta sencillo. Afortunadamente, la estancia en Torres de Montes da para bastante entretenimiento.
El primer acontecimiento digno de mención fue el arbitraje de un partido amistoso de nuestros chavales contra los de Antillón (a siete kilómetros). Mi hermano me ayudó, y se estrenó este año, pues con Yonmoñaco se ha escaqueado habilísimamente toda la temporada. No influyó en el resultado: 11-0 para los otros, y eso que en Torres jugaba uno de trece que seguro que tenía ya el “silbato” más grande que el entrenador. A Pablo, el hijo mayor de mi primo, le dieron pocos minutos, suficientes para la entrada más escalofriante del encuentro: con los dos pies por delante, cerca de la banda y protestando. Cuando éramos críos, existía la figura del “torroquero”, con vía libre para “cosechar” al contrario. Los de Antillón apuntan maneras; estoy convencido que de Torres no saldrá el próximo Ibrahimovic (al menos no rehúyen follón fuera del campo). Su hermano pequeño tiene la agradable manía de llamarme “Alberto Contador” cada vez que me ve. Yo le saludo con “Diego Maradona” (increíble que de pequeño me apodasen así; porque me gustaba, no por mis habilidades futbolísticas), aunque espero que no adquiera sus “polvorientas” costumbres, sino unas significativamente más sanas.
¿Cómo empezar a describir el “chupinazo” de las fiestas de San Lorenzo? Unas fotos, que acabarán siendo colgadas, hablarían por sí solas. Es un canto a la fiesta, al jolgorio, al disfrute, al desenfreno. Mi hermano me dio a la vez la respuesta y la incógnita: “eso hay que vivirlo”. Para ello ayuda mucho ser de Huesca o provincia y, en su defecto, el alcohol, un atajo para la interactuación y la integración. Sobra decir que muchísimas veces se combinan. Comienza saliendo prontito de Torres, con las fotos de rigor de las prendas impolutas. Luego toca el almuerzo (plato único y general: huevos, chorizo, longaniza y patatas), al aire libre preferentemente. Tampoco llovió, pues había caído una fuerte tormenta la víspera. El amarillófobo que el año pasado pringó de salsa de tomate los baños, éste decidió rociar de vino hasta los techos. Me gustaría que al año que viene lo pillaran, que se iba a enterar de lo que vale un peine, y no precisamente de los de “Todo a Cien”. Al ser domingo, no pudimos preparar “quimicados”, es decir, disparatadas mezclas de licores que casi es mejor echárselas por encima y mancharse.
El lanzamiento del cohete en la Plaza de la Catedral precede a la repetición de la tonadilla laurentina, el remojón por los bomberos y una contienda de camisetas mojadas (lanzadas, no puestas; ¿qué os pensabais?) que casi acaba en disgusto, pues rompieron un cristal del Coreano, el bar donde estábamos refugiados. A continuación, se baja por el Coso, donde padres y niños disfrutan contemplando el lamentable espectáculo de mugre y embriaguez (que haya carrozas y pancartas de las peñas es sólo el pretexto). La siguiente parada obligada es la “plaza del Navas”, circundada por barras de bar, vertederos de amor, que nos acogió buena parte de la mediodía y tarde de este día 9.
Una verdadera pena que acabe tan pronto el folio,
Alberto.
Queridos amigos:
Por fin llegan las por muchos temidas crónicas del Camino. Tan natural e inevitable como las estaciones, año tras año emprendemos la ruta, pues tenemos una cita con la más legendaria amante de todos los tiempos, con la cual todo hombre con aspiraciones desea encamarse: la Historia. Más de mil años contemplan esta búsqueda, que no tiene exclusivamente un destino geográfico, sino que se compone de infinidad de historias, no precisamente pequeñas, personales y colectivas, de gozo y de dolor, santas y pecadoras.
Me sirve el primer milagro fechado en el Camino, precisamente en esta primera etapa, durante la cual cuarenta y tres caballeros leoneses profesaron juramento de amistad y sólo uno no lo quebrantó, por lo que fue llevado por el Apóstol a Santiago, para presentar a mis acompañantes en esta singladura. Se apuntó como novedad Ricardo, de Torres de Montes, cuya simpatía, arte culinario y sociabilidad no conocen límites, y por supuesto Antonio (su segundo apellido, Sansigre, os sonará a buen seguro más familiar). Sin ellos, esto no hubiese sido posible. La fidelidad de Toni es a prueba de bombas, esto es de impertinencias, de prisas, de ansias y de vanidades, todo ello por mi parte, claro está. Es paciente, sufrido y batallador; ameno, culto y divertido; agradable, reflexivo y atento. Antes de que se sonroje, de que Ricardo tenga celos y de que vosotros empecéis a pensar mal, concluyo reiterando la excelencia ininterrumpida de ambos compañeros.
La elección del trayecto de este año trae causa de querer completar los dos ramales principales de entrada en España de la Ruta Jacobea (aquí está traído con adecuado motivo el galicismo) y que confluyen en Puente La Reina. El aragonés, que se interna en Huesca por Somport, ya fue recorrido en 2005, pero el cambio de la regulación contable de las entidades de crédito impidió que fuese narrado. Originariamente, la vía navarra era secundaria, mas la construcción de un hospital para peregrinos en el siglo XII fue dando renombre a este paso alternativo y la afluencia se revirtió en su favor.
Dada mi querencia televisiva, el principio ha de ser un programa: “Sequía de Estrellas”, por el cual me metí en el baño del Banco de España con una indumentaria laboral y salí asimilable a un pobre de solemnidad, puesto que nada más acabar de trabajar, habíamos de coger un autobús hasta Soria y Pamplona. Esta vez Antonio no se confundió y el viaje transcurrió (anormalmente) sin anomalías. Es más, nos hicimos con toda la prensa deportiva, aplicando el concepto jurídico de “res nullius”, quizás con algo de celeridad.
Ricardo no faltó a su cita y nos estaba esperando en la estación. Tomamos un taxi conducido por un oriundo de la tierra, un auténtico animalote, bien alegre, pues sólo así cabe calificar a quien hace bromas sin complejos sobre el (reducido) tamaño de su pene o la (escasa) frecuencia de sus coitos. Hora y media y noventa euros en total después, llegamos a San Juan de Pie de Puerto. He de confesar que entre los desniveles y lo revirado de la carretera, estaba bastante asustado con lo que se nos avecinaba. Esta localidad francesa había entrado en mi mollera desde “Zalacaín el Aventurero”, de Pío Baroja, como punto de partida del contrabando fronterizo de la zona. Además, este tramo es conocido también como la “ruta de Napoleón”, ya que fue usado por las tropas del emperador corso para invadirnos en 1808. Amurallada, conserva un puente romano.
Hasta la siguiente, que promete polémica desde el inicio,
Alberto.
Queridos amigos:
Antes de que otoño sea indudable en sus señales, proseguiré con temas veraniegos. Siempre me he quejado de la dificultad que representa la falta de material a la hora de “cronicar” (verbo inexistente al que me estoy aficionando), luego ahora que abunda, no lo voy a desaprovechar, como aconsejaría cualquier curso de homilética profana. Además, en breve voy a intercalar las del Camino, serie que se prevé profusa. El título corresponde a mi propósito pre-vacacional: “será batido por las olas, pero no se hundirá” (es el lema de la ciudad de París, por la corporación de barqueros del río Sena).
Entre los ecos nojeños, ha subsistido todo el verano la pelea con mi madre con la comida. Como el sudario de Penélope, lo que hilaba con el deporte lo destejía en la mesa, y es que es muy difícil resistirse a la ventresca de bonito, a las migas de bacalao o al rape con almendras. He de confesar también que practico el baño nudista, porque es una playa amplísima, y entre semana menos concurrida. Pecando matizadamente de soberbio, Miguel Ángel debió de esculpir su David recién salido de las aguas del Cantábrico: con una figura apolínea, pero con la “cosa” como una avellanita…
Me hacía mucha gracia escuchar a los niños vascos llamar al “aitite”, porque me parecía raro que estuviesen tan obsesionados con un pegamento de alta adherencia. Cuando te das cuenta de que llaman a su abuelo, lo comprendes del tirón. Cantabria tiene la gran ventaja de librarse por la humedad de la noticia más triste de todos los veranos: los incendios (muchos provocados). Es profundamente desolador contemplar las llamas, la pérdida de vida que acarrean y el erial que dejan cuando por fin son extinguidos.
A la vuelta, paré en Laredo, porque, en prevención de atascos, había llegado con bastante antelación. Esta villa rebosa mar por todas partes: hasta las baldosas sugieren olas. Es más ciudad que pueblo, y en su playa de La Salvé se dan cita miles de bañistas.
Cuento ahora, saltando el orden cronológico, un evento de finales de agosto, por si queréis aprovechar que está todavía en Madrid: el Circo Acrobático Nacional Chino. Tomando como hilo conductor los sueños de una niña en un bosque, realizan toda suerte de malabares, acrobacias y gimnasia. Te dejan impactado por la precisión y coordinación que exige cada número. Los pequeños errores, inevitables, hacen más palpable el mérito de las actuaciones. El entrenamiento que soportan los chinitos debe ser inimaginable. Como curiosidad, supongo que concurrieron todos los niños chinos adoptados, a tenor del aspecto occidental de los padres. Son gente disciplinada estos orientales; siempre digo que si pudiesen llegar a la luna poniendo un amarillo encima de otro, llegarían. ¿Por qué comen con palillos? Con cubiertos les parece demasiado fácil.
Es muy osado esto de la cultura; ¡menudo atrevimiento bajar a la playa con un libro! (y con dos ni te cuento, si bien éstos fueron leídos hace ya la friolera de tres años):
- “Siete de Julio (Episodios Nacionales 15)”, de Benito Pérez Galdós: la fecha corresponde al año 1822, cuando la Guardia Real (los guardias de corps de toda la vida), de tendencia absolutista, trata de ocupar la capital y son rechazados por la Milicia Nacional, cuerpo ya extinto, de carácter liberal. Como en Marianela, hay escenas de ciegos y de amores tan callados como no correspondidos.
- “Los Cuentos Oscuros”, de Orson Scott Card: compuesto de Negligencia, Alvin y El Juego de Ender, este último tiene un planteamiento brillante. En un entorno amenazante para la Humanidad, el futuro reside en adiestrar a niños para luchar.
La semana que viene sin falta comienzan las andanzas,
Alberto.
Queridos amigos:
El veranito es muy malo para esto de la tele. Lo que seguía (Física o Química y Fama) ha terminado o ha cambiado. He de admitir que mi criterio, como el de la pista central de Wimbledon, es sexista. Tendrían mucho menor interés si no estuvieran Blanca Romero (cuyo nombre artístico es La Perra) o Vicky, Ariadna y Eli (sin tapujos ella…). Reconozco también que no estoy dentro del público-diana, más bien adolescente, pero si el propósito de este medio es una desconexión total con la realidad, bien está ver unos bachilleres tan ficticios como diferentes a los lasalianos o admirar pasos y coreografías que jamás conseguiré practicar. Por ello, ambos programas me pasman. Ahora pues lo que toca es ver anuncios “retro”, que están de moda, sobre todo los de Bud Spencer y Chiquito de la Calzada (un astro del humor), que logran que se recuerde el producto.
Para no quejarse de la televisión, lo mejor es participar, y aquí toca narrar mi enésimo descalabro. Me llamaron para “Arriésgalo Todo”, un programa que quizá saque Telecinco. Se ignora (y no es por ocultarlo) cuándo e incluso si será emitido. Consiste en siete preguntas con cuatro comodines (uno de pasar pregunta con la pérdida de la mitad de lo acumulado y tres de repartirlo entre varias opciones, cuyo número es creciente a medida que avanza el juego). Pedían acompañantes, que siempre están en plano y además intervienen, sin colaborar, y llevé a mi hermano y a mi amigo Sansigre. Los temas, cuya temática es muy variopinta, son presentados al principio y puedes elegir el orden. La táctica más adecuada es la conservadora, empleando las ayudas y dejando para el final los bloques en los que te sientas más fuerte (al principio las probabilidades de acertar son mayores, porque hay menos respuestas posibles). Lo que penaliza (y elimina) es el fallo. La primera versaba sobre el lenguaje de los abanicos (primer comodín), la segunda sobre el nombre del caballo del mago Gandalf (segundo comodín), la tercera sobre la hija menor de Obama (el de dejar de contestar), la cuarta sobre filosofía (la autoría de “Pienso, luego existo” no se le escapa a nadie), la quinta sobre Estados Unidos (me dieron un elenco de siete nombres, todos ignotos para mí, lo que en un principio no es corriente, y había de identificar al que no fue uno de los “Founding Fathers”, esto es, firmantes de la Declaración de Independencia o redactores de la Constitución Americana; obviamente empleé el tercer y último comodín). Tenía que dar una respuesta única a lo que quedaba: sencilla fue la sexta cuestión (el significado del encabezamiento: “quieras o no”) y más peliaguda la séptima (había llegado con 13.000 euros potenciales y restaba Geografía). Querían saber cuál de los países de la lista tenía menos kilómetros de costa. Eran territorios o bien minúsculos o bien algo mayores pero cuyo litoral era reducido. Chocaba Siria, al que no le asociaba ni salida al mar ni puerto de relevancia alguno, luego erróneamente lo creí de interior y aposté por ello. Aunque Israel sea largo y encima tenga al Líbano, sí que da al Mar Mediterráneo, luego otra vez a casa con cara de canelo, es decir, de pedante perdedor.
Como las malas noticias nunca vienen solas, os comunico también mi suspenso en el examen de promoción interna, cuyas notas se han demorado más de dos meses. Haber depositado energías y esperanzas y no ver recompensa resulta duro, pero ya no existe remedio hasta que lo vuelvan a convocar. Os parecerá que ante este aluvión de desdichas, estoy a punto de hacerme el harakiri, mas, como dice mi padre “¡Quién llorara por tus ojos!”, así que lo que haré será prepararme un daiquiri (mejor, ¿no?).
Os espero a la vuelta del verano,
Alberto.
Queridos amigos:
Hace medio mes que estuve en Noja, pero como aún no se me ha ido el moreno, sigo legitimado para escribir sobre ello. Te das cuenta que necesitas empezar a usar un champú anti-caída cuando notas que te estás bronceando el cuero cabelludo. En fin…
Las mini-vacaciones comenzaron de manera malhadada. Sabéis que considero al DIA un templo de la distribución mundial y que confío ciegamente en la calidad de sus productos. Adquirimos en invierno una maleta por nueve euros, con la sorpresa de que venía con otra dentro (buena compra, al parecer). Pues bien, salí de casa con normalidad y a mitad de trayecto al Banco de España, noté que estaba sudadísimo. Miré abajo, y ya se había caído una rueda. Llegué extenuado, y descubrí que la otra rueda también había decidido independizarse. Comentándolo con mi hermano, no acordamos si se debía a que el neumático no había alcanzado la temperatura suficiente o tenía problemas de “graining”. Me estaba imaginando yo un Fórmula 1 patrocinado por esta cadena de supermercados que entrara a repostar y pretendiera salir a pista sólo con el chasis.
La (mi) vida en esta localidad es monacal, cenobítica, anacorética. Me dedico a intentar continuar con el programa deportivo, en la medida que la atmósfera lo permite (lo diferencial es llover): Trengandín arriba y abajo corriendo y andando, nadar en la piscinita de la urbanización, carrera hasta el circuito y algunos (escasos) ejercicios de musculación. Cuesta mucho, porque es agresivo hacerlo descalzo, y surgen dolores de pierna y de espalda; por eso admiro tanto a la gente que procura conservarse de anuncio.
Después de evitar el desfile del Orgullo, en Cantabria tomaron el relevo dos chiquitas de catorce o quince años que se comportaban (y no las censuro) como en pleno Chueca. Por contrastar con algo más espiritual y calmo, una de mis aficiones era pasear después de cenar hasta unos acantilados y allá ver salir la luna, que esa semana era llena. Aun entre las nubes y tinieblas, por los resquicios conseguía rielar en el mar. A la biblio-playa ni siquiera acudí, puesto que del sobeteo, la prensa alcanza dos veces su peso específico al final del día, “lo que se pretendía probar” (título de la presente crónica).
La principal, aunque no la única, de las lecturas esta semana merece más espacio:
- “Rayuela”, de Julio Cortázar: el propio autor lo divide, porque le debían de reventar las novelas que se leen del principio al final, en un cuerpo principal (a su vez desarrollado en París y Buenos Aires) y capítulos prescindibles, si bien personalmente consideraría como superfluas las interminables (e insufribles) discusiones sobre filosofía ontológica y de la percepción. Lo leí primero en el orden tradicional y luego alternando los materiales complementarios, que aportan algo a la comprensión del texto, según el tablero de dirección. Resultan pintorescos los tiempos verbales conforme a los usos del cono sur, el capítulo en glíglico (idioma inventado), el capítulo interlineado (una línea para cada hilo), el añadido de la hache (cuando está de un ánimo alterado), la preciosa descripción de un beso, una escena en el manicomio y los abundantes términos y frases en inglés y francés (había sido traductor profesional). La trama no es prioritaria, sino el escenario para los personajes. Así, el protagonista tiene marcada tendencia a meterse en triángulos amorosos y ser infeliz en cualquier parte.
Una más antes del Camino,
Alberto.
Queridos amigos:
El título de esta crónica quiere decir que “cada obra tiene su destino”, es decir, que tiene significado o fin en la medida de la capacidad de recepción de los destinatarios. Como siempre mantengo que para que te guste Raphael has de tener “el alma grande”, aquí va.
Ante un artista como no ha habido otro en la historia de España ni lo habrá, se agotan los calificativos, luego, para no repetir tanto “ísimo”, os diré que Raphael es superlativo. Junio tocaba a su fin, y me encaminada a su concierto de Madrid, por sus cincuenta “primeros” años en el mundo de la canción, incluso sin entrada, de puras ganas, por derecho de fanático. Volví a por ella, pues los taquilleros no suelen atender a razones sentimentales. En la explanada frente a la Monumental de las Ventas del Espíritu Santo, con sólo dos puertas en funcionamiento, las colas para entrar eran kilométricas y se disponían con poco orden, retorcidas como rabo de cochino. Cuando por fin accedí, un ligero vientecillo hacía ondear las banderas de la plaza. Mi localidad, aunque mejorable, no estaba colocada en mal ángulo, si bien estaba junto a un vomitorio, en el que hube de poner orden, por la incesante cháchara de los sanitarios. Cuando el sol caía sobre el horizonte madrileño, salió la estrella que iluminaría el firmamento las tres próximas horas (y cinco minutos). Como los grandes matadores, rompió el coso con “Dicen que somos dos locos de amor”, seguido de “Provocación”. Quien no estuviera entregado, se rindió definitiva e incondicionalmente. Si hubiésemos de asignarle una posición en un campo de fútbol, sería la de “todocampista”. Puede ser tan rotundo como intimista, y tan vibrante como delicado. En el capítulo de colaboraciones, no debía de haber cenado, porque se merendó a Miguel Bosé, Dani Martín, Ana Torroja, Manuel Martos y Ana Belén & Víctor Manuel (a éste se le olvidó la letra; es lo que tiene la secta de la “zêja”, que de tanto maquinar por destruir a España, al catolicismo y a la libertad, no les da para más). En cambio, me agradó sobremanera el desparpajo de David Bisbal (y los volteos de micro, heredados de su Chenoa) en “Escándalo” y, por supuesto, Alaska en “No puedo quitar mis ojos de ti”. Se lució con su tradicional “Frente al espejo”, al que hizo añicos, “¿Qué sabe nadie?”, autorreivindicativo, y “Maravilloso Corazón” y “Estar enamorado es”, coreados por el público. La piel de gallina se me puso cerca de cuarenta veces, pero particularmente con las apariciones de las difuntas Rocío Dúrcal (“¡Cómo han pasado los años!”) y doña Rocío Jurado (“Como yo te amo”), en muy meritorios duetos, con su voz y sus imágenes. No podía terminar con otro tema diferente a “Yo soy aquel”. En suma, no se puede ser más genial: maestro, que cumplas muchos más…
A toro pasado, me congratulo del exitazo electoral de mi sugerencia: el voto en blanco o nulo pasó del 0,61% al 1,41%. A este paso, si sigue creciendo exponencialmente, llegaremos a dar guerra. Me llamaron mucho la atención los seis votos de Extremadura Unida en la provincia de Huesca. En el total del territorio nacional sacaron más de 6000 votos, y lo curioso es que en su región no pasaron de 1500. A ver quién me lo explica…
Concluyo con la muesca literaria:
- “Much ado about nothing”, de William Shakespeare: el precioso título en castellano es “Mucho ruido y pocas nueces”. Habla de la confianza entre los amantes, de las cruentas rencillas de sangre y de que los que proclaman que jamás se van a enamorar son los que quedan más liados en las redes de Cupido.
Con muchísimo afecto,
Alberto.
Queridos amigos:
Pues sí, toca hablar del triplete. Quienes me conocéis bien, sabéis que mi furibundia culé, quizá menos exteriorizada que antaño, no mengua. Pensaba que el placer de ver jugar al fútbol nunca iba a ser el del “Dream Team”, pero lo han conseguido. La sensación de apisonar y la seguridad en la victoria, superados los titubeos del arranque, han sido absolutas. La fidelidad a la propuesta del entrenador, quien ha conseguido revertir la mentalidad del grupo, ha llevado al éxito. Los roles estaban repartidos, y todo el mundo los ha aceptado. No es cuestión de figuras, que las había, o de obreros, que también, sino de tomar conciencia de que si atacaban todos y defendían todos, siempre iban a tener superioridad numérica. El talento nunca sobra y, por eso, tener a Xavi, Messi e Iniesta jugando juntos y compenetrados es un lujo tremendo (título: “arte es ocultar el arte”), si bien necesitan de Puyol (desde Stoichkov no vibraba tanto con un jugador), Touré o Eto’o. La constancia en el sistema de juego, a la larga, ha dado sus frutos. No desesperarse ante los frontones de casi todos los equipos (pequeños con nombre de grande y todavía más chicos) otorga la satisfacción de saber que, si caes, has empleado todas tus armas. Una filosofía basada en la exquisitez de la cantera no tiene precio. Ahora bien, hay que admitir que no han ocurrido apenas adversidades y que se deben pulir los puntos menos fuertes del conjunto (Henry, el lateral izquierdo y un banquillo que no está a la altura, salvando a Piqué, crecidísimo, y, menos, a Pinto, Keita y Bojan). Da igual lo que hayas hecho la temporada pasada; la que está en juego es ésta.
La verdad es que no he resultado muy “boixo” para los enormes alegrones que me he llevado. Igual me iban a compensar del hecho que don Federico Jiménez Losantos y don César Vidal abandonen el dial de la COPE. Desde que tengo uso de razón “política” el 837 de onda media en Burgos, o el 999, en la misma amplitud modulada, han fijado tanto el sintonizador de mi radio que lo han varado, salvo que estuviese estudiando. Incluso luzco orgulloso en mi llavero el anagrama de la cadena. Considero pues que la Conferencia Episcopal ha cometido un terrible error al prescindir de ellos. Desde el punto de vista empresarial resulta estúpido deshacerte de tus dos activos más productivos, con una enorme diferencia. Las razones que barrunto, coincidentes con las que me han sido filtradas, es que los obispos han aceptado la mordaza, probablemente a cambio de una revisión más favorable de lo que temían de los acuerdos Iglesia-Estado. Como reprochó Churchill a Chamberlain acerca del pacto (cesión-traición de Munich), "Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor, y además tendréis la guerra”. Han sido incómodos para todos: PP, PSOE y Casa Real (admitiendo que haya que mencionarla por separado de la izquierda), máxime cuando se parecen a puntales que se tuercen, mas el edificio no llega a desmoronarse porque están apoyados el uno en el otro. Quizá tenga complejo de oposición, pero eso a mí me gusta: valentía y claridad (un lema suyo es “Se nos entiende todo”). Afortunadamente, vamos a poder seguir escuchándolos en Madrid, en el 99.1 de FM, a partir de septiembre, en esRadio (www.esradio.fm). Esperemos que pronto arribe a Burgos, puesto que, como dice mi padre, “tu madre duerme conmigo pero se acuesta con César y se levanta con Federico”.
Librín:
- “Ataúdes de Artesanía”, de Truman Capote: es el creador de la “non-fiction novel”, paradoja que consiste en narrar historiadamente hechos reales. En ésta, en forma de diálogo entrevista al detective que investiga unos asesinatos en serie
En quince días retorno,
Alberto.
Queridos amigos:
En esto de las crónicas parece que sufro de ciclotimia, pues alterno corrientuchas con más inspiradas. Me pasa como a los toreros normalitos: si hay toro enfrente (historietas que describir), lidio con suficiencia, pero si no, toca despachar rápido y de bajonazo. De hecho, me tendría que especializar en Berlusconi si quiero tener siempre buen material.
Para que veáis que soy intrépido y escasamente dado a hacer distingos según minorías raciales, el domingo posterior a los eventos narrados en la crónica anterior realicé una incursión por Lavapiés. A la sazón tenían montado, bajo el nombre de Bollywood, un mercadillo indio repartido en varias plazas con tenderetes de ropa y puestos de comida a precios populares (un euro la pieza). El pollo empanado y el pincho moruno de verduras rebozado no tenían pinta de ser muy perniciosos para un aparato digestivo cualquiera.
Venciendo mi obstinada resistencia a hablar de trabajo (ni siquiera había mencionado el cambio de mis jefes), hace menos de un mes que me han trasladado de unidad. No implica nada malo, simplemente que no he intervenido en la decisión. Ahora paso al negociado de Solvencia, con el inconveniente de que lidiaré con una normativa arcana.
El retardo entre la visita y la narración supera el medio año, con lo cual la exposición “Ilustración y Liberalismo” ha mucho que fue clausurada. Estaba montada en el Palacio Real, en una esquina de la Plaza de la Armería. Comprendía del año 1788 (transición entre los reinados de Carlos III y Carlos IV) a 1814 (el del retorno de Fernando VII a España). La guía estaba tan motivada y enérgica que justificaba ella sola el paseo.
Estuve el puente del Corpus Christi en Noja, al acumular al festivo el día que me correspondía por completar la semana de San Isidro, de carácter local. Es una pena que un tiempo verbal tan sutil como el subjuntivo no haya llegado a las provincias vascongadas (los burgaleses bastante tenemos con los condicionales y laísmos), porque, al predominar los de Portugalete y Santurce, vas por la playa cual híbrido entre Lázaro Carreter y Job. El título (“Después de una incómoda vejez”) indica lo mal que lo pasé al poner otro año más en práctica la rutina de ejercicio físico, a base de correr, caminar y un poco de fuerza (flexiones y pseudo-abdominales). Las yemas de los dedos de los pies desolladas, los huesos de las plantas aplastados, la rodilla izquierda, que jamás me había molestado, rígida, y, en general, la falta de vigor, hacen recordar el paso ineludible del tiempo, al cual, hablando con mi padre, calificamos de lo único del todo democrático.
Ya tocaba incluir dos libros:
- “La Casa de los Espíritus”, de Isabel Allende: tres cuartas partes son encomiables, por la economía y recurrencia en los personajes, por un ritmo que alterna sabiamente vida y muerte y por la verosimilitud que da a lo fantástico, pero la cuarta parte restante es un miserable panfleto parcialísimo y maniqueo.
- “Coriolanus”, de William Shakespeare: un noble romano, valiente, benefactor de sus conciudadanos, algo soberbio y con una mala estrategia de comunicación, es condenado al ostracismo por artimañas de sus enemigos políticos, que manipulan al populacho, y prefiere morir antes que dañar a su patria. ¿Os suena?
Anticipando temas y provocando un poquitín, “¡Visca el Barça, visca Catalunya i visca Fuentealbilla!
Alberto.
Queridos amigos:
Al tiempo que leéis estas líneas, habrá salido el esperado último libro de Stieg Larsson, final de una trilogía cuya primera parte ya ha tenido adaptación cinematográfica: “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Es muy fiel al relato, si bien ha de someterse a una condensación brutal para contar la historia. Otro defecto, a mi juicio, es que no lleva en paralelo todas las tramas, sino que son expuestas sucesivamente. No me disgustó.
Con un pelín de versatilidad, puedes asistir en un mismo día a la Feria de la Tapa y la del Libro, y manejarte con cierta habilidad en ambas. Cierto es que es bien fácil cuando estás rodeado de amigos y con una cañita de Mahou bien fría. Lo culinario tampoco queda en un segundo plano: platos para llenar el estómago, como una hamburguesa o un bocatín de chorizo, morcilla y longaniza, y luego “finezas” (carrillada a la anchoa, gazpacho de fresón con aceite de hierbabuena o brocheta de frutas bañadas en chocolate). Al socaire (apropiado, por ser un desaparecido restaurante nojeño) de este postre, Jonás se convirtió en el anti-Murphy, al hacer que se le cayese, diese un doble tirabuzón y medio y un triple axel que hubiesen hecho las delicias de doña Paloma del Río, la eterna comentarista de TVE, y aterrizase inmaculado sobre su base. Acojonante. También se presentó a concurso la tapa Madrid Olímpico (evento deseable, a pesar de que su principal impulsor sea Gallardón), a base de pan de molde dispuesto en abanico con palillos simulando la mano del logotipo (¿de qué sería la salsa azul fluorescente?).
La Feria del Libro es una excusa para pasear por el Retiro en primavera como otra cualquiera, porque no creo que el volumen de ventas compense a los establecimientos. Uno, que es ecológico, aunque no ecologista, se lleva las manos a la cabeza ante tanto papel emborronado (en Torres de Montes diríamos malmetido) sin el menor criterio, pues, como dice el título, “no todos los que poseen un instrumentos son músicos”.
Ese mismo día tuvo lugar la cena de Yonmoñaco, nuestro equipo de fútbol-sala. El local, hace no mucho en prensa por expulsar a unas lesbianas al grito de “¡Sucias putas del averno!” (bueno, quizá empleasen expresiones más burdas), pegaba bastante con la adscripción ideológica de varios miembros. Era un restaurante asturiano de abundantes raciones, también muy a tono con las costumbres culinarias (en Huesca se dice lo de “comerse un buey con unto”, y casi). A los postres comenzó la asamblea general ordinaria, donde se trató la renovación de cargos directivos, el presupuesto del siguiente ejercicio y temas sustanciales, como el color de la nueva camiseta, los apodos (en esto sí que ostentamos el liderazgo de la liga, por originales y ácidos, aunque rozando lo incomprensible), posibles fichajes o los ambiciosos objetivos cara a la próxima temporada. Obviamente, hubiera sido deseable más sosiego en las discusiones, pero a lo único que se le dio un tiento reposado fue a la sidra y al pacharán (y a las copas y pintas de un bar contiguo). Seremos unos tuercebotas, si bien lo pasamos esa noche en grande.
La elección del libro no tiene nada que ver con el final de la velada:
- “Fanny Hill or Memoirs of a Woman of Pleasure”, de John Cleland: a pesar de estar escrito a mediados del siglo XVIII, tiene contenido pornográfico explícito. Una joven de muy buen ver sale del pueblo y tiene que ganarse la vida en Londres. Va de lupanar en lupanar y de depravación en depravación.
Ya puestos, “muaaaaaks”,
Alberto.
Queridos amigos:
Como no podía ser de otra manera, la crónica ordinaria anterior me quedo un monográfico electoral, luego intentaré que ésta resulte con mayor variedad de asuntos.
Quiero comenzar, y será el hilo conductor, por cuestiones de conciencia. La primera de ellas es animaros, como todos los trimestres, a que donéis sangre. En la línea de hacer por otros lo que te gustaría que hicieran por ti, es el mejor regalo que se le puede hacer a un accidentado o convaleciente, y no cuesta más de un cuarto de hora y un pinchacito.
El segundo, siempre en mayo y junio, es incentivar que marquéis la X en la casilla de la Iglesia Católica. Es comprensible, aunque no compartido, discrepar con sus planteamientos, pero resulta innegable la inmensa labor social que realizan. Al hilo de esto, no voy a marcar la de otros fines: algo que anuncie o promueva Guayomin, en dura pugna con los Lunnis para ser Ministro de la Tele (en la lista-cremallera de zETApé de malvado/a-incapaz, y viceversa), no puede ser algo deseable en términos de principios.
En el contexto de la labor de difusión de las bitácoras de mis amigos, procede incluir a: http://bitterconch.blogspot.com
Hace mucho que no informaba de eventos culturales. Continúa en cartel la comedia “El Enfermo Imaginario”, de Molière, cuya divisa preside esta crónica (“Corrige las costumbres mediante la risa”). El hipocondríaco en cuestión es Quique San Francisco, en cuyo aspecto cadavérico se basa gran parte de lo divertido de la obra. Homenajean discretamente al autor (murió representando la función) mediante un pañuelito amarillo.
La rosaleda del parque del Oeste ofrecía a finales del mes de mayo un aspecto espectacular, por cuanto se celebra el concurso Rosa de Madrid (van más de cincuenta ediciones). Los premios principales los otorga un jurado de expertos y los propios asistentes, y este año han recaído sobre sendos rosales rojos. También hay aromáticos.
La última exposición temporal del Prado recogía obras de la hermandad prerrafaelita, un grupo de pintores ingleses de la época victoriana que quisieron convertirse en primitivos en vez de seguir los derroteros impresionistas franceses. Un tema común a casi todos los cuadros es el del sueño, como estado intermedio y provisional entre la vida y la muerte. Impresiona el color naranja de la muchacha en “Sol ardiente de junio”, de Leighton, y la magnificencia de “El sueño del rey Arturo en Avalón”, de Burne-Jones (lienzo de 6x3).
Un librito, pero ¡vaya librito!:
- “The Little Prince”, de Antoine de Saint-Exupéry: los libros de valores humanos continúan aportando cada vez que los relees. En el fondo, nos habla el niño que alguna vez fuimos y que no querríamos haber dejado de ser. Hay que pasar nuestras preocupaciones de adultos por el tamiz de los sentimientos y procurar ver el alma del otro con el corazón, porque “lo esencial es invisible para los ojos” (frase que ocupa, en turquesa y aguamarina, mi salvapantallas en el Banco)
Procurad ser felices,
Alberto.
Queridos amigos:
Voy a intentar explicar el sentido de mi voto cara a las elecciones al Parlamento Europeo de este próximo domingo día 7 de junio. Procuraré ser claro, a diferencia de la abstrusidad habitual, y sin calentones, que basta con las pectoralidades veraniegas.
El sentido queda resumido en el título (“los doctores sanan las enfermedades más graves con los tratamientos más fuertes”). Mi única duda reside en si votar en blanco o nulo.
En derecho comunitario suele citarse como el mayor problema de la legislación europea el “déficit democrático”, entendido como desconexión entre los ciudadanos y sus instituciones porque no pueden participar en ellas (agudizado por la forma de elección, no parlamentaria, de la Comisión; el poder ejecutivo, para entendernos). Pues bien, en mi caso no me siento europeo más que culturalmente (en sentido amplio), en ningún caso como perteneciente a una entidad supranacional. Tampoco estoy seguro que la actual Unión Europea resulte positiva. Para España (a algunos más que otros), ha sido beneficiosa estos años pretéritos, por las transferencias de fondos (no gratis: ¿creéis que si no constituyésemos un atractivo mercado íbamos a haberlos recibido?). En cuanto a la Política Agraria Común (algo así como la mitad del presupuesto), ha constituido un despilfarro y un agravio comparativo: los ganaderos y agricultores (y creedme que sé de lo que os hablo) no han empleado las ayudas para hacer más eficiente su proceso productivo, sino en el disfrute de unas rentas tan elevadas que no merecen esa especial protección mediante el consumo por un lado y la compra de inmuebles en las ciudades por otro (lo que ha redundado en el encarecimiento de los pisos, inflando la burbuja).
Dicho esto, considero que no hay que dejarse llevar por la comodidad e ir a votar. Ejerzo mi derecho primero por ser un bien escaso (de año en año, a lo sumo), y segundo porque la abstención es fácilmente malinterpretable como dejadez sobre los problemas políticos, y no se puede consentir que traten de adormecernos y que nos dejemos llevar. Al menos hay que dejar constancia de la voluntad de castigar a la partitocracia (blanco) o a un partido en concreto y que tomen nota del hecho sus propios interventores (nulo).
No hace falta explicitar lo que opino del partido en el Gobierno o de opciones más a su siniestra, que es bien conocido. Si no influyesen en mi vida, en mis impuestos, en las pensiones de mis padres, o en los valores sociales en los que se van a ver inmersos mis eventuales hijos, mi reacción fluctuaría entre el asco y el vómito. Su táctica no puede estar más diáfana: esconder su incompetencia e ignorancia supinas mediante la provocación y la confrontación. Lo suyo es un lecho de Procrustes muy particular, el que sólo iguala por abajo, y se ve tanto en la economía como en la educación o la moral.
Para los votantes de izquierda, pensad a qué tipejo votáis, sin que sirva de precedente.
Ahora debería esgrimir, a mayor abundamiento, la papeleta del Partido Popular, pero no. Me han decepcionado profundamente. No atreverse a dar la batalla de las ideas, que se manifiesta en acciones concretas, y esperar a que la situación sea tan mala (y a buen seguro acabará así) para llegar al poder es un cálculo electoral tan mezquino que sólo demuestra que el único compromiso lo tienen con el aparato del partido, con quienes viven de la política, y no con los ciudadanos, los que terminan pagando todas las copas.
Otro día me extenderé en las críticas al sistema. Os deseo simplemente libertad,
Alberto.
Queridos amigos:
Un título tan romántico (“A quienes el verdadero amor atrapó, les seguirá uniendo”) no podría encabezar más que la crónica de una boda, la única del año, en contraste con la profusión de 2008, en concreto el enlace de Emma y Miguel, un día antes de María Auxiliadora (el 24 de mayo, para quienes no tengan contacto con Salesianos).
La jornada comenzó movidita, por cuanto había quedado con unos co-Magníficos (terminología exclusiva de SyG) al socaire de la visita de una de ellos al Prado. Tras un fugaz encuentro, tampoco podía desatender a un primo segundo de Torres de Montes, de examen en la capital, pero la conjunción con mi hermano provocó que el número de cañas y tapas en la plaza de Santa Ana, el remozadísimo mercado de San Miguel o la calle Postas chocara con la prudencia cara al evento que me aguardaba, una vez duchado, afeitado y vestido con un terno de cielo y blanco y traje de raya diplomática.
Tuvo lugar en Santa María de Canaá (“la catedral de Pozuelo”), de muy reciente construcción (este año celebra dos lustros). Señalo el sitio porque es muy particular, en ladrillo, con un estilo neorrománico de reminiscencias mudéjares, muy estilizado. En la ceremonia, por fin de los porfines, pude leer el Himno al Amor, de la segunda Carta del apóstol San Pablo a los Corintios (último versículo del capítulo 12 y los ocho primeros del 13). Sin habérmelo aprendido de memoria (órdenes del contrayente), la proclamación fue desprovista de solemnidad, mas otorgándole su sentido al texto. Oficiaba un sacerdote más joven que nosotros, en el estilo de pastoral de la parroquia.
Al salir sucedió algo ominoso, un terrible presagio cara al resultado de mi examen. En E-3 suspendí tres asignaturas, con sendos cuatros; pues bien, en el transcurso de una semana me he cruzado por la calle con dos de esos profesores (la segunda con el arroz y los pétalos aún cayendo). Esperemos que estos augurios no lleguen a confirmarse.
Para la cena nos desplazamos a Pachicu Quintana (no es el nombre más comercial que haya escuchado, desde luego), donde nos recibieron con un estupendo cóctel, en el cual sobresalieron los tapenades de aceituna, las bolsitas de queso fritas y las cucharitas de foie con manzana (el plato de “marrano” ibérico no lo incluyo, por apuesta segura). Da mucha alegría ver de nuevo a bebés (Carmencita) y a mujeres preñadas de ilusión (María). En el comedor no escatimaron en cantidad o calidad: crema de melón con virutas de jamón, ensalada de bogavante con vinagreta al caviar, centro de solomillo coronado con mi-cuit y pirámide de tres chocolates, con un Rioja reserva 2001.
En el baile, como está clarísimo que “siempre se apodera de mi ser, mi serenidad se vuelve locura”, protagonicé una nueva exhibición de la tradicional camiseta negra (para la que tengo reservado un final apoteósico; no es una amenaza, sino una declaración de intenciones). Confieso que había hecho en la quincena precedente algunos ejercicios para tonificar el torso (metidos en faena, que sea para lucimiento y no vergüenza, ¿no?). Me llamó profundamente la atención la puesta a disposición de las fatigadas por los taconazos de las espardeñas de toda la vida (“rural fashion”, ¡y olé!; sin ironías: Tinín abrió el camino en Torres de Montes, y luego le siguió el pijerío madrileño en pleno).
Tan sincera enhorabuena como enormes deseos de prosperidad,
Alberto.
Queridos amigos:
Retorno al ciberespacio tras dos semanas de forzada ausencia. Para los escasos interesados, os diré que el examen me salió decente. Esperaba un cataclismo, catástrofe o calamidad, pero me pareció haber mantenido el tipo y creo, quizá pecando de exceso de optimismo, conservar opciones del aprobado. De todas formas, una promoción interna con una plaza para cada nueve candidatos (4/36) resulta una auténtica burla.
No estoy para nada disconforme con mi estancia en Burgos. El horario era prácticamente el mismo que en la época de los exámenes de ICADE, “all day long”. Lamentablemente, lo que difiere es el rendimiento: con la mitad de capacidades de asimilación y concentración que tenía en tercero (mi año más brillante) o en cuarto (el de más “ladrillos” digeridos y vomitados), esto hubiese sido pan comido, y no; sigo “ceprenando” (torremontesismo para laboriosidad un tanto torpe e inútil). Como siempre, le podía haber echado más horas previamente, mas la vagancia me venció. Con Virgilio, que hoy titula, esperaremos que “la suerte le sonría a nuestro esfuerzo inicial”.
Es mucho menos penoso estudiar en casa, por cuanto mis padres me han tratado a cuerpo de rey (lo que no es una excepción) y me han animado cuando más lo precisaba. Si sale mal, yo y sólo yo tendré la culpa. Como en el pueblo, la banda sonora de estos días ha vuelto a ser Kiss FM. Una cosa no se les puede negar: son absolutamente sistemáticos (la del arriesgado porté de Dirty Dancing y “Walk like an Egyptian” las pasaban todos los días a horas muy parecidas). También sorprendían con “temones” estilo “La senda del tiempo” (reminiscencias adolescentes más de actualidad a medida que te alejas irremediablemente de esos años) o “Let the river run” (de Carly Simon, incluida en “Armas de Mujer / Working Girl”, que Iberdrola ha devuelto al candelero ¿o se dice candelabro?). Hasta tal punto estaba implicado, y sólo por esto merezco pasar la prueba de nivel, que ni siquiera estaba escuchando la retransmisión de la vuelta de las semifinales de la Copa de Europa, resuelta por el “iniestazo” (implanteable bajar al bar).
Ya que de fútbol hablamos, “me llena de orgullo y satisfacción” el triunfo blaugrana en la Copa, con sus peros. La pitada al himno nacional en otros países ni tan lejanos ni tan dictatoriales (Francia, por ejemplo) se castiga con cárcel y multa. Las aficiones podrían ser más coherentes y pedir a sus equipos que jugasen la “EusKup” (me arrogo la patente) o la “Copunya” (en apócope) nada más, y que no se dignasen a competir en Ligas de “maketos” o “charnegos”. Silbar al monarca me parece mejor, incluso recomendable, porque no es nexo de unión de nadie, y mucho menos de España. Es lo peorcito que nos dejó Franco, junto con su régimen de intereses creados en la política.
Retomo la música para recordar en póstumo homenaje otra canción que ponían con frecuencia: el “Cómo Hablar” (de los temas con más significado para mí, con una letra que puede decir tantísimo) a dúo entre Amaral y el recientemente finado Antonio Vega.
Entre la poca televisión que vi, aunque fuese zapeando, estaba un fragmento de Sensación de Vivir. Antes de confirmar que sufriera alucinaciones, me enteré que iban a emitir su continuación. Es sintomático que mucha gente sepa qué es 90210, pocos 46664 (mini-punto para quien lo acierte) y casi nadie 24601 (prometo recompensa a quien lo conozca sin buscarlo), por hablar de números “famosos” de cinco dígitos.
Hasta la semana que viene, que mañana tenemos puente,
Alberto.
Queridos amigos:
La acción transcurre un sábado del mes de abril, y no es un sábado cualquiera: es el nonagésimo-séptimo cumpleaños de mi abuela. Como ella misma dice, es una persona ejemplar, luego podría ser definida perfectamente con el título: “integridad de vida y ausencia de toda falta”. Sus condiciones físicas y mentales son de todo punto admirables, y ella lo atribuye sin dudarlo a la protección divina. El plan inicial consistía en juntarnos toda la familia para comer ese sábado. Mi presencia no estaba confirmada, más bien todo lo contrario, por mis obligaciones estudiantiles. Sin embargo, en el último momento decidí que bien valdría la pena la paliza y salí el mismo día de Madrid a las 11:00, para llegar a Burgos a las 13:45, asistir a la celebración y coger el autobús de vuelta a las 17:30. Cuando subo a casa de mi abuela y la veo haciéndose la comida completamente sola, sospeché que algo no iba del todo bien, lo que se confirmó ya en mi casa con mis padres y mi hermano arreglándose para el evento. Al parecer, hubo una “ligera” descoordinación con los que venían de Tarrasa (Barcelona) al efecto y no nos habían avisado a tiempo del cambio de actividades. Tras el consiguiente follón, del que no tomé parte, comprendí que esto era marca de la casa (Chapuzas Arnaiz, sociedad anónima), y que no había que darle más vueltas y resignarse al viaje tonto del año.
Hubiera prolongado la estancia hasta el domingo, si no fuera porque tenía comprometida mi presencia en una cena-despedida conjunta. Aun sin haber estado en ninguna en condiciones, si se hacen conjuntas, pierden la esencia. Afortunadamente, aunque fuera compartido con otros grupos, hubo despelote. Sansigre me chafó la sorpresa del arillo en el pezón, pero la damisela en cuestión estaba de muy buen ver. Sí que acertó en la filosofía del incordio la grabación clandestina a los prometidos de su peculiar versión de “El Fantasma de la Ópera” en castellano. Por resumirlo, sus proezas vocales eran tan parejas a las mías que sintieron deseos de esconderse bajo la mesa. Ya en el bar de copas, gestionado por http://www.absolute-fiestas.com, Sansigre (esa empresa es copropiedad de su primo, quien “cata el producto”, esto es, la bailarina, antes de contratarla) consiguió multiplicar taumatúrgicamente las consumiciones, pues si dábamos a una y pico por cabeza, me suministró cuatro sin inmutarse. Buena noche.
En mi línea cinéfila de los últimos tiempos, también vi “Slumdog Millionaire”. El oxímoron del título es particularmente apropiado, porque hay pocas palabras inglesas que suenen tan despectivas como “slum” (barrio bajo), si acaso “filth” (mugre) o “squalor” (miseria, inmundicia). Trata de un joven procedente de los suburbios más sórdidos de Bombay que se presenta al 50x15 y va acertando pregunta tras pregunta. La policía lo interroga creyendo que hace trampas y el chaval va desgranando los eventos puntuales de su durísima existencia que la han posibilitado conocer las respuestas. Sin adelantar nada, considero que el final fue edulcorado para que la película obtuviera reconocimiento internacional (clamoroso, por otra parte). Freida Pinto, la chica, podría presentar algún informativo de La Sexta (y casi mejor en hindi, para lo que cuentan…).
Un libro más:
- “El Grande Oriente (Episodios Nacionales 14)”, de Benito Pérez Galdós: la nula experiencia española en cuestión de partidos políticos hizo que sociedades secretas, como la masonería, cumpliesen su función. La búsqueda del poder a cualquier precio y la desconsideración a los derechos individuales las distinguen.
Hasta dentro de dos semanas (de por medio, el examen de nivel),
Alberto.
Queridos amigos:
Lo dejábamos en misa, con una anécdota pendiente. Cuando en las preces el sacerdote sustituto pidió por el Gobierno de España, el “Roguemos al Señor” se vio afectado por mi suspiro desde el fondo del alma y por mi madre, murmurando entre dientes, aunque de manera perfectamente audible, “Sí, pero para que lo echen”, lo que suscribo del todo.
Torres de Montes lleva asociado un reencuentro con la familia, y a la sazón, nos visitaron mi prima y su marido, con su unigénito Sergio, quien hacía una docena de días que había comenzado a andar erguido. Los primeros pasos de un niño resultan profundamente emocionantes y graciosos. Caminan como los soldaditos de plomo, sin flexionar la rodilla en cuanto tienen que superar cualquier mínimo obstáculo.
Otra asociación ineludible de mi pueblo es con el buen yantar, si bien, como aconseja el título, “hay que moderarse”. Para ello, son profundamente nocivas las artes culinarias de mi madre (segunda mención, por cierto), quien preparó, entre otros platos, potaje de garbanzos, espinacas, huevo y bacalao, con la novedad de la cebolla frita, torrijas o almendras tostadas. Con una botellita de vino viejo al lado, el manjar es principesco.
Llegamos a la acción estúpida de la semana. No cesó de llover en Huesca desde el jueves por la noche hasta dos días después (parecía que había ido a Galicia de vacaciones), excepto durante media horita larga el viernes por la tarde, momento que aproveché para no sumar la pereza a la gula y fui a correr por carretera (no como acostumbro, por los campos, amarillentos de aliagas y verdes de ordios; iba a mentar el “trigo verde” de la copla, pero sólo cultivamos cebada) hasta una de las localidades aledañas. Justo llegando, es decir, a la mayor distancia posible de mi casa, empezó a jarrear. Pasaron tres coches, y como quiera que en esos momentos el diluvio estaba remitiendo, rechacé su amable ofrecimiento. Cuando volvió Richi, apiadado por la tromba de agua, me quedaba un kilómetro largo, pero por puro orgullo (algunos los calificarían de masoquista), no monté. Imaginad como llegué (escurriendo, claro está).
El día de Pascua nos juntamos donde el hermano mayor de mi madre (heredero universal, por estas injustas peculiaridades del derecho civil aragonés), y la comida fue de órdago. “Esquematizada”, consistió en entremeses (canapés, espárragos, jamón, langostinos, tigres y otras “contundentes menudencias”), una sopa tan densa que requería de cuchillo y tenedor, bacalao con tomate, cordero al horno y postre (“mousse” de limón, Trenza de Almudévar y “suflé” de Vilas, una renombrada pastelería oscense, del que me serví cumplidamente). Retorné a Madrid algo similar a una boa constrictor.
No por haber dejado de leer he agotado la reserva de libros:
- “Robinson Crusoe”, de Daniel Defoe: tiene un inglés con escasa variedad en la estructura y poco espacio a la imaginación, justo lo contrario del personaje. El náufrago asume su situación como un mal menor respecto a sus acciones del pasado y desarrolla una cantidad ingente de recursos y paciencia para poder sobrevivir. El desenlace debería haberse producido antes, ya al salir de la isla.
Concluida la Semana Santa, sed muy felices, y hasta la próxima,
Alberto.
Queridos amigos:
El título (“Resultan odiosos el retraso y el aplazamiento”) resulta indicativo de mi comportamiento hacia el examen de nivel del Banco de España. Ultimamente le estoy dando duro, pero ni punto de comparación con los niveles de ICADE, puesto que soy de la teoría de que en la persona, las horas de estudio tienen un tope, y yo lo he rebasado.
Lunes Santo significó un ligero repunte en mi vida espiritual, mediante la confesión cuaresmal y comunión consecutiva. Al acabar, ofrecieron en Santa Teresa y San José un concierto de órgano barroco, con obras de Bach, a las que intercalaron a Pachelbel y a Purcell. El dato gracioso residió en el programa de mano, en el cual habían confundido las fechas de nacimiento y muerte, de forma que a Pachelbel le adjudicaban la friolera de 143 añitos y pronosticaban que Purcell fallecería en el siglo CXI. Con tan dilatada carrera musical, los prolíficos Haydn y un tal Segerstam (quien por lo visto ostenta la plusmarca), hubieran sobrepasado sin esforzarse demasiado el millar de sinfonías…
Puestos a desvelar aspectos humillantes de mi pasado, en el viaje desde Zaragoza a Huesca el autobús paró en la gasolinera donde perdí un zapato de crío (uno solo, sí; a quien le interese se lo cuento, porque se antoja imposible). El motivo era que esperábamos a un pasajero, por lo visto crucial para la ruta, que no había llegado a la salida. Encabecé una rebelión de los pasajeros y, contra su voluntad y las órdenes de su superior, el conductor tuvo que reanudar la marcha. Una vez llegué a Torres de Montes, creía, iluso de mí, que nada perturbaría mi descanso, mas el perro de los vecinos (a quienes debería dedicar unas líneas, pero me abstengo por respeto a una amiga mía) no estaba por la labor, pues se dedicaba a aullar sin motivo aparente en mitad de la noche. No acabaron ahí mis problemas con los cánidos. Al ir a saludar a mi tío a la era (tenada puede ser un término más castellano que aragonés), una perra (en ambos sentidos) pastora, sin mediar provocación, me mordió en la cadera (se quedó en moratón y no en hemorragia). Los animales, cuadrúpedos y bípedos, perdemos con frecuencia la ocasión de mantener la boca cerrada, como cuando, viendo el Villarreal-Arsenal, manifesté que Adebayor (delantero togolés) no valía para un equipo puntero, segundos antes de que controlara un pase largo con el pecho y marcara un gol de chilena sin dejarla caer.
Como he comentado en la introducción, no ha sido un tiempo entretenido, si bien Kiss FM, emisora que tenía constantemente puesta, tuvo a bien deleitar a sus oyentes con temazos del estilo de “Can’t take my eyes off of you”, “It’s raining men”, “I’ve had the time of my life”, “The show must go on”, “Love is in the air”, “Let it be”, “Yesterday” o “I will survive”, ante los cuales se te van los pies y no puedes dejar de bailarlos.
Por primera vez desde que tengo uso de razón, pues ya me bautizó él, nuestro párroco, don Blas, no celebró misa, por una reciente operación. Su sustituto temporal empezó con mal pie, singularizando el topónimo (a Torres de Monte; y nosotros somos muy “abundantes”) y pronunciando gambas (sin jota, metió la ídem) y dintel, sobre la Pascua judía en Jueves Santo. Incluso osó a no contar con nuestros servicios en la lectura de la Pasión en Viernes Santo. Con transportar el Crucificado por la iglesia tuve mi particular sacrificio, ya que este año, por primera vez desde que tengo memoria no procesionamos.
Proseguiré con el relato la semana venidera,
Alberto.
Queridos amigos:
Hoy voy a hablar de fútbol (titulando de forma muy sencilla: “no me exijo ser como los buenos, sino mejor que los peores”). Ya sabéis de la existencia de Yonmoñaco, el equipo en el que deambulo por el campo todos los sábados por la tarde. Pues bien, ha concluido la Liga, y hemos quedado cuartos, una posición de privilegio si no empezáramos a contar por la cola. De todas formas, la Asociación de Antiguos de Nuestra Señora del Buen Consejo ha conseguido homologarse a la N.B.A. y ya no existen los descensos, no porque haya franquicias, sino porque el número de equipos aspirantes a entrar en la competición se ha reducido hasta alcanzar la belleza de la vicepresidenta, suponiendo, y es una hipótesis demasiado aventurada, que este concepto no puede alcanzar valores negativos. Bastantes peripecias me han acontecido a lo largo de esta temporada, entre las que hay que señalar un conato de pelea con uno que podía pasar por el agente Bestiajez, miembro de la T.I.A., la agencia de Mortadelo y Filemón. Me hizo una entrada tan fea que, si bien de natural pacífico, le advertí que la próxima vez que viniese por mi lado le iba a pegar, mas el infortunio quiso que el lance siguiente nos tuviera de protagonistas y yo hube de honrar mi predicción desentendiéndome del balón. Por suerte, ya que me sacaba una cabeza y tres hombros, se interpusieron a tiempo entre nosotros. Y es que el deporte es bien peligroso: a la lesión de otoño se le añade la del dedo pulgar, que lleva una semana doliéndome. También se sufren golpes, porque las piernas ya no siguen siempre los dictados de la cabeza. En un mismo partido me empotré contra un poste y me dieron tal balonazo en las ingles que de no ser porque me había protegido con la mano, la perpetuación de mis genes hubiese peligrado sobremanera, haciéndome acreedor a un premio Darwin (buscadlo en Google), si no fuera por lo involuntario. Hemos (han) creado un blog: http://yonmonaco.blogspot.com.
Amenizo estos minutos previos a la comida con el menú de Reyes, como cada año en casa de mi prima (para la familia, la Niña): sopa de pescado y surimi, croquetas de setas, rabas, ibéricos, canapés de bacalao ahumado y sucedáneo de caviar, tigres, empanada de boletus, cigalas al horno, tostas de mi-cuit chambreado, tostas calientes de boletus y mi-cuit aliñadas con reducción de vinagre de Módena, ensalada de hojas de lechuga de roble con gulas y queso de cabra, endivias colmadas con puntas de espárragos, anchoas, salmón ahumado y ralladura de huevo, pimientos del piquillo rellenos de bacalao con bechamel al tomate, Trenza de Almudévar, turrón de chocolate y almendras Toni i María, Rioja crianza 2005 y Cava Casteller gran reserva brut nature.
A expensas de opinar más en profundidad sobre política, va un vínculo nada partidista: http://www.elconfidencial.com/cache/2009/04/02/tribuna_16_balance_nuestra_democracia.html. Creo que es muy ilustrativo sobre el maniqueísmo y la pillería, tan nuestros.
Un libro de culto hace una generación:
- “Memorias de Adriano”, de Marguerite Yourcenar: el emperador hispano del siglo II d.C. cuenta con toda modestia su camino hacia el mando, su obsesión con su amante y favorito Antínoo y su desempeño del cargo. Poseyó virtudes imprescindibles en aquella Roma, como sensatez, austeridad, conocimiento de la urbe y la legión, preocupación por los diversos territorios y planificación futura.
Pasad una estupenda Semana Santa,
Alberto.
Queridos amigos:
Como quiera que al principio de la crónica todavía no estáis cansados (sería grave no pasar de la primera línea, aunque estoy seguro de que a muchos os fatiga hasta el título: “se hace más cargante cada día”), lo aprovecho para recomendar la donación de sangre. Antiguamente, los sangrados eran prescritos por los facultativos de la época como remedio para las más graves enfermedades. Además, contribuís a que vuestro torrente sanguíneo se renueve. Añadir a la vertiente filantrópica la saludable lo hace casi ideal.
Un tanto más sensibilizado con el cine estoy últimamente. No corresponde a la súbita admiración que se le pone al rojerío respecto al cine americano en cuanto alguno de la cuerda, o del “cordón sanitario”, como le gusta más decir a ellos, gana el Oscar, que entonces se les hace el culo (por poner una parte común a las anatomías masculina y femenina) Pepsi-Cola. Por supuesto, para pedir la subvención, robo impositivo que me duele en el alma cada vez que veo a uno de los “zejas”, resaltan la “calidad” del cine europeo, acreditada por sus clamorosos, apoteósicos y grandiosos taquillazos-gatillazos.
El inciso venía para introducir “Gran Torino”, un peliculón, a mi juicio, de Clint Eastwood. Comienza en condiciones, con un personaje a lo Melvin sin su refinamiento, de los patriotas que toda nación necesita. Para el final, sin perder esa condición, se despoja de algunos prejuicios sobre la inmigración, y si antes rechazaba toda, ahora se opone únicamente a la delincuencial, a la que hace daño al país de acogida, llegando a la postura que personalmente considero sensata. El final es tan heroico como esperable.
Acabando la semana y cerca de la hora de comer, haré con vosotros el experimento del reflejo condicionado pavloviano: jabugo, chorizo y lomo ibéricos, espárragos de Navarra extra-gruesos, pulpo, revuelto de huevo de corral y bonito y pimientos caseros, pudin de marisco cubierto de langostinos, sopa de merluza y gambas, rabo de toro, cordero a la brasa, tiramisú, tarta de queso, cerezas, turrones, bolas de chocolate Lindor, almendras, Trenza de Almudévar, bizcocho; y para beber, Somontano reserva 2003 (Señorío de Lazán), cavas Juve Camps gran reserva 2004 y Anna de Codorniu.
No me iré sin comentar la celebración de San Patricio, que se va haciendo un hueco en las festividades madrileñas. Todos los 17 de marzo se reúnen multitudes en los pubes (el plural en castellano no pone la letra ese detrás de una consonante, sino de una vocal) irlandeses, que obtienen la mayor recaudación del año, para disfrutar de unas pintas, de Guinness y Murphy’s. Esta vez me contuve a la hora de distraer vasos (sólo dos, no 7).
No abandonamos del todo el hilo cinematográfico:
- “Quo vadis?”, de Henry Sienkiewicz: en el contexto de las persecuciones contra los cristianos del siglo I d.C., se enamoran un patricio y la hija de un rey bárbaro criada en una familia ya conversa. Describe el derroche de las fiestas de Nerón, las reuniones de los primeros discípulos, el pavoroso incendio de Roma y la barbarie del martirio en el Circo con especial brillantez. Acierta rotundamente con cuatro personajes: el rastrero Quilón, el hedonista Petronio, el apóstol Pedro y el degenerado emperador. Ha sido visto como una metáfora esperanzadora de la historia de Polonia, pueblo superviviente a pesar de las tribulaciones. Sirve además para comprobar la influencia del latín en el vocabulario castellano.
Besos y abrazos no cicateros,
Alberto.
Queridos amigos:
Tengo dos anuncios importantes que haceros. El primero se resume en que, reunida la comisión permanente de seguimiento de las peregrinaciones bajo la presidencia de uno de sus vocales perpetuos y con la anuencia tácita del otro, es decir, yo mismo con mi mecanismo, se ha decidido que este año también haremos el Camino de Santiago. Las plazas están todavía disponibles, pero apresuraos, porque me las quitan de las manos.
El segundo, para hacer honor al título (“Bromas aparte, pasemos a cosas serias”), es que hay convocado para la primera semana de mayo un examen de nivel en el Banco de España similar al de hace dos años y medio, pero con unos contenidos absolutamente infumables. En consecuencia, mi vida social se verá (o debería) drásticamente reducida.
Antes de enclaustrarme, y gracias al oportuno aviso de don Jonás, el único superviviente de todos los eventos anteriores, asistí, con una nutrida compañía a una sidro-quedada. En la práctica, consiste en una barra libre de sidra salteada por platos típicos asturianos, en proporción inferior a la abundancia líquida, organizada por alguna de las asociaciones regionales en Madrid. Nos juntamos más de cuatrocientas personas junto a la Plaza Mayor. Al lado de escanciadores académicos como el mencionado, pululábamos aficionados con un alto grado de maestría, como mi hermano, y entusiastas con voluntad sobre todo como yo, en pose de colocar banderillas al violín, seguro resabio del familiar al que debo mi nombre de guerra. A medida que la gente se iba empapando, los nombres de las tarjetas no resultaban tan chocantes, y tanto Arturo Fernández como Favila, pasando por Quini, Ablanedo y Abelardo, campaban a sus anchas. La temperatura hormonal se estaba disparando, fomentando la relación entre grupos y los intentos de “colocación” de amigos solteros de uno y otro sexo. Se oían fraternas y geniales frases como “Esto es un acelerón y no el del R-29” o “Me debo de haber bebido muchos culines, porque estoy empezando a tirarlos de muerte”. El único fallo respecto a la espicha o a la fabada-dance es que no hubiera baile posteriormente.
Dos días después y ya recuperado de tanta manzana fermentada, acudí a la exposición de La Sombra, en la Sala de las Alhajas, creada originalmente para el Monte de Piedad, que, tras su reciente reforma, sirve para la Fundación Caja Madrid. El bloque del Thyssen va de los siglos XV al XIX, y deja para esta sede la parte del XX. Superados los problemas técnicos de su representación, toma un significado independiente del objeto que la proyecta, como en el Retrato del Doctor Haustein, de Christian Schad. Impacta profundamente la Metamorfosis de Narciso, de Salvador Dalí, procedente de la Tate Gallery, de ocultos simbolismos surrealistas en los componentes y el colorido.
El acostumbrado librito:
- “La Segunda Casaca (Episodios Nacionales 13)”, de Benito Pérez Galdós: el protagonista de esta Serie muda a tiempo de chaqueta, intuyendo los cambios hacia el constitucionalismo que desembocarían en el Trienio Liberal, el cual principia con el levantamiento de un ejército acantonado en Andalucía en espera de partir a América para sofocar la revuelta independentista en nuestras colonias.
Ya tengo una nueva despedida de absoluta resignación: “en Flynn”,
Alberto.
Queridos amigos:
Os pido disculpas por el tiempo transcurrido desde la última crónica. Así como la Circular 4/2004, del Banco de España, supuso un exceso de trabajo y un prolongado silencio cibernético, la Circular 6/2008, que la modifica, ha ocasionado este parón, que espero reparar convenientemente. La cuestión es que cada vez trabajamos más, con absoluta independencia de la crisis, y esto no puede ser bueno para nada.
Al hilo de esta cuestión, cada vez me doy más cuenta de la escasa utilidad de mi posición al respecto. Nosotros verificamos que la información financiera que nos envían es coherente en sí misma y que cumple con la normativa contable, es decir, la forma, mientras que el fondo deben comprobarlo los servicios de supervisión, pero en ellos influyen, en los niveles más altos, otros criterios, eminentemente políticos. No tengo ningún tipo de información privilegiada, pero creo que la actuación del Banco de España debería haber sido más pronta y enérgica en materia disciplinaria. Veremos.
Para que no me acuséis de que os sirvo cosas enlatadas, os contaré el conciertazo de ayer mismo, domingo, de Diana Navarro. Me descubrió a esta artista malagueña un año más joven que yo una concursante de Saber y Ganar, de docto criterio, y había escuchado sus tres discos: el primero, de estilo indefinible, el segundo, con un matiz místico, y el tercero, de copla actualizada. En el Palacio de Congresos y Exposiciones, se había colgado el cartel de “no hay billetes”. La audiencia era de edad variopinta, exceptuando la chiquillada. Al llegar yo, me saludaron no menos de cinco grupos, que me conocían de la tele (hay que sobrellevar la fama…). Comenzó con “Camino Verde”, y la unión de dos términos tan preciados para mí no podía por menos que ganarme el corazón. Vestía un espectacular vestido “rojo clavel”, mezcla de bata de cola y palabra de honor, que destacaba en un escenario sobrio, con el único ornato de una mantilla. Desgranó coplas con sentimiento y poderío, en particular la del viento que estaba enamorado de una rosa granadina. La lejanía no permitía apreciar los gestos de su rostro, que suplía con un lenguaje corporal muy expresivo. El único pero es que estuvo demasiado tiempo despidiéndose, nada que ver con “el más grande”, Raphael, quien dura una hora más en el escenario sin ninguna concesión a la cháchara. En mi segundo homenaje a “la más grande”, Rocío Jurado (el primero, como habréis advertido, es el color del vestido), opino que si, siendo esta chica una aprendiz, consigue ponerte carne de gallina en algunas canciones, ¿de qué no sería capaz la más que insigne chipionera, quien, como el lema de la Metro Goldwyn Mayer buscaba “el arte por el arte mismo”?
Por comentar alguna película que aún está en cartelera, fui a ver en versión original “El Desafío: Frost contra Nixon”. La entrevista de 1977 (fenomenal cosecha) no añadió nada a la investigación sobre el Watergate, luego la película profundiza en la psicología de ambos, que no podían plantear su encuentro como colaboración, sino como lucha.
Un librito para concluir:
- “2001, una odisea espacial”, de Arthur C. Clarke: mi primera incursión en el terreno de la ciencia-ficción me ha parecido de planteamiento atractivo y con un correcto enlace entre las tres tramas concurrentes. Sugieren interferencias extraterrestres en la evolución humana y rebeldía en la inteligencia artificial.
Besicos, ¡y a bailar!
Alberto.
Queridos amigos:
No pasará nada por empezar con un rasgo de humor apolítico que apreciarán especialmente los oyentes de COPE. En una cuña publicitaria justo antes de que entre don Federico a las 7 de la mañana (hora de mi desayuno), se oye a una mujer con entonación andaluza que pregunta “Chiquiyo, ¿ya has terminao la faena?”, y a continuación la voz en off anuncia “¿Problemas de erección, eyaculación precoz?; Boston Consulting (jejeje) Group; si tu vida sexual va bien, lo demás no importa”.
Ilustra, y dista de mi grandilocuencia y pomposidad habitual, el decepcionante resultado de la final de los Magníficos. Como ya conocéis la mecánica, iré directamente a los hechos. El primer programa no comenzó bien, por cuanto no obtuve nada en la pregunta de Errol Flynn y en el Reto me quedó la palabra “ávido” (ansioso, codicioso). En el segundo programa me recuperé, pasando de la tercera a la segunda posición. Cogí dos rebotes de los gratificantes (tras envío propio). El primero fue a la pregunta “¿Cuál es el canto que entona la Virgen cuando va a visitar a su prima Isabel, que estaba esperando a Juan el Bautista?”. Obviamente, tras haber titulado así una crónica (en concreto la de 8-X-2007), no pude frenar mi meapilismo y respondí con voz rotunda “El Magnificat”. El segundo fue sobre el grito de guerra de la antigua Roma antes de entrar en batalla que aparece en Gladiator. Para no decepcionar esta vez a los fanáticos de la película, contesté correctamente “¡Fuerza y honor!”. En el Reto de ese programa se me había encasquillado una palabra, pero tuve un “destello” (precisamente era ésa la respuesta) de lucidez (extraño para el día tan lamentable que llevaba) y conseguí decirla.
Para el tercer programa, estaba todo por decidir, máxime cuando había quedado un bote de 1200 euros para Errol Flynn. En la cuestión definitiva, preguntaban cómo continuaba un telegrama que Fidel Castro le había enviado (“Bienvenido a la tierra de…”), y las opciones eran “la nueva historia / la libertad / los nuevos horizontes”. Podía haber reparado en la sempiterna doblez, hipocresía y desfachatez de la izquierda y que son siempre los más liberticidas los que se proclaman más amantes de la misma, pero preferí considerarlos unos idealistas y me decanté por la última, y allí estuvo mi tumba. Ninguno de los tres la sabíamos, nos guiamos por meras conjeturas, y aunque grabásemos el día de la Virgen de Lourdes, yo soy más devoto de Fátima, luego la suerte no me acompañó. Para el Reto posterior, ya estaba desmotivadísimo y no lo saqué. Me queda mal sabor de boca por haberme ido con tan paupérrimo desempeño.
Cierto es que me fastidia que habiendo estado empapándome del personaje desde el lunes antes de Navidad, cuando llega el momento decisivo, piden algo que no es para nada significativo y que no había forma de conocerlo. Si en vez de hacer la pregunta tiran un dado con dos números asignados a cada uno, lo mismo hubiese dado. En otros correos, cuando madure más mis ideas y no escriba en caliente, haré balance de mi participación, vivida intensamente, pero que he de asumir acabada (como dice el título, empleando una expresión del Kempis: “así pasa”, la fama terrenal, se sobreentiende).
Os recuerdo que la emisión de estos doce programas comienza hoy, más bien sobre las cuatro menos cuarto de la tarde. Somos líderes de audiencia en nuestra franja horaria.
Gracias por estar siempre ahí (y más en los momentos tristes),
Alberto.
Queridos amigos:
La presente crónica porta en su encabezamiento algo así como “De lo pequeño se hace grande”, y se refiere a una empresa (objetivo) que comenzó chica y fue creciendo, como mi participación en Saber y Ganar. Por resumir estos dos días de grabación, ni he descarrilado ni he conseguido más que dinero. El contexto, para los legos en la materia, son los especiales de los Magníficos (los que han superado los 7000 euros) en 2008 (mi último programa ordinario fue emitido a mediados del pasado enero). Las pruebas coinciden (salvo lo que ponga entre paréntesis): Cada Sabio con su Tema (con tres opciones y un intento), La Pregunta Caliente (estrategia diametralmente opuesta, para que nadie se destaque), El Duelo (monográfico sobre Errol Flynn, con participación de todos, con fallos eliminatorios hasta que queden de uno a tres concursantes, quienes se reparten el dinero asignado) y El Reto (no eliminatorio, a 20 por palabra y 500 si las 7).
Cenamos con los miembros del equipo la noche de llegada al hotel, para explicarnos la mecánica. Suelen ser tan agradables durante la grabación que su conducta en poco difiere cuando están en un ambiente distendido. Nos quedamos los tres concursantes que abríamos fuego (“para chulo, mi pirulo”) tomando copas con El Invisible (Juanjo Cardenal). Éramos 9 participantes, luego consistiría en tres tandas de tres programas con tres concursantes cada una, de forma que sólo se clasificase uno por grupo para la gran final, que se sustanciará dentro de una semana (dos desde entonces). Había quedado emparejado con Carmelo (al que mi padre trocó sin motivo el nombre en Clemente) y Guillermo (maño muy apartado del devocionario de mi madre). Tenían en común su extroversión y cierta simpatía innata a los echados para delante. El primer programa estuvo igualado, si bien en las preguntas de Errol Flynn me quedé solo, gracias a una reminiscencia sobre Rafael Sabatini (sus novelas inspiraron dos de las películas y tenía en un recóndito lugar de la mente un débil recuerdo sobre otro libro suyo). Los 600 euros que me embolsé, unidos sin solución de continuidad a los 500 del Reto desnivelaron la balanza a mi favor hasta el final, aunque no recibiese ninguna otra Pregunta Caliente directa en los otros dos programas, y de hecho para la última prueba del tercero estaba matemáticamente libre de todo riesgo, lo que alivia sobremanera.
De las otras eliminatorias, se clasificaron Alfonso (nos veremos de nuevo las caras) por los pelos sobre Mercedes (muy competitiva si bien es de las que sabe estar; llevaba la materia al dedillo) y Xavi, y Fausto (no le tengo catalogado) también con poco margen sobre Pedro (provisor de materiales complementarios) y Begoña (irradia atractivo).
Una vez dentro, simplemente participaba en las preguntas de Errol Flynn, que acabaron siendo bastante provechosas, incluyendo otra en solitario y algunas compartidas. Sin pecar de inmodesto, es una auténtica pena que no se hubiese ventilado del tirón, final y todo, porque en esos momentos yo era sin discusión el rival más fuerte. Únicamente los hebreos pudieron pedir a Jehová que no se pusiera el sol para poder terminar su batalla contra las tropas de los amorreos (Josué 10, 13) con una victoria apoteósica y definitiva.
Estos nueve programas que grabamos serán emitidos a partir del 12 de los corrientes. La nueva grabación comenzará un día antes, y quien venza se reincorporará a los programas ordinarios en cuanto sea eliminado algún concursante de los que actualmente participan. Ahora tendrá lugar la verdadera prueba de fuego, porque los tres empezamos de cero, y tenemos al muy odiado mórbido de Salamanca en lontananza. Afinad por si acaso vuestras habilidades para La Parte Por El Todo. Pelearé a muerte por continuar.
Un fortísimo abrazo (y besos para quien guste),
Alberto.
Queridos amigos:
Por fin concluye esta serie, seguro que con más alivio por vuestra parte que por la mía. La llegada a la ciudad dejó bastante que desear, por la mala visibilidad en Monte de Gozo y por los rodeos por los suburbios. Supongo que para los peregrinos de otras épocas, habiendo pasado más penurias, divisar el objeto de su viaje los pondría cercanos al clímax, pero en las dos ocasiones que he vivido este momento no ha sido para tanto.
“El hombre del mazo” esperaba agazapado junto a la oficina de turismo de Santiago, y Antonio aminoró su marcha. Condescendí a ir a su paso, lo que me sirvió para poner en práctica por vez primera en nuestro periplo las virtudes de la paciencia (al esperarle) y la humildad (al verme sobrepasado), así que me vino estupendamente esta ralentización. Con la leve licencia de cerrar los puños cuando llegamos a la plaza del Obradoiro (19,98 kilómetros), por el deber cumplido, nos dirigimos directamente a la Casa del Deán para la expedición de la Compostela. Antes, el cuestionario sobre los motivos se asemejaba a un interrogatorio, mas ahora es más bien un trámite poco serio y automatizado. Te concede la indulgencia plenaria, gracia bien distinta a una licencia total para pecar.
Para la gestión de los billetes, nos quedamos embobados con la oficinista de la agencia de viajes que han puesto, cucos ellos, justo en ese edificio. No nos solucionó nada más que un cuarto de hora como lelos escuchándola hablar italiano, así que tuvimos que coger un taxi para ir a ambas estaciones. Procedía oír misa, y lo hicimos en primerísima fila. En la Eucaristía del Peregrino mencionan a quienes han llegado en el día, y emociona escuchar “uno de Madrid y uno de Huesca, que salieron desde Somport”. Al darnos la paz, abracé a Antonio y la chinita (coreana) de al lado, ni corta ni perezosa, me imitó. Rezaron en esta acogida numerosas oraciones en latín (aparte de las canciones: “Iubilate Deo” y “Ave verum corpus nato de Maria virgine”), para remarcar la universalidad de la Iglesia. Nos privaron de los dos espectáculos que hacen esta experiencia irrepetible: el botafumeiro (no tocaba ceremonia por la mañana) y el Pórtico de la Gloria (en restauración preventiva). Confesé mis pecados, como es preceptivo.
Con un último refrigerio (ni él se apeó del refresco ni yo de la cerveza), nos despedimos y Antonio marchó, y me quedaban algunas horas por delante hasta la partida. Compré algún detallito en las platerías y azabacherías de las calles anexas a la catedral y me dirigí a comer a Casa Manolo. Junto a la palabra “chospar” (burgalés: moverse con presteza) debería aparecen un vídeo de este restaurante, con un trajín frenético. Seguí el itinerario marcado por los planos-guía por las calles de Santiago de Compostela, pero no es que lo aprovechase: callejear sin saber qué estaba viendo, totalmente acultural.
Me aseé un poquito antes de meterme en el autobús, concienciado respecto a la odisea que me aguardaba, recruzar todo el norte de España, hasta Huesca, doce horas salvo contratiempos, que los tuvimos. Ya no se hablaba gallego, que asocio con gran embrollo y alto volumen. Me había cambiado atrás, porque mi compañero de asiento tenía pinta de asesino de la katana recién liberado del reformatorio, cuando, entrando a la provincia de Palencia, se averió el autocar. No podíamos continuar y tuvo que acudir en nuestro rescate un vehículo de sustitución. Me evitó la hora de parada en Zaragoza, mas no la mañana de encargos habiendo maldormido. Llegué a Torres de Montes exhausto.
No quiero extenderme en una coda de proporciones siderales. Las consideraciones finales serán las que cada uno saque. Os agradezco vuestra compañía. ¡Otro año más!
Alberto.
Queridos amigos:
El nuevo año no me ha traído demasiadas ganas de escribir, si bien procuraré satisfacer vuestro agradable interés por este humildísimo plumilla con la periodicidad usual.
Tengo que confesarlo: soy pro-semita (nada que ver con sodomita). Sé que es lo más políticamente incorrecto que se ha visto por estos lares, pero el tratamiento que se da al conflicto en los medios de comunicación españoles rebasa los límites del sonrojo. Cualquier noticiero se asemeja más a una emisión propagandística de Al-Jazeera, con guión “ex aequo” de Joseph Goebbels (sobra presentarlo), Julius Streicher (ideólogo racista y editor alemán, ejecutado en Nüremberg) y el Gran Muftí de Jerusalén (para quien no conozca a Haj Amin al-Husseini, es el líder musulmán que pactó con los nazis para colaborar en acelerar el Holocausto). La Solución Final que Hitler y Himmler no consiguieron completar pretende culminarla la izquierda. Las banderas de Israel con una esvástica en lugar de una estrella de David rozan la apología del genocidio. La única nación con una democracia real al este de las fronteras europeas, de siete millones de habitantes, frente a los más de mil millones de mahometanos, merece nuestra protección. Los palestinos son sólo los “tontos útiles” para quienes están convencidos de que los judíos deberían ser exterminados de la faz de la Tierra. Si son tan cobardes de atacar desde el medio de su misma población civil, no deberían quejarse de las consecuencias. Que conste que la guerra y la muerte jamás son deseables, pero no demonicemos a un pueblo que se está jugando nada menos que su propia supervivencia.
Si Jesús quiso (Lc 23, 34: “Perdónalos, porque no saben los que hacen”), ¿nosotros no?
Después de despacharme a gusto y expresar mi postura en esta no declarada Cuarta Guerra Mundial (lo que globaliza a las contiendas son los paradigmas en confrontación), os explico que me ha sacado de quicio la cobertura de la noticia. Cuando dije que de La Secta había que quitar el sonido y dejar a las presentadoras, en su momento me pareció que exageraba, pero veo que no. Si queréis confortar bastante vuestra vista y muy poco (aunque sobrepasa los abisales niveles referidos) vuestra inteligencia, sintonizad a Mónica Carrillo en Antena 3, y si ya queréis resarciros a lo grande, a Nieves López-Gamonal en Libertad Digital TV, ambas a las 21:00 horas entre semana; y ya paro, que así empezó el “principote” y sabemos todos cómo ha acabado…
Para dejar mejor sabor de boca, os comunico que en las próximas crónicas voy a incluir alguno de los menús que he disfrutado estas fechas, como el de Nochebuena: empanada de setas y panceta, patés de ciervo y jabalí, langostinos, tostas de salmón ahumado y queso philadelphia, ensalada de espárragos, tigres, cardo con bechamel de almendras y bacalao, cabrito asado, rosquillas de anís y naranja, tiramisú, pastelitos, dulces navideños, bombones, clarete, cava Juve Camps gran reserva 2005 y vino viejo.
Con el fin de no perder las excelentes costumbres literarias:
- “Memorias de un cortesano de 1815 (Episodios Nacionales 12)”, de Benito Pérez Galdós: el retorno a España de Fernando VII trae un conflicto con los partidarios del liberalismo, al abolir la Constitución de Cádiz, de 1812. La corrupción se instala en los ámbitos administrativos, pues el ingreso a la función pública no se rige por los principios de mérito y capacidad, sino por la influencia que sobre el monarca ejercía su “camarilla”, prevaleciendo aun sobre ministros.
Hasta la vista,
Alberto.
Queridos amigos:
Lo dejábamos con Antonio por llegar y varios grupos algo por delante de él. Afortunadamente, pues se ponen muy estrictos con que no se sobrepase el aforo, por cuestión de seguros, todavía quedaban plazas. La alberguera recompensó mi tiempo aguardándole con sendas camas individuales, casi una suite para lo que puede hallarse en estos cuchitriles. Es potestad de los hospitaleros ubicar a los peregrinos, con lo que puedes sugerir que coloque en algún sitio determinado a gente que arrastra la fama de roncador (en concreto, el de los rumores de problemas respiratorios estuvo a punto de dormir en las cuadras). Ya nos dijeron que alguno se saldría del cuarto, y, en efecto, a la mañana siguiente amanecieron dos en el comedor que habían fundado la A.D.A.S.A. (que no es otra cosa que la Asociación de Damnificados por la Apnea del Sueño Ajena).
El ambiente que se respiraba era como de final de campamento, con todo el mundo cocinando (por mi parte, continué con el estándar: caldo gallego y guiso de ternera) y reunidos. Las parejas, por la forzada abstinencia, ya tendían al refrote. En realidad, la media mujeril era elevada, con la presencia de unas estudiantes murcianas de Medicina.
Por segundo año consecutivo parecía que había extraviado el jabón Lagarto el penúltimo día (aclaro, es multiusos: para la ropa y para el cuerpo; en mi caso, para los bajos y los más bajos), pero fue momentáneo. De todas formas, no creo que haya salido deficitario, por cuanto “madrugué” una toalla de bayeta y un chubasquero olvidados, para ir confeccionando el ajuar del Camino. Ocurre por dejar las prendas tendidas fuera; claro, que otros tienen motivaciones diversas, como el que me dijo “Esto es el paraíso del fetichista, Torrente se pondría aquí las botas”. No puede encontrarse mucho “glamour” durmiendo en unas sábanas desechables de una composición demencial (acrílico y poliéster a partes iguales), desde luego. Aclaro también que las proporciona la red de albergues llevados por la Xunta (pondría Junta, pero resultaría equívoco), al precio común, político, único y simbólico de tres euros (antes cobraban la voluntad).
Tras aplicarme los remedios caseros del agua y del hielo (vamos, poner los pies en remojo o con una botella congelada, no hace falta un cursillo de traumatología o fisioterapia), procedí al recuento de dinero: mis arcas estaban más vacías que las públicas bajo un gobierno socialista, pero yo no puedo recurrir a las de los demás.
Para evitar colas, se notaba bastante más movimiento a horas tempranas. Recordaba una etapa más árida, y me sorprendieron los bosques de eucalipto. La absoluta ausencia de fuentes en la subida a Lavacolla fue mitigada por la nocturnidad con que la realizamos. Como quiera que las pilas de las linternas (y de las fuerzas) empezasen a fallar, nos organizamos con otros caminantes formando una especie de caravana para no perderse. No acabo de entender la macabra presencia de cementerios en pleno casco urbano.
Incluyo una obra al socaire de esta peregrinación:
- “Hacer el Camino”, de Santiago Climent: es un librillo con una selección de frases de Camino, Surco y Forja, sendas obras de monseñor Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, organización que no deja pasar ocasión alguna para hacer proselitismo. Consideraciones personales aparte, resulta muy edificante.
Hasta la última crónica jacobea,
Alberto.
Queridos amigos:
Por de pronto, el título ya indica mis intenciones: “habla para que te conozcan”. La última crónica no podía ser más que un resumen del año que se nos está a punto de ir. El problema de redactarlo en un día plomizo es que el contagio es demasiado sencillo. Me abstendré de releer su lacrimógena a la par que sincera correlativa del ejercicio anterior.
En cuanto a las crónicas, he batido mi plusmarca absoluta, pues la presente es la cuadragésimo sexta. El blog me ha servido para conocer por fin la utilidad de la regla de L’Hôpital, ya que los comentarios tienden a cero a medida que las páginas a infinito.
Por lo que respecta a mis incursiones televisivas, se han saldado con sendos fracasos (ver las de los 22 de febrero y julio). Lo complicado es extraer lecciones de las derrotas; quizás me quede con evitar la animadversión hacia otros concursantes o miembros de equipo, porque va en detrimento de la concentración, y conocer al detalle cómo se van a desarrollar las fases del programa, para optimizar el rendimiento en cada una. Para 2009, tengo el enorme desafío de los Magníficos. Como no oculto, tengo a Saber y Ganar ínsito en el alma, y no me imagino algo que me agradase más que vencer en este especial para poder así reengancharme y optar a la consecución del centenar. Eso sí, los rivales serán de armas tomar (sobre todo dos de ellos, Alfonso y Mercedes, a quienes honestamente creo mejores, si bien confío en atizar algún que otro zarpazo a la yugular).
Económicamente, he optimizado la gestión de mi efectivo, es decir, no tengo un duro. La crisis no debería haber hecho mella en mí, pero el haber amortizado la deuda a tipo variable y con una entidad de crédito ha disminuido mi disponible hasta límites sonrojantes. Si a ello se suma la contribución urbana y las derramas de la finca, amenazo ruina, aunque espero que en 2009 la situación no termine por empeorar. Con semejante panorama, no es de extrañar que mi destino más exótico haya sido Cáceres. La cercanía a la capital no me ha impedido explorar algún restaurante exótico, actividad muy infrecuente en mí, y paladear sabores extraños, como las rodajas de jengibre o el helado de té verde que ofrecen en el oriental de Príncipe Pío (todo Asia emplatada).
Deportivamente, en mi físico y en el juego, no he acabado bien. A un desastre de partido agregué una rotura de fibras, y el obligado reposo me ha traído peso, sin llegar a la obesidad mórbida. Tampoco ha ayudado enganchar tortícolis y catarros en otoño.
Igual me veo un poco mayor, o bien supongo que no resulta infrecuente pensar en el paso del tiempo los días contiguos a tu cumpleaños. Comprobar que todo el mundo tiene sus achaques, sea joven o maduro, descorazona un pelín y pone de manifiesto la labor capital de la salud en nuestro bienestar. Tampoco me veo por ello más reflexivo. Cuantas más cosas te pasan y más extrañas semejan, parece que pierdes la capacidad de asimilar e incluso de darte cuenta de lo excelentes que pueden resultar para tu vida, por la experiencia, por la tranquilidad, por la tolerancia o por cada valor/virtud que aportan.
No quería concluir mis comunicaciones anuales sin agradeceros los buenos momentos que me habéis hecho pasar este año, sea de fiesta, de paseo, en el trabajo o en casa. Un entorno acogedor es la mayor dicha que puede pretender y gozar cualquier persona. Por todo ello, ¡muy feliz Navidad y un 2009 lleno de gozo (y goce)!,
Alberto.
Queridos amigos:
El día en Melide dio para mucho, como por ejemplo una comida alejada de nuestras costumbres y precios: lasaña y bacalao. La mejor prueba del éxito de un local de restauración es que esté lleno y que la vajilla no tenga un tamaño exagerado. Aquí pasaba justo lo contrario: solos en el comedor y alimentos como islotes en semejantes platos. Una ventaja comparativa poseía, el aire acondicionado, esencial ante el asfixiante calor de ese mediodía. Para cenar, no bajamos el listón y acudimos a la Pulpería Garnacha, la competencia de Ezequiel, donde preparan de media 400 kilos de pulpo (vale, lo aceptamos como animal de compañía) al día, que ya es cocinar. Además, regamos una empanada con Estrella Galicia (todos, productos de la tierra, como veis).
Además, habíamos ido a misa (actividad para nada inusual en nuestro peregrinar). El sacerdote hablaba en galeñol, de forma que el sermón se hizo de todo punto ininteligible. Requería una “listening comprehension” él solito. A la vuelta pasamos por una verbenilla castiza, con los abuelicos bailando “agarraos” “María, la Portuguesa”.
Cuando nos levantamos al día siguiente, nuestro “amigo” “El Integrista” (llevaba una barba de palmo, al estilo de los talibanes) nos llevaba, al igual que varios grupos, una hora de ventaja. La noche era oscura como boca de lobo, si bien la humedad había disminuido considerablemente. El camino discurría por sendas agradables, sin apenas carretera, nada de piedras y mucha vegetación. Sin embargo, por la inclinación, la bajada a Ribadiso no resultó blanda, aunque sin la sensación del primer año, con los músculos cargados sobremanera. Comentamos con profusión las anécdotas de ese albergue tan bucólico, con sus ovejitas pastando y mi inmersión por dinero en el gélido río. Precedió a la subida a Arzúa, más liviana si se pilla en caliente que recién partido.
Nuestros desayunos eran poco convencionales, a base de cerveza (Antonio no, claro) y bollería. No extraña que me dijesen “Tú no te acabas de levantar, ¿verdad?” al pedir. El día levantó a media mañana, como todos este año, salvo el ya mencionado de la lluvia.
Esa jornada fue mezcla de ciclismo y Fórmula 1. Ante la psicosis de que el albergue de destino estuviera completo, me propuse realizarla a un gran ritmo. Lo que otrora cubriera a trancas y barrancas, ahora rozaba la exhibición. Crucé raudo “regos” y “regueiros” (curiosas denominaciones para arroyos y arroyuelos), pasé por debajo de un hórreo y un emparrado que había sobre la calzada y dejé atrás los macabros monumentos en homenaje a peregrinos fallecidos, para llegar a Arca-Pino (33,50 kilómetros) a una hora decentísima. Un incauto tuvo la desgracia de picarse conmigo tras Boavista, mas sólo pudo aguantar en pos de mí un quinto de legua. Fue una mezcla de contrarreloj, adelantamientos (149, para ser exactos) y doblados. Tan fue la progresión que en el baño me preguntaron, sin el menor atisbo de sorna, “Tú eres el que llaman el hombre-bala, ¿no?”, con lo que no pudieron dejarme el ego más cubierto.
En verdad estaban parcialmente justificados los temores, por cuanto había bastante gente, la que había recorrido la mitad de distancia que nosotros, esperando en Pedrouzo. Envié un mensaje de advertencia a Antonio, por si no llevaba a la zaga a un nutrido grupo de scouts. Me dijo que una información de este calibre, es decir, que quedaban pocas plazas, era susceptible de provocar estampida con carreras, codazos y empujones.
Nos vamos aproximando a nuestro ineludible destino,
Alberto.
Queridos amigos:
A pesar del gran éxito de las crónicas del Camino, justificado creo que por su frescura, me veo en la obligación de alternarlas con las corrientes (al paso, llegarán a vulgares).
No estaría de más proponer una exposición vigente, como es la de “Entre dioses y hombres”, de esculturas clásicas en el Prado. Provienen del Albertinum de Dresde, museo en reforma cuyas piezas van a viajar por todo el mundo hasta que concluya, y son complementadas con fondos propios, minusvalorados frente al eminente carácter de pinacoteca. La mayoría son de talleres romanos que replican los originales griegos, perdidos en la actualidad (de ahí la importancia de descubrimientos como el de la Venus de Milo). Ofrece curiosidades, como partes de la Afrodita de Cnido, de Praxíteles, primer desnudo integral femenino esculpido, que era objeto de visitas “ad hoc” a la isla, o el Zeus Eleutherios, de Fidias, con el que nos podemos hacer a la idea del del templo de Olimpia, en materiales preciosos, una de las siete maravillas de la Antigüedad.
Por no abandonar las citas que hacen historia, Carlos de Andrés y Perico Delgado nos ofrecieron perlas sin cuento retransmitiendo la Vuelta. Perico Delgado, viendo únicamente la silueta del contrarrelojista (la sombra que proyectaba sobre la carretera) dice “Creo que es Bennati” (un tipo normal, ni Cacaíto Rodríguez ni Tom Boonen, por poner ejemplos extremos) y lo clavó. Carlos de Andrés, por su parte, sufrió las consecuencias del directo y dijo que un ciclista “había pinchado la rueda ¡derecha!”.
Me gustaría comentar cuatro ejemplos de valores humanos, de los que suelen estar faltos estos escritos. Por evitar situaciones así proceden cantos de acción de gracias, como aquél cuyo inicio pongo en el título, el más solemne de la liturgia católica.
El primero aconteció en la parroquia que frecuento, Santa Teresa y San José, en Plaza de España, donde abandonaron a un bebé (otrora sería llamado “expósito”). Antes era mucho más frecuente y me hace plantearme lo egoísta que resulta la opción del aborto. A esa madre se le debió partir el alma, pero dio a su hijo la oportunidad de sobrevivir.
El segundo me ocurrió viniendo de viaje, en la estación de autobuses de Avenida de América. Todos sabéis de ese laberinto, y vi a un ciego totalmente despistado. Le guié cual lazarillo a su metro, aunque yo no lo cogiera ya directo sino con transbordos. Me preguntaba cómo me podría sobreponer a esa minusvalía, y no supe responderme nada.
El tercero me pasó donando sangre. Los sanitarios suelen sugerir a los acompañantes que se animen ellos también. La chica que estaba sentada conmigo dijo que no podía y cuando quisieron averiguar la razón, para ver si era posible, contestó con toda sencillez: “Tratamiento de quimio”. Al silencio general y embarazoso le siguió una pena inmensa.
El cuarto es el del chaval asesinado en el Balcón de Rosales, tan cerca de casa. No puedo comprender la brutalidad de todos los porteros y lo fácil que es segar una vida.
Una joyita nada más (y nada menos):
- “Coplas a la muerte de su padre”, de Jorge Manrique: plenamente justificado que sea uno de los clásicos de la literatura nacional, trata magistralmente el tema del “Ubi sunt?”, es decir, de la fugacidad de la vida. Declamad en voz alta y pausada sus estrofas, mientras vais paladeando estos exquisitos versos del s. XV.
Queda la de recapitulación del año, entre otros asuntos. Besos y abrazos,
Alberto.
Queridos amigos:
En Galicia nos levantábamos a las 5 de la mañana, una hora antes que en Castilla-León. Así, de 5:35 a 5:45 estábamos todos los días “on the road again”. Era noche cerrada, y este día en concreto, con niebla espesa. Nuestras linternitas alumbraban cual Faro de Alejandría o Torre de Hércules debido a la refracción, y aun así, la visibilidad era muy reducida. Ni siquiera al amanecer se levantó la bruma. El rocío se condensaba sobre las gotas de los árboles y acababa cayendo en grandes gotas al suelo, simulando lluvia.
Por la noche había soñado con la hoja de planificación de mi trabajo dispuesta en forma de oca y pintada en rojo (color que suele usar mi ex-jefa). También había aparecido Risto Mejide, con el que habíamos pergeñado una moción de censura conjunta contra el alcalde de mi pueblo. El tenor literal de la “conspiración” era: “Tú y yo vamos a hacer de Torres (de Montes, por supuesto) el pueblo con más penetración mediática por habitante (al lorito con el concepto de esta ratio) del panorama internacional”. Bien se ve que mis noches, sin más sexo que las visitas pinochetistas, fueron entretenidísimas.
Antonio me pidió que le hiciese fotos sucesivamente en los kilómetros 70 y 69 (hay mojones cada medio kilómetro en los que puedes comprobar que la distancia se aminora). Como no supo darme una explicación que tuviera algo de lógica o coherencia, si hubiesen salido las habría titulado “Cómo se llega a hacer un 69” o “Un 69 en dos sencillos pasos”, volúmenes obra de don Antonio García Sansigre, perito en la materia.
A las afueras de Palas de Rey hay una zona recreativa con todo tipo de instalaciones que tenía requetebuena pinta. ¡Cómo se nota que Pepino Blanco jamás ha llegado ni siquiera a alcalde de su pueblo! Por cierto, he comprobado que el regidor es, en efecto, del P.P.
Me resulta muy curiosa la constancia con la que el ser humano juzga a personas y lugares. Me explico: las sensaciones en las zonas que atravesaba se repetían respecto a la vez anterior, como la calma y la tranquilidad de los pazos de Ulloa. El hecho de que volviesen los recuerdos supongo que sería debido a que a esas alturas de la primera edición no estaba tan acuciado por el dolor. Como en todas las etapas, la mitad inicial la hacíamos juntos, pero en la segunda ya me quitaban el bozal y la correa y podía sobrepasar a la romería de peregrinos. Tanta gente había que apunto un dato: a las 11:15 llegué al albergue de Melide (28,09 kilómetros), tras abrirme paso por entre el marujeo del mercadillo dominical y hallé, al menos, una docena de personas esperando.
Nos tocó en el cuarto con unos de Cuenca y Antonio clavó la definición: “Parece un episodio de Aída”. Poseían un inacabable repertorio de metáforas escatológicas, cuya reproducción sobra en estas “elegantes” crónicas. Viniendo de cenar, completamente beodos, se pusieron a curarse las ampollas de los pies. Jamás he visto cirugía tan divertida, claro que comenzando con un “Te falta pie para tener más ampollas” se podía esperar de todo. Terminada la carnicería con las inyecciones de yodo, nos invitaron a orujo. Después de verlos, los considero una muestra significativa, y no insaculación.
Como quiera que la gente entrase continuamente a nuestro cuarto de baño, empleamos la argucia de confeccionar un cartel de “WC averiado” y colgarlo en la puerta. Mi padre hubiese estado orgulloso de los recursos que desplegué para idearlo, crearlo y pegarlo.
Más dentro de nada,
Alberto.
Queridos amigos:
Vamos acercándonos al final de año, y quizá los buenos propósitos sean más efectivos si no llevan fecha, así que podíais procurar donar sangre cada tres meses, como yo hago.
Dentro de las grandes frases, he de consignar una de resonancias gracianescas de mi señor padre: “Si el hombre no se pudiera corromper, esta vida sería una mierda.” Para compensar, otra, tan genial, de mi abuela: “A quien a Dios busca, Dios lo encuentra”.
Para no agotar el tema cinematográfico en pocas líneas, vi Sangre de Mayo, la película de Garci. No pasará a la historia de las producciones patrias, pero es una gran ocasión para demostrar a los “titiriteros” (los Bardem suenan para ministros del Artisteo) que no estamos contra la cultura, sino que simplemente repudiamos su actitud. Amalgama sin demasiado criterio textos de los Episodios Nacionales 2 y 3 con creaciones propias. Al ir destinada en último término a serie para Telemadrid, abusa del corte, de forma que la trama no es siempre inteligible. Con poco presupuesto, adolece de una ambientación mejorable. Quizá el término de comparación sea Alatriste, si bien entonces, después de llevarla al cine, me dejó cierta chica, y en esta ocasión no ha sido tan traumático… Ambas arrojan división de opiniones, id est: “felicitado por unos, condenado por otros”.
Otra obra que ya ha bajado el telón es Jesucristo Superstar, en el teatro Lope de Vega. Las interpretaciones me parecieron convincentes, el sonido, atronador, y el aparato escénico, tan sobrio como funcional. Es una ópera-rock de una calidad musical indiscutible, y a estas alturas de laicismo feroz, a los católicos no nos afrenta demasiado. Sí que resulta novedoso el tratamiento de Judas como “gay” despechado.
Aunque os parezca que salgo mucho de Madrid, aparte de la excursión a la provincia de Zaragoza por la boda, no he hecho más que dos visitas. Una fue al extrarradio, sin connotaciones peyorativas, por cuanto me acerqué al hipódromo de La Zarzuela, a una fiesta con invitación. Si no fueron estrictos imprimiendo tarjetas, tampoco lo fueron con el control de entradas, y variando ligeramente tu apariencia o indumentaria, podías sacar en la puerta las copas que se terciaran. Me hubiese gustado asistir a las carreras (evidente referencia al disco de Queen de 1976) y ver la arquitectura de las tribunas.
La siguiente tuvo por escenario El Escorial, y fue la Casita del Príncipe. Es un pequeño pabellón de caza a los pies del Monasterio que fue construido para el futuro Carlos IV. Es singular porque no cuenta ni con habitaciones ni cocinas, y por su decoración, con mesas de centro monumentales, relojes, sillas de marquetería y frescos en los techos.
Un libro no más:
- “Siddartha”, de Hermann Hesse: cuenta la historia del hijo de un brahmán que va buscando el sentido de la vida, permanentemente insatisfecho. Primero pretende la purificación mediante el estudio, luego a través del ascetismo, más tarde con el seguimiento de una doctrina parecida al budismo, posteriormente con la práctica del comercio, en un momento ulterior con el abandono extremo a los placeres del juego y el sexo y por último con una vida corriente junto al río.
¡Muaks!,
Alberto.
Queridos amigos:
Respecto a mis paisanos de nacimiento (únicamente), he de decir que la mayoría “cantan” mucho cuando salen de su región. Es algo indefinible, pero al unir (o superponer) la motivación económica a las tradicionales (religiosa, deportiva o cultural), acaban significándose. Disculpen “els meus amics i familiars” la incorrección política.
La relación con nuestro relato comienza con sus ronquidos atronadores. A las tres de la mañana realicé una de mis habituales visitas al excusado (aquí había una cegadora luz “chivata”, pues se disparaba con cualquier movimiento) y al retornar icé unas mantas que se habían caído a Antonio, con tan mala suerte que lo desperté. El había estado casi toda la noche desvelado a causa de nuestros compañeros, los aulladores, y puso en marcha el piloto automático de recogida de los enseres y disposición para la marcha sin percatarse de lo temprano de la hora. Yo había vuelto obviamente al catre, pero él decidió emprender la caminata en noche oscura como boca de lobo. Estuvo a punto de ser engullido por unos canes, envalentonados ante su solitaria presencia, así que, una vez pasado el peligro inminente, por prudencia no continuó y se tumbó a la intemperie cerca de Barbadelo hasta que llegué, ya casi amaneciendo. Recordaba yo a perfección la salida de Sarria, un tramo con pinta excelente que siempre hemos hecho a oscuras.
La verdad es que Antonio ha perdido claramente su “feeling” con los animales. De camino a Sarria, me perdí uno de los momentos más divertidos del viaje, cuando, según narró, una vaca se dirigió a galope hacia él (vamos, como las portagayolas en la Maestranza; aclaro, el término es taurino y no auto-erótico), y tuvo que esquivarla saltando a la cuneta, a semejanza de mis bochornosas actuaciones en las capeas.
En Vilachá no hubo vacas que arrear, pero sí una señora muy (sospechosamente) interesada en mi ropa interior. Acabó despejando, y el sol nos otorgó “su bendita presencia” en forma de luz y calor. El embalse de Portomarín poseía reservas suficientes, por cuanto, al estar semi-lleno, no se divisaba el pueblo anegado, como la vez pasada. Al coger la escalinata justo después de una parada, me resultó matadora.
Subí la cuesta de Castromayor con un pamplonica que andaba como si estuviese corriendo los sanfermines, así que llegué a Hospital de Cruz (34,94 kilómetros) antes que la propia encargada. El albergue había sido remozado hace poco, y quedaban a la vista las vigas de madera en la techumbre abovedada. Conocimos a un sevillano que había descubierto en la universidad que su vocación era la carpintería. En el restaurante tenían Estrella Galicia, esencial para reponer líquidos y mantener así el balance hídrico.
El ruido de esa noche era al de la de los roncadores como las líneas de expresión a las arrugas, nada más que un atisbo. Las literas de dos en dos se convertían en la práctica en camas de matrimonio, y prueba de ello es que teníamos a dos parejas a ambos lados.
En relación al goteo de peregrinos que se produce a partir de este punto, a mi entender la masificación lleva a la vulgaridad, a las prisas, a las colas y a todo de lo que nos pretendemos alejar cuando nos entregamos al Camino buscando tranquilidad.
Para no segmentar las etapas, os emplazo dentro de una quincena en esta tribuna. Disfrutad responsablemente,
Alberto.
Queridos amigos:
Mucho tiempo, incluso meses, ha transcurrido desde mi última crónica llamémosla corriente, tanto que puedo haber olvidado la mecánica (nunca fue arte) para redactarlas. Seguiré pues el lema de San Benito de Nursia, que titula esta pieza: “reza y trabaja”. Os puede parecer que mis días y mis noches son de vino y rosas, y que voy de boda en boda y tiro porque no me toca, pero todo es consecuencia de la periodicidad escritora. Así pues, voy a procurar redactar algo digerible, sin egagrópilas (amasijo de pelo y huesos que las aves carnívoras no pueden asimilar y en consecuencia han de regurgitar).
Cierto es que media docena de bodas impactan con fuerza en cualquier calendario y presupuesto, mas de una forma u otra ha sido un placer asistir a las mismas. Ya tengo otra (no sorpresiva) anunciada para el año que viene, la víspera de María Auxiliadora.
Antes de que deje de exhibirse, procede comentar la película Mamma Mia. Para lo que hayáis visto el musical, es su filmación. Se nota quiénes somos los fanáticos de ABBA, porque nos sabemos todas las canciones (algunos las vocean sin ningún pudor) y porque somos los que reconocemos los cameos de los miembros del grupo (los chicos, porque ellas, dobles parejas en algún momento, sólo ponían la voz y el físico). A los que nos encanta el grupo (vale, sí es muy mariconesco, ¿qué le voy a hacer?), salvo que vayamos con criterios estrictamente cinematográficos, no nos defraudará. Coinciden los momentos de más lucimiento: el “The winner takes it all”, por la emotividad, el “Voulez-vous”, por la coreografía y el “Chiquitita”, por el humor. La localización, en una isla griega de verdad, obviamente mejora a los decorados del teatro. La voz de Meryl Streep y Pierce Brosnan deja bastante que desear, y no salen demasiado de su rol (ella es de por sí tristona y no vitalista, y él, un superagente poco sensible). Por su parte, Colin Firth está demasiado suelto sobre unas plataformas como para no sospechar…
Hablando de sexualidades en cuestión, si no os gusta mi propuesta, me lo haría mirar. Dejo una tarea para los varones heterosexuales (que yo sepa, todos los destinatarios de estos escritos): si no conocéis todavía a Sara Carbonero, poned las noticias del fin de semana de La Secta, que ella tiene a su cargo la información deportiva. Debe de resultar muy difícil no quedar eclipsada cuando te da paso Cristina Villanueva, y ella es de las pocas que puede conseguirlo (además de que yo rompa mi fidelidad a la antedicha).
He de subsanar un error que se me coló en la última crónica de la boda en el Monasterio de Piedra, por desactualizado. La dirección del establecimiento es: www.avanclinic.es
Quizá sea ya hora de volver a los libros:
- “The Scales Of Justice”, de John Mortimer: publicado en el septuagésimo aniversario de la editorial Penguin, consta de sendos relatos cortos sobre un abogado londinense, uno de su infancia y otro de su profusa práctica profesional.
- “Si te dicen que caí”, de Juan Marsé: evocando su infancia en la Barcelona de la posguerra, el autor pinta un cuadro sórdido de penuria y degradación, de delincuentes comunes que disfrazan sus fechorías de oposición al Régimen, niños corruptos desde la más tierna infancia, prostitución y contrastes sociales. Presenta una estructura muy desorganizada y lenguaje de las clases marginales.
Otro gozoso retorno, el de mi despedida favorita: ¡muaks!
Alberto.
Queridos amigos:
Una incorporación digna de mencionar en el refugio fue la de una cordobesita con mucho salero, recién llegada a la Ruta. Nos contó cómo se había preparado, las expectativas que traía, la organización de su mochila y el peso que portaba, y no pudimos por menos de carcajearnos, Antonio a mandíbula batiente y yo con una sonrisilla. Le dijimos que “autoaprendería”, un eufemismo casi cruel con lo que supusimos que le vendría encima. Por su eterna siesta y porque parecía un ensayo de la modelo Laura Sánchez, fue apodada “La Bella Durmiente”. Nos pidió que la despertásemos, y lo romántico hubiese sido con “un beso y una flor”, pero en el Camino basta y sobra con un apretón en el tobillo. Como había pronosticado Antonio, ni siquiera se levantó, sino que se dio media vuelta y siguió soñando con su príncipe azul.
El Alto do Poio es objetivamente duro, por empinado, si bien es de corta duración. Enseguida viene una bajada muy prolongada hacia Triacastela, que nosotros hicimos entre la niebla. En la edición anterior acabo demostrándose perniciosa por las pausas.
No me gustan esos pueblos (Biduedo, Filloval, Pasantes, Ramil, y otros) con poquitas casas, dispersas y de calles alfombradas con boñigas de vaca. No es una crítica de pleno a Galicia, o a la cornisa cantábrica en general, mas no me agrada ese tipo de poblamiento. Tanta pendiente hace mella en los tendones. Axiomático es establecer que “subes con los músculos, pero bajas con las articulaciones”. Provoca este comentario un fuerte dolor en el tobillo de la operación, que, bien mirado, no era exactamente “culpa mía”. Paramos demasiado en un bar regentado por una chica con un claro problema de estilismo, tan extremado que su foto podría haber figurado entre las de los etarras más buscados. Eso sí, la tortilla de champiñones y el “jarrón” de cerveza estaban soberbios.
Tomamos la variante ignota, la de San Gil (¿María?), pues coger la de Samos para estar de paso por el monasterio no merece la pena. Sorprende la preciosa vegetación: zarzas, helechos, menta o castaños huecos, cuya magnitud hace preguntarse si son simplemente centenarios o ya milenarios. Están dispuestos en “tubos forestales”, e impresionan.
El cabreo que llevaba en Sarria era monumental, pues no encontrar sitio en el albergue público tras 34,24 kilómetros no puede ser más frustrante. Nos consoló comprobar que el privado reunía condiciones mucho más adecuadas. Trabamos amistad con “Las Terremoto de Fuenlabrada”, que caminaban a una media diaria de una legua y no más. Di buena cuenta de la primera tarta de Santiago que entraba como postre. Por la tarde, fuimos a misa y cerramos uno de los muchos círculos que imponen los recuerdos en el bar nada más subir las escaleras. Ese establecimiento me había proporcionado en su día el imprescindible avituallamiento líquido estelar gallego (a buen entendedor…). Cenamos en la terraza-solarium del alojamiento, donde nos atendió la hija de la dueña, a la que teníamos de lo más turbada, en su bulliciosa adolescencia de rubores y acné.
Coincidimos con unos catalanes en la habitación. “Ustedes no roncan, ¿verdad?” “No poc”. Temblando me dejaron. Así como mi padre tiene una habilidad especial para detectar a los gomorritas, yo la tengo para los roncadores, y así como hay tortas que se dan a mano abierta, hay gente que ronca a boca abierta, y acerté de pleno (¡madrecita, vaya volumen!). Su historia nos llevará a otras, pero eso será en la siguiente crónica.
Con cariño se despide,
Alberto.
Queridos amigos:
El convento tiene la particularidad de haber cocinado el primer chocolate con las habas traídas del virreinato de la Nueva España. También es noticiable el tríptico-relicario de madera del siglo XIV en referencia al Santo Misterio de Cimballa, en el cual la hostia sangró tras la consagración, para solventar las dudas sobre la transubstanciación. Pasamos por la vacía sala capitular y el museo del vino de la D.O. de Calatayud.
Volvimos a nuestro alojamiento para acicalarnos. Llevaba una camisa preciosa, azul y blanca, con rayas horizontales a un lado y verticales a otro. Su iglesia está sin bóveda por el abandono desamortizador, pero se convirtió en el marco perfecto para albergar la ceremonia. El contraste de la luz de las velas con el anochecer (y que los novios siguieran mis recomendaciones lectoras; no en vano el título procede de Mateo 7, 25b: “porque estaba construida sobre piedra”) consiguió una celebración muy especial. Además, Albinoni conjunta siempre y Gounod consiguió un Ave María de referencia.
Con tanta narración, aún no he presentado a los contrayentes: Ester, amiga de Torres de Montes, con ese concepto tan peculiar que en los pueblos se tiene de la vecindad, y Dani, al que conoció en Madrid, y que es dueño de http://www.corporacioncapilar.es.
Ambos derrocharon simpatía: Ester, con su gasa blanca al cuello y los hombros descubiertos, y Dani, con su habilidad para comportarse por igual en las esferas más dispares. De la cena destacó su ubicación (dos alas del claustro), el postre (transcribo para que os relamáis: “Milhojas relleno de nata bañado con chocolate caliente con helados de manzana verde y yogur sobre teja con coulís de frutos del bosque”) y la nunca vista carta de puros (para elegir los habanos de entre una selección de cuatro, cortesía parece del padre de la novia). La portada de la carta había copiado un dibujo de la madre del novio, que a sus dotes pictóricas sumaba las de relaciones públicas.
Momentos de petardeo no faltaron (gracias, Marta, cielo, contigo es imposible pasárselo mal): El Imperio Contraataca (Los Nikis), Háblame de Ti (Los Pecos) y Simply the Best (Tina Turner), así que tuve que sacar mi camiseta de las bodas (seis de seis en 2008).
Tengo que reseñar un fallo imperdonable, para que los futuros enlaces tomen buena nota: es un error garrafal que la única cerveza que se sirva sea Cruzcampo (la llamo cerveza porque tengo entendido que su fabricación es por un procedimiento similar, pero no merece tal nombre). Me pasé al pacharán con naranja, enorme digestivo.
Alguna baja sufrimos, de ésas que no acaban de aparecer ni aunque se busque entre las ruinas con la tenue iluminación de dos móviles y que había buscado refugio en un sitio de lo más aseado, pero nada tan simio que no pudiera dormirse hasta el domingo.
Al mediodía siguiente sirvieron un almuerzo, fenomenal idea para reparar nuestros castigados cuerpos. Bien curioso es ver a pleno día y con ropa de calle a quienes únicamente habías conocido de gala por la noche; da bastante para meditar. Me dejaron en el autobús treinta segundos antes de que partiera, así que, aunque justos, llegamos.
Mis parabienes a los recién casados,
Alberto.
Queridos amigos:
Procuro escribir las crónicas del Camino seguidas, en la medida de lo posible, con el fin de mantener vivos los recuerdos y de que sigan una cierta unidad estilística.
Lo dejábamos en los albores de la etapa más comentada y temida por los caminantes en este tramo final, la de O Cebreiro. Permanece en el imaginario colectivo como el león de Nemea, el gran monstruo que hay que derrotar para completar los “trabajos de Hércules”. No cabe vencerlo de manera pírrica, porque irás arrastrando sus secuelas hasta el borde del abandono, como precisamente nos ocurrió el año de nuestro debut.
Mientras apurábamos el andadero y la carretera, dimos un completísimo repaso a todo el elenco de las presentadoras de televisión patrias, cuyo conocimiento era obligación para Antonio, por su empresa, y devoción para mí, habitual de las noticias de La Sexta.
A Portela, Ambasmestas, Vega de Valcarce o Ruitelán son como los amores no correspondidos, que hay que dejarlos atrás cuanto antes, sin rencor pero con decisión. Al pie del puerto me tomé una cervecita y un bocata de queso que me hicieron subir como un cohete: de Herrerías a La Faba en 35 minutos y a la cima en 50 minutos más.
En las pendientes muy pronunciadas conviene tomar la postura de Pozí, totalmente inclinado hacia delante. En mitad del ascenso se entra en Galicia, momento que muchos incautos aprovechan para sacarse fotos, y en ésas que pierden el ritmo y se enfrían, y luego que se les hace duro. El orvallu, calabobos o chirimiri (denominaciones de oeste a este) de mitad de la ascensión se había convertido en fuerte lluvia en la cumbre. Ante el temor a que arreciase todavía más, decidí proseguir sin solución de continuidad.
Hubiera podido presentarme a Míster Camiseta Mojada, por meteorología y cuerpo. Tan concentrado estaba en hacer buenas medias que casi me atropella un autobús, como si no hubiese salido aún de Babia (comarca del antiguo reino de León a la que se retiraban sus monarcas a cazar y holgazanear, y que ha quedado como sinónimo de despiste). En Liñares, debido al ventarrón, no me hubiesen sobrado para nada unas piedras en los bolsillos. Esta posición, ligeramente encorvada para resistir el aire de cara, es la que está bien reflejada en Monumento al Peregrino del Alto de San Roque (1270 metros).
Llegué exhausto al refugio de Hospital de la Condesa (30,04 kilómetros), donde era de todo punto imposible introducir a más gente en menos espacio. Acabaron llegando algunos conocidos de los que parece que ya nos habíamos despedido, como Teruel Existe. El menú no incluyó nada estofado: caldo gallego, chuleta de cerdo y ciruelas.
El agua es el enemigo mortal de cualquier caminante: dificulta el avance, no se seca la ropa lavada, cala las botas y la mochila y, a mí particularmente, me produce mucho desánimo, porque tenía todos los visos de continuar, según los pronósticos del tiempo. Al menos, físicamente no presentaba problemas acuciantes (eran todos de poca moral).
Lo más reseñable de la noche es que evitamos “in extremis” el desplome de la litera, esto es, de Antonio sobre mí, lo que hubiera podido ser del todo funesto y hasta letal.
Antes de que os deis cuenta continuaremos,
Alberto.
Queridos amigos:
Lejos de homenajear a la virtud de la paciencia, intención de todas formas loable, como la boda que me dispongo a narrar tuvo lugar en el Monasterio de Piedra, muy a propósito resulta afirmar “La gota rompe la piedra, no por fuerte, sino por pertinaz”. El fin de semana tuvo mucho más que ese acontecimiento, luego como sobrepasaría con creces la extensión habitual de una página por crónica, he decidido partirla en dos. No significa que los quiera el doble, pero me parecía feo propinar un bajonazo súbito.
Un amigo del pueblo, que trabaja en la Confederación Hidrográfica del Ebro (cuyo lema es una frase antológica: “Más vale buena bronca que buena sudada”), aprovechó las ofertas que les hacen en su institución de pasar temporadas a un precio irrisorio en las denominadas “casas del ingeniero”, es decir, las que ocupaba el jefe técnico durante la construcción del pantano y que al concluir quedaban deshabitadas. En concreto, ésta se encontraba a la cabecera del embalse de La Tranquera y distaba unos 20 minutos de Nuévalos, por una carretera sinuosa, con curvas dentro de los propios túneles, como la del circuito de Mónaco, la que pasa por debajo del hotel Loewe, entre la de Poitiers y Nouvelle Chicane (fuente: Gonzalo Serrano). El paraje, apartado y con vistas a la presa, contaba con piscina (no climatizada, como tuve ocasión de comprobar tras un baño más bien temerario) y pista de tenis. Eso sí, el interior no dejaba de resultar algo tétrico, con sus innumerables habitaciones, su Santo Domingo de la Calzada a tamaño natural con su gallo y su gallina y su pianola desafinada, que tuvimos a bien (mal) aporrear. Podría haber servido para la localización de cualquier tipo de películas, sobre todo de las de porno gótico, porque estoy convencido que habríamos hallado una cámara de los horrores si hubiéramos indagado por todas las plantas de nuestra gigantesca mansión.
El viernes me aguardaban mis amigos de Torres de Montes en Calatayud para cenar. Contundentes tanto el revuelto de setas como el entrecot a la pimienta, no nos salió cara. Intentamos ir de marcha, pero tiene menos animación que Burgos entre semana, así que hubimos de emigrar a Ateca, donde se anunciaba un festival de samba (¡por esos lares!) y un concierto de “agrorrock” por parte de Defizienzia Radiaktiva y Elektro-Taska (no sé si había tantas faltas de ortografía en el cartel, pero es k los anarkos somos asín…).
Pasamos la mañana del sábado visitando, gracias al azar y a despecho de algún muy blasfemo amigo, quien aceptó de mal grado el veredicto de la moneda al aire, el complejo del Monasterio de Piedra. Para los que todavía no hayan ido, consta del edificio religioso y el parque, y el nombre no se debe al material, sino al río que lo ha formado. Con un terreno con abundancia de carbonato cálcico, el agua que se filtra forma grutas, como la Iris, bajo la cascada Cola de Caballo. Es un paseo ameno, rodeado de una insuperable belleza natural, obra de Dios que el hombre debería imitar (inciso: así se condensa la filosofía arquitectónica de Antonio Gaudí, archirreligioso). Incluye una vuelta por la piscifactoría pionera en España, donde las truchas vuelan a por los mosquitos, por la caudalosa catarata Caprichosa y por la zona de Los Vadillos (como mi cole de E.G.B.). Muestran rapaces, con pájaros tales como el águila calva, el búho real, los halcones peregrino (el animal más veloz) y gerifalte (el principal de la cetrería) y el alimoche, y alguna pájara (¡menuda cuidadora, mejor dicho, “rapaza”!).
Quince días para la continuación,
Alberto.
Queridos amigos:
Al ser día de mercado, el jaleo en la calle comenzó pronto, si bien en nuestro hostal había empezado mucho antes. Una fogosa pareja, que supusimos contiguos, nos había atronado con sus gemidos. Según Antonio, fue como una peli porno, pero sin imágenes.
Con el comienzo del día, habíamos cerrado el círculo de nuestro periplo por el norte de España, que en 2004 nos llevó de Ponferrada a Santiago, y luego recomenzamos: 2005 de Somport a Puente La Reina, 2006 de Puente La Reina a Burgos, 2007 de Burgos a Astorga, y las dos etapas que llevábamos en 2008. A partir de ahora pisaríamos terreno conocido, con lo que los recuerdos se agolpaban, desde que éramos párvulos en esto.
Con nitidez recordábamos la primera posta en Compostilla, en su origen poblado “ex novo” para los empleados de una compañía eléctrica, o Fuentes Nuevas, la primera parada de hace cinco años, con pantagruélico desayuno para las pocas fuerzas que habíamos gastado. Camponaraya posee una (y sólo una) semejanza a Florencia (viaje pendiente), con su casa sobre el puente al estilo de las que hay sobre el río Arno.
Notamos Cacabelos más apagado que antes. Nada había cambiado, con su colmado de frutas y la calle larga empedrada en el mismo sitio, pero la sensación era moribunda. La memoria me debe de flaquear, porque el itinerario parece que no ha variado: no recordaba Valtuille de Arriba y sí un taller de escultura al aire libre que nunca apareció. Subí el pistón de la marcha, sin dejar de disfrutar del recorrido ente viñedos, hasta alcanzar a una pareja aragonesa (los denominábamos Teruel Existe) ya amiga.
Villafranca del Bierzo fue una efímera capital de provincia y, por tanto, sigue siendo una villa señorial, con la Puerta del Perdón (en caso de extrema necesidad, habiéndola alcanzado se obtenían los mismos beneficios religiosos que en la propia Compostela) y la calle del Agua. Más moderno es el acondicionamiento de los márgenes del río Burbia.
Para llegar a Pereje (27,86 kilómetros en total) hay que continuar por un andadero anexo a la Nacional VI, demasiado asfalto recalentado a esas horas. El albergue resultó una gratísima sorpresa, en madera y con sitio de esparcimiento detrás. Como llegué el primero, pude instalarme con toda tranquilidad en el sitio que prefiriese. Por no aparecer no estaba ni fray Luca (no Paccioli, tranquilos), el carmelita descalzo que estaba al cuidado. Me parecía curioso que dejasen al cargo a alguien que no sabía prácticamente nada del idioma castellano, pero la poliglosia es parte de la magia del Camino.
En el pueblo se daba un monopolio de oferta de libro: con un bar no más y sin tienda, la alternativa al hambre es el sobreprecio (no excesivo por lo a gustito que se estaba con una macro-jarra helada de Mahou, un placer en cualquier lugar y más en los recónditos). Nos desafiaron a que nos bañásemos en el río Valcarce. El agua fría y el hielo son mano de santo para recuperar las piernas, como bien ha comprobado Antonio este año. Para lo que ya no puede ser tan bueno es para el tamaño del “asunto”, así que gentilmente no me sumergí, ni siquiera para contar la machada. Además, no había dinero de por medio.
La noche transcurrió de forma sorprendentemente tranquila, de las que sirven para poner a punto para el día siguiente, mas esto ya será narrado dentro de dos semanas.
Disfruten mientras tanto, señoras y señores,
Alberto.
Queridos amigos:
Demasiado se ha hecho esperar la crónica de la penúltima boda del año (salvo sorpresón), pero no quería cambiar la alternancia de las del Camino y quedaba pendiente otro evento cronológicamente anterior. En concreto, contraían matrimonio David y Noemí, que llevaban unos once o doce años saliendo. Se conocieron en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos (no podía resistirme a un título tan rimbombante). Como reza el encabezamiento pues, “lo que los dioses quieren acontece pronto” (obviamente me refería al emparejamiento).
David, de Guadalajara, fue compañero en el Colegio Mayor, comensal en la misma mesa durante cinco años, introductor a la telerrealidad y de los poquitos irreductibles no progres confesos (unos 8 sobre 270, porcentaje que a ellos les parecía excesivo). De algo que me arrepiento profundísimamente es que no me expulsaran del Chaminade por buen comportamiento, única manera de que te echaran de allí, por lo visto y oído.
Dejando a un lado estas batallitas, se casaron a finales de agosto en San Fermín de los Navarros, una coqueta iglesia de Chamberí, con la capacidad justa para los invitados a una boda media, el sesquicentenar. Está blasonada con las cadenas del escudo de Navarra, cuyo origen se remonta a la batalla de las Navas de Tolosa, cuando Sancho VII de Navarra (“el Fuerte”) penetró hasta la tienda del califa almohade Miramamolín. Por eso me hace tanta gracia (mejor reír que llorar) que exista un partido independentista que se llame Nafarroa Bai, o que los consideren los precursores de la nación vasca.
Llegué pronto al templo, y cuando la gente entraba, ignoro si instintiva o políticamente, se agolpaba conmigo a la derecha. Muy original resultó la primera lectura, del libro del Eclesiástico (26), sobre las virtudes de la esposa. La segunda fue el himno paulino por excelencia y el evangelio, la casa edificada sobre roca, a sugerencia mía y que voy popularizando. La rapidez de la fotógrafa en percatarse de que su pelo se estaba chamuscando nos privó de una escena de Vídeos de Primera, máxime porque coincidió con el “Sí, quiero”. Casi nadie se percató en su momento, y nos enteramos a la salida.
Por su extraordinaria calidad, me permito reproducir el menú del hotel Hesperia (como el del motín del Barça): gazpacho de frambuesas silvestres con aceite de tapenade, rodaballo con guiso de boletus y salsa albariño, sorbete de mandarina al cava (para ellas) o sorbete de lima verde al cava (para ellos), dúo de solomillos con abanico de manzanas y fresas, micuit de chocolate caliente y centro de caramelo, café y minardises (a base de almendra). Para beber sirvieron un blanco de Penedés (Viña Heredad), un tinto de Rioja (Marqués de Arienzo Crianza) y un Brut Nature (Aria de Segura Viudas).
Para desmontar el tópico sansigriano con las chicas de E-3, asistió la novia de mi amigo Jesús, Laura: guapa, alta, rubia, inteligente, marchosa, sensata y agradabilísima (olé).
La fiesta posterior estuvo apoteósica. Buenos presagios la acunaban desde que ingresaron los novios en el salón de forma para nada casual al son de Downtown, una canción de “nuestra niña azul” (Virginia, de O.T.). Además, compartimos gustos musicales, si exceptuamos que mi veneración por Queen es sustituida en él por U2. Supongo que mantuve el mismo grado de protagonismo que en la mesa, por cuanto un chaval no paraba de grabarme (tendría material para todo un reportaje audiovisual).
Pareja, sed enormemente felices,
Alberto.
Queridos amigos:
La etapa estaba resultando dura, por cuanto tras un ascenso de unos 600 metros en la anterior, el descenso no era de menos de 800 en ésta, con lo que conlleva de desgaste de rodillas. Merece la pena recordarlo, por un grupo de cinco robles milenarios o por el placer de ir avanzando por entre la bruma. El primer pueblo significativo de la bajada es El Acebo. Allí paramos en una tienda regentada por Josefa, con su parloteo incesante. Yo le di carrete, pero Antonio me susurró “La próxima palabra que va a salir de mi boca es Adiós”, y lo cumplió a rajatabla. Los tejados en la zona del puerto son apuntados y de pizarra, para evitar la acumulación de nieve. Nada más salir, se encuentra la variante a la herrería de Compludo, bastante interesante desde el punto de vista etnográfico, al parecer. Numerosos chistes amenizaron el prolongado descenso, tanto para distraer la atención de los problemas articulares como por su inicial finalidad recreativa. Desde Riego de Ambrós, buena parte del Camino se anda ni más ni menos que sobre roca viva.
Molinaseca es otra de las localidades con buenísima pinta de las que lamentablemente hay que prescindir por los itinerarios marcados para que las etapas tengan una duración similar. Invita a descansar la explanada, casi playa artificial, que hay frente al puente romano sobre el río Meruelo, en un entorno cuidadísimo, casi de estación alpina.
Lamentablemente, una vez abandonado este remanso de belleza y paz, nos topamos de bruces con un ingrato y largo periplo por el asfalto recalentado del mediodía.
A ambos lados veíamos casoplones que ríete tú de los pisos de la glorieta de Rubén Darío. Ponferrada persistía a nuestra derecha, y parecía que jamás íbamos a llegar, sensación que se acentuó por el recorrido por los suburbios que tuvieron a bien poner, si bien la etapa no era ni mucho menos demoledora (26,60 kilómetros). Habíamos reservado un hostal en el centro de la ciudad, en la plaza del mercado de abastos, para evitar la masificación del albergue de insomne recuerdo, y nos parecía de un lujo asiático. Es más, la mampara del baño no estaba ajustada del todo, y con el charco que se formó en el suelo, podía asemejarse todo él a un jacuzzi. En serio, la única ventaja era contar con un aseo en la habitación, lo que impidió lo de todas las noches, que yendo y viniendo al excusado procesiono casi más que por el día (acá ya exagero).
Comimos el menú del día con unos currelas, a los que sólo les faltaba el carajillo y el rosli. Para compensar, cenamos en un restaurante con un patio interior, precioso, con decoración añeja. Mientras daba cuenta de unas carrilleras de ternera, estábamos hablando de conceptos abstractos, como el de guerra y el de nación. Aproveché para quedar con una amiga del Isabel de España, de ésas que hace una eternidad que no veía.
Seríamos injustos con Ponferrada si no comentásemos su estilizada Torre del Reloj y la Basílica de la Encina (cuenta la leyenda que un caballero templario encontró una imagen de Nuestra Señora, que había sido escondida apresuradamente ante el avance de las huestes musulmanas, en el tronco de este árbol), aparte del Castillo. Asistimos a un encuentro de oración, en el cual se evidenciaron nuestros graves problemas de afinación al entonar Santa María del Camino. Ante la escasa concurrencia, escuchamos el diagnóstico más lapidario, por sucinto a la par que contundente, de lo que se ha convertido la Ruta Jacobea: “mucho caminante, pero poco peregrino”.
Con esto, nada más que añadir hasta la siguiente crónica,
Alberto.
Queridos amigos:
La conveniencia de intercalar las crónicas del Camino de Santiago hace que las usuales se espacien más de lo debido. Además, ésta es continuación de la de hace dos semanas, por lo que lleva los colores laurentinos (“blanco y verde”). Tanto tiempo transcurrido y la pérdida de frescura de vivirlo a transmitirlo hacen que no sea sino un pálido reflejo.
Nuestra rutina era idéntica todas las noches: Alt Berlín (cervecería donde hemos conseguido infiltrar a una del pueblo, y nos estamos pensando adoptar a la rubia) y La Parrilla (que por la música se ha convertido en el Cañas redivivo; el día del concierto de Conchita, la ñoñísima, lo que escuchamos al llegar fue “Sin vicio no puedo estar, ¡vicio!, ¡vicio!” en voz muy ronca, lo que nos desconcertó bastante). De todas formas, no hemos tenido una canción del verano como tal. A temas de toda vida como “Estoy llorando por ti” se les han unido auténticos himnos, a saber: “Can’t take my eyes off of you” (una de las mejores de la música de todos los tiempos), “Hago chas y aparezco a tu lado” (predicable lo mismo, salvo por la menor difusión) o El Equipo A (sombrerazo).
Como las frases de las fiestas, prevalecen al alimón las siguientes:
- “¿Habéis visto El Síndrome de Svensson? Déjalas, que no entienden de cine.”
- “Yo es que soy brasileña, pero mi padre es de Robres” (exótico por excelencia).
- “Te tenías que haber enrollado la trenza a la patilla de la gafa, como una parra.”
En el capítulo de restauración, contrastó la desastrosa elección de un restaurante español (tardón, malo y caro) con la apuesta segura, por eficiente, del chino de todos los años.
El antepenúltimo día comenzaron a caer unas cuantas gotitas, que hacían un efecto fabuloso con el juego de luces de la Alegría Laurentina, pero el problema surgió cuando empezó a llover más fuerte. Los sumideros debían de haberse embozado, porque al poco rato se inundó, y teníamos casi dos palmos de agua (bueno, algo he exagerado, aunque no mucho) corriendo por los pies. El penúltimo día acabó de forma espectacular, con una media hora de música discotequera de una clase tremenda, que impulsaba a una motricidad insospechable a esas alturas de la semana. Y hablando de alturas, tan repetitivo como un melón por la noche resultaban los escaladores (simios frustrados) a la estructura del recinto y los avisos con insultos del pinchadiscos de turno de la peña.
La presencia de Luis Carlos alguna noche funcionó como foco de atracción de féminas.
Del resto de la estancia en Torres de Montes, poco hay para reseñar, pues la existencia era vampiresca: dormir de día y salir de noche. Aun así, cumplí el reto de los mil (1000) largos, si bien con apuros y síntomas de congelación. Redescubrí dos juegos de cartas infantiles: el “guiñote-cabrón” y el “mechero” (incruento si y sólo si las uñas se llevan cortas). Falté a mis obligaciones de misa dominical, porque las campanas no repicaban.
El viaje de vuelta me pareció raro: amenizado por una selección mixta entre las Tatu (las pseudo-bolleras rusas) y el “heavy” puro, interrumpido por un control de equipajes en la estación de autobuses de Zaragoza (¿quizá por la seguridad cara a la Expo?) y finalizado viendo a una policía nacional que podría ser portada de cualquier revista.
Concluye aquí el par de crónicas de los sanlorenzos, como siempre de gratísimo recuerdo. “Les queremos” (como dirían Patricia Pérez y Víctor Sandoval),
Alberto.
Queridos amigos:
Dormir demasiado parece que está fuera de mi alcance, así que nos levantamos antes que el trío de curas (muy diferente de “curas haciendo un trío”) y partimos a la quinta edición de nuestra andadura por el norte de España. Dicen que para ir al fin del mundo (Finisterre para los antiguos), lo primero es dar un pequeño paso. Pensábamos desviarnos a Castrillo de los Polvazares, pueblo maragato arquetípico, pero la variante no está bien indicada. Los nombres de las localidades que atravesábamos resultaban bastante curiosos: Murias de Rechivaldo (no recuerdo haberlo estudiado en la lista de los reyes godos) y El Ganso (supongo que sus habitantes tenderán a hacer el ídem).
Una vez pasado Rabanal del Camino, la ruta era un continuo ascenso. La etapa se endureció por el viento, que casi siempre entraba de cara (obsérvese la precisión en la terminología, digna de una retransmisión ciclista del admirado Carlos de Andrés). Alargamos hasta Foncebadón (25,13 kilómetros), para homogeneizar las jornadas, y, en este caso, partir la dura subida al monte Irago, cumbre venerada por la tradición celta.
En un pueblo situado a 1440 metros de altura sobre el nivel del mar (pregunta del programa: en Alicante) no puede hacer más que frío, tanto que en la espera me quedé destemplado. Es un pueblo minúsculo (un habitante de continuo), que vive de los peregrinos: cuenta con un restaurante (que para un menú a base de ensaladilla rusa, albóndigas y helado basta y sobra) y un alojamiento regentado por unos “jipis” (igual alguno los reconoce más como “hippies”). La verdad es que yo no les tengo ningún aprecio; una excelente amiga los llama “los pulgosos”, porque dice que son ellos los que le pasan pulgas a su perro, y no viceversa. Me hace gracia que digan que así están más liberados, cuando sólo podemos estarlo si nos atenemos escrupulosamente a las normas. Es funesto que este tipo de comportamientos se consideren exponentes de la mayor modernidad, cuando en realidad están de lo más periclitado (Antonio, conseguido está).
El albergue parroquial tenía menos comodidades, pero poseía una capillita donde podías consultar el Misal Romano, un vademécum para celebrar cualquier eucaristía o ceremonia sacramental católica. Los españoles estábamos en minoría (dos quintos, aproximadamente). La cena fue comunitaria, y la preparó una magiar, al socaire de la cual tuvo lugar la siguiente conversación (dedicada a Leandro):
- Antonio: “Las húngaras lo que mejor hacen no es precisamente la comida.”
- Alberto: ¿Qué quieres, que se pongan a rodar aquí mismo una película porno?
Se anunciaban justas medievales por la zona, y una de las pruebas emblemáticas consistía en acertar al estafermo (salió también en SyG; es un objetivo antropoide fijo).
Reemprendimos la siguiente jornada algo más tarde. Casi habíamos completado el ascenso, pero en zonas de montaña la visibilidad es sobremanera conveniente. Alcanzamos la cima prontito, con lo que la Cruz de Hierro (tiene su equivalente en otro puerto francés) nos recibió en el orto. La tradición es amontonar piedras que has tenido que portar durante la subida, luego es mejor depositar un guijarro que un menhir.
Una pareja que iba delante nos señaló unos corzos, y nos percatamos de que quizá caminamos demasiado aprisa, apenas gozando de las maravillas de la naturaleza.
Con las vistas de la sierra del Teleno, me despido hasta la siguiente crónica.
Alberto.
Queridos amigos:
Pongo el latín el título de la novela más célebre de Stendhal (“Rojo y Negro”), de quien me permito reproducir esta cita: “Los hombres deberían saber medir su felicidad no por la infinita insaciabilidad de sus deseos, sino por el goce real de los privilegios que ya poseen”. La combinación de colores no es para nada representativa de las fiestas de San Lorenzo, en Huesca, pero sí el sentido general del texto. Para disfrutarlas hay que tener vacaciones en esas fechas, algo de dinero, buenos amigos, ganas de marcha y cerveza fría, y, afortunadamente, de ninguno de los requisitos precitados carezco. De todas formas, tampoco esperéis demasiado del relato, puesto que va dirigido a los mismos protagonistas, para que esbocen una sonrisilla al recordarlo, y poquito a los ajenos.
Previo al “chupinazo”, del día 9 de agosto, es preceptivo almorzar. Ya van dos años que acudimos a restaurantes autóctonos regentados por orientales, quienes están ocupando toda la hostelería de la ciudad. Para la cantidad de trabajo que tenían, lo solventaron con dignidad, con una cierta ayuda de Sergi, de camarero, y mía, de mesero (literal, no en su acepción iberoamericana). Unicamente una chinofobia exacerbada puede explicar el estado de los lavabos, pringados enteritos de kétchup por unos desalmados.
Al caer en sábado, la multitud que suele agolparse en la Plaza de la Catedral colmaba también las calles adyacentes. Cuando se despeja, hay guerra (que no concurso) de camisetas mojadas (inservibles, pues suelen romperse durante el evento). Me había despojado de la mía cuando un descerebrado, anejo (que no ajeno) a nuestro grupo empleó la mía como proyectil. Imaginad la dificultad para encontrarla posteriormente entre un mar de jirones, pero la fe que puse para recuperarla, puesto que llevaba el anagrama de Torres de Montes, hizo que mi empeño fuera recompensado. Luego se baja con las Peñas por el Coso. La presencia de carrozas me hace definirlo como un desfile agrochuecario, pues los camiones son sustituidos por tractores y las musculocas, por un barullo de oscenses en atuendo de harapos violeta (que no lila; a todo esto, si me hubiesen tenido que incardinar, por mi físico, estoy más entre los primeros).
Tras seis horas de fiesta, unidas a las cuatro anteriores, llegamos al pueblo sobre las 19:30 y tuve el arrojo (temeridad dirán otros) de “depositarme” en la piscina y hacer un número indeterminado de largos (30, aproximadamente). Un reparador descanso y la circunstancia de que mi hermano y gente de Barcelona sólo se quedasen el fin de semana me hicieron salir esa noche por primera vez desde 2004. La siguiente noche nos deparó dos momentos inolvidables: la coreografía del “Saturday Night” por parte de Miguel (Ruso), el más veterano del grupo, y el “bolo humano”, el que arrojó mi camiseta, que resbaló con el líquido del suelo y arrolló a una chica en su caída.
Ya no hay excusa para no incluir libros:
- “Far from the madding crowd”, de Thomas Hardy: cuenta la maduración sentimental de una joven heredera, muy caprichosa en asuntos de amor, que queda deslumbrada por un apuesto militar de conducta inmoral, siente sólo afecto por un terrateniente de comportamiento intachable y acaba casándose con un granjero empleado suyo, que es quien jamás había dejado de quererla.
- “Cuentos Callados”, de Enrique de Antonio: relatos de temática castellana, algo deprimente, por la miseria que se refleja y por el tedio de la vida de provincias. Los afectos y pasiones, como los odios, son más sordos, profundos o enconados.
Continuará…
Alberto.
Queridos amigos:
Tan innecesario resulta una introducción al título en estas crónicas seriadas como imprescindibles las líneas laudatorias a don Antonio García Sansigre. También en este quinto Camino ha sido el compañero fiel, leal y ameno que todo peregrino puede desear. No ha desfallecido en ningún momento. Es más, ni siquiera ha precisado de sus reservas agonísticas. De agradecer y destacar es la armonía que ha reinado entre nosotros en los mil y pico kilómetros que hemos compartido a lo largo de todos estos años. Nunca un mal gesto ni una cara torcida aun en los momentos más duros refleja una fortaleza de ánimo y una grandeza de corazón que para mí quisiera. ¡GRACIAS, ANTONIO!
Os advierto que es probable que abuse del “yo/me/mi/conmigo”. El Camino es una experiencia eminentemente personal y por tanto así procede narrarlo. Ultimamente este defecto es predicable de todos mis escritos, puesto que para la actualidad comentaristas sobran. Cuando mis actividades sean menos ricas, pasaré a dar mis rotundas opiniones.
Superadas las presentaciones, empezamos donde lo dejábamos en la última comunicación, la de la boda de Cris. Dormí sobre una hora, y me despertó mi padre tocando al timbre del piso de mis tíos. Tal fue el susto que me levanté desorientado, sin gafas y en casa ajena. Desde luego, el cambio de vestimenta fue brusco: del elegante terno de la ceremonia y el convite a la basta ropa de caminar. Me dejó en Zaragoza para coger el tren hasta Astorga. Podría pensarse que el cansancio unido a la falta de sueño fueron buenos compañeros de viaje, pero todo lo contrario. El incesante traqueteo y la lentitud en cruzar la meseta castellana hicieron que la demora, más que tardanza, pareciese eternidad. Me esperaba Antonio, con sus padres, en la estación, puesto que su pueblo en Zamora no dista demasiado. Tras sortear numerosos baches y zanjas, llegamos al convento-albergue de las Siervas de María, grato fin de nuestro periplo el año pasado, donde nos expidieron la credencial y dejamos los bártulos de momento.
Paramos por partida doble, a tomar algo y a cenar, en Casa Lucas, conocida por sus tortillas del tamaño y grosor de un queso Gouda. Estaban celebrando en la ciudad una feria astur-romana, en la cual se podía pagar con denarios (3 euros o 500 pesetas). Dudo mucho que los pueblos celtas gozaran de una economía totalmente monetaria, como los mediterráneos, pero el matiz era demasiado sutil para que obstaculizase su desarrollo.
Visitamos, como era preceptivo, la catedral y el palacio episcopal, evidentemente desproporcionado. Quizá el obispo de turno (paisano y amigo de Gaudí) tuviera los delirios de grandeza de don Fermín de Pas (aclaro que el protagonista de La Regenta salió de esta diócesis). En la iglesia de la Vera Cruz estaban celebrando la misa en latín y con la liturgia previa al Concilio Vaticano II. Después supimos que se trataba de los seguidores del arzobispo cismático francés Marcel Lefebvre, ultraconservador y excomulgado por haber nombrado cuatro obispos por su cuenta, sin consentimiento de Roma. El detalle que más nos llamó la atención a ambos, aparte de celebrar de espaldas, fue el levantamiento de faldón que le hacían los monaguillos. Estaba yo todo acomplejado porque no sabía ninguna oración, hasta que rezamos la Salve, de tantos sábados en mi parroquia de Madrid, si bien con el Rosario y la Letanía ya no pude. Dormimos con tres sacerdotes, luego el único olor que se percibía era el de santidad (expresión que viene de la incorruptibilidad de los cuerpos de algunos santos; difiere del “loor de multitud/es”).
Ni siquiera hemos andado un paso y ya me despido,
Alberto.
Queridos amigos:
Debemos reconocer la sapiencia de Cicerón cuando afirmaba que “existen muchos grados en la excelencia”. Esta crónica servirá para loar la boda de Cristina y Raúl (empresario hortofrutícola bilbilitano; no le tengo ninguna inquina, no es un insulto, simplemente el gentilicio de Calatayud), que aconteció a finales del mes de julio.
Había llegado dos días antes a Torres de Montes, que parece que se ha convertido en lugar de peregrinación, puesto que en la festividad de Santiago se presentaron en casa una pareja catalana con su hija (más pendiente del móvil que de la “celebridad”) quienes habían decidido dar una vuelta por “el pueblo de ese chico tan majo del programa”.
Toda la familia estaba invitada, puesto que la amistad viene de largo. Si los de derechas en tiempos de la Guerra no nos apoyamos, no cabía esperarlo de las “hordas rojas”. Para que os hagáis una idea de la riqueza proverbial de “casa Mancho”, fue la vivienda que ocuparon los del Comité Revolucionario (obviamente, la mejor del lugar con diferencia) y que tuvo piscina propia mucho tiempo antes de que se construyesen las municipales.
El hecho de que sean cresos (viene de un rey de Lidia famoso por sus riquezas) no puede ocultar la relación especial que tengo con Cris, primera chica a la que le dediqué un piropo (parece que a tan precocísima edad que dudo que lo entendiera) y con quien tengo unas fotos de un Domingo de Ramos de (todavía más que ahora) chiquitines. Con estos antecedentes, obvio resulta dejar claro que fue mi amor (platónico) muchos años.
Así pues, me extrañaría que se case alguna vez en la iglesia de Torres de Montes novia más bella y cariñosa (apretándome la mano camino al altar me ganó definitivamente).
La ceremonia fue amenizada por dos sopranos, que bordaron el Ave María de Schubert y el Dúo de las Flores de la ópera Lakmé de Léo Delibes (novedad muy de agradecer).
Por no almibarar la narración, no me gustó ni la elección de la segunda lectura (¿por qué escogerla fuera de la Biblia con tantas maravillas que hay allí, y además este símil corresponde al Reino de los Cielos en Mt, 13, 45-46?) ni la obsequiosidad del oficiante (única y última vez que hablaré mal de don Blas, pero parecía un lametraserillos).
No puedo dejar pasar la demostración de dignidad y orgullo en el mejor sentido de la abuela (Toíta). Casi impedida y bordeando los cien años (emplea silla de ruedas), se propuso llegar a pie a su sitio y, aunque tardó una eternidad, vaya si lo consiguió. A continuación, sirvieron el primer aperitivo en el entorno de la piscina, recién reformado.
Nada más llegar al hotel en Huesca, sacaron el segundo cóctel, preludio de una cena en la que destacaron el solomillo con tapa de foie y el Protos (tinto reserva de Ribera del Duero, del que quizá ingiriese más de la cuenta). Nos sentaron con unas amigas de la hermana pequeña de la novia (un auténtico encanto), a quienes mi madre, tras verlas con un habano al más puro estilo Saritísima, no dudo en denominar “las apuradas”. Poco es de extrañar que surgiese mi travoltismo, acentuado porque a la usual camiseta negra ajustada se le unía un pantalón blanco, de forma que a punto estuve de no llegar al tren.
Concluye aquí el reportaje de este enlace de postín, digna del papel couché, no sin antes reiterar mis parabienes a la feliz pareja. ¡Enhorabuena!,
Alberto.
Queridos amigos:
Procuro que los títulos sean ilustrativos del contenido. En esta crónica, “el gladiador está elaborando su plan en la propia arena”, expresión que para los romanos indicaba que era ya demasiado tarde. Así pues, y por segunda vez consecutiva, va de fracasos.
Por alarmante que parezca la introducción, no lo es tanto, porque se ciñen al ámbito televisivo. Surgió la oportunidad de acudir a un concurso de Cuatro, llamado Password, y pasé los “castings” telefónico y presencial, luego me gané el derecho a participar. Consiste en sugerir al invitado “famoso” una palabra dándole pistas de un solo vocablo cada una. Luego se invierten los papeles y adivina el concursante. Las rondas iniciales son de treinta segundos y los participantes intercambian a los colaboradores. Quien más aciertos tiene al finalizar esas cuatro tandas, pasa a la final, donde ya se pone en juego dinero. Pues bien, fui eliminado en la fase del comienzo. No estoy especialmente disconforme con mi actuación (no me atasqué del todo e incluso adiviné alguna con gran fortuna), simplemente fue mejor mi contrincante. Claro está que existe un componente aleatorio en las definiciones que le tocan a cada uno o en la actuación de tu pareja, pero no pueden servir de pretexto a mi pobre rendimiento, máxime cuando, de haber pasado, los 2500 euros parecían bastante al alcance de cualquiera.
Me recordó a Pasapalabra: programa de habilidades verbales con una conductora inaguantable, vestido con un polo parecidísimo y sin lentillas y con chasco equiparable.
La presentadora debía de ser poco conocida, para que a mí se me escapase su existencia previa. Los conocidos que jugaron con nosotros eran Luis Larrodera (a los de Huesca no nos va bien con los de Zaragoza) y Marta Belenguer (la pelirroja que hace de Nacha en Cámara Café). En los camerinos, como los que los poblaban eran todos del mundillo, se dedicaron a “sacar del armario” a todo bicho viviente (“nobles” incluidos) y a contar la sordidez de algunas pruebas de selección, donde prima la faceta sexual sobre la mera interpretación. En resumen, y como para cometer los pecados (veniales o capitales) basta poner los medios, yo iba motivado por la ira y la codicia (“trincar pasta, y encima a Polanco”), y me llevé como penitencia la frustración por la falta de resultados.
Será emitido a mediados de agosto, sobre las siete de la tarde (los programadores no supieron concretármelo más; no es que pretenda ocultar mi intervención).
Restaba por contar la semana en Noja. Como bien sabéis, la empleo a modo de pretemporada, para afinar el cuerpo cara al verano. Procuro dormir a conciencia (casi el doble que a diario) y que no se acabe de notar que mi madre me ceba cual a gorrino en los periodos previos a la matanza (pierna de cordero empanada, ensaladilla rusa, patatas con bacalao, lomo ibérico, judías verdes tiernas, en fin, un no parar de engullir). El plan previsto fue cumplido a rajatabla (me encantaría ser siempre tan constante y escrupuloso): un “brusco” andando y otro corriendo (“brusco”: dícese de la unidad de longitud consistente en la distancia de la villa al final de la playa de Trengandín y que en nuestro sistema métrico decimal equivale a algo menos de ocho kilómetros), cien largos en la micro-piscina de la urbanización, cien flexiones, cien “pseudo-abdominales” y trote hasta el lindero del circuito deportivo por el acantilado, todo ello a diario. Fue completado por ocasionales (tres días) “baños de ola”, para los cuales no es completamente imprescindible el bañador… (de hecho, hay muchos nudistas por allá).
Procede avisaros que dentro de un par de días comienzo mis vacaciones, y que, por tanto, durante al menos tres semanas, no habrá crónica. Voy a Torres a una boda, cruzo dos tercios de la península para culminar el Camino y vuelvo para los sanlorenzos. Quedáis todos cariñosamente invitados a estas actividades,
Alberto.