El acerbo cultural

Camino 2013 (I)

Escrito por elveridico 16-09-2013 en General. Comentarios (0)

Queridos amigos:

 

Me complazco en presentaros no una superproducción, sino un cortometraje. Me causa tanta alegría porque estaba casi descartado; esta historia no llegaría jamás a vuestras pantallas, ya que creía que no habría secuelas. No obstante, aunque nada más sea una jornada, nuestra ruta jacobea continúa. Y digo nuestra porque este Camino por mucho tiempo será también de mi amigo Antonio García Sansigre, actualmente de MBA en Stanford (California), así que justo es que para él vaya mi primer recuerdo en la crónica.

 

Mi padre tuvo a bien transportarme a San Juan de Ortega, donde lo habíamos dejado en 2011. No por esta insignificancia, sino por todo lo que sigue haciendo por mí, se lo agradezco: junto con él “aprendí a vivir siempre del lado mejor del camino, donde no hay espinas” (Pimpinela). Estaba inquieto, tirando a emocionado, “con un revolver en el bolsillo y la ansiedad en el corazón”, completando la cita del doctor Watson en El Retorno de Sherlock Holmes, aunque entre Antonio y yo no haya jefe y subalternos.

 

Nada más partir, con una tímida luz en el firmamento, pasé por un pinar y un robledal oyendo poco tranquilizadores truenos. En Agés obtuve un sello para acreditar mi paso. Consistía en la proyección en un tipo de perspectiva de un peregrino esquematizado. Desde la última vez que pasamos por Atapuerca (2006), han levantado el colosal centro de atención a los visitantes del yacimiento, cuyos objetos estrella son los restos del (de momento catalogado como) Homo Antecessor. Resulta muy curioso que el descubrimiento de los huesos y herramientas tenga un origen tan casual como la construcción de una vía de ferrocarril, hoy abandonado. La tormenta se desató nada más abandonar el pueblo, afrontando una subida pedregosa y con el poncho deshilachándoseme. Las referencias para avanzar son el límite de la base militar de Castrillo del Val, marcado con alambre de espino, y una cruz en la cima. Debo admitir que mi masoquismo no llegó hasta el extremo de portar una mochila completa, sino solo con lo imprescindible. En nada se suceden dos pueblos en el valle de Riopico. El primero es Cardeñuela, donde no pude resistirme a un muy seductor cartel anunciando Estrella Galicia. Me detuve pues en el bar La Parada, y allí me reconocieron debido a la televisión. Tuve que hacerme fotos y mandarlas por “guasap” de mi propio móvil. En cambio, por la penosa experiencia de nuestro periplo anterior, pasé con premeditación por Orbaneja tomando un bocatín de jamón ibérico, ahorrándome así consumirles allá.

 

En inevitable comparación con la jornada pretérita, para evitar unos últimos kilómetros de infausto recuerdo por la solanera al conseguir abreviar una etapa (machada de Toni), seguí la variante hacia Castañares en vez de la del noreste. Bordea el aeropuerto, claro ejemplo de dinero del contribuyente dilapidado en infraestructuras superfluas. Éste sería el sitio indicado por terminología para hacer un “fuera de pista”, pero no está recomendado, precisamente por la visibilidad. Toparme con un caminante de vuelta a Francia con su burro me hace caer en que todavía no he comentado nada del tipo de peregrinos. A medida que avanza el otoño, el sesgo se orienta al anglosajón y provecto.

 

Para no sufrir los andaderos de la A-1 o la N-120, crucé el Arlanzón por un puente azul, muy cerquita de donde aprobé el carné de conducir hace casi diecisiete años. Opino que quienes se encargan de señalizar la ruta deberían potenciar este trayecto, haciendo más evidentes las flechas amarillas, toda vez que los otros dos no son puramente históricos.

 

Saludos atisbando Burgos,                                                                          Alberto.

Cádiz (III)

Escrito por elveridico 09-09-2013 en General. Comentarios (1)

Queridos amigos:

 

En cumplimiento del deber patriótico y liberal en el bicentenario de la Constitución Española de 1812 (frase a leer con voz grave, recia, firme, de español de una pieza e imbuido de un alto sentido de responsabilidad con la nación), visitamos su cuna: Cádiz.

 

Por si fuera poco, es una ciudad trimilenaria, que se dice pronto, y la más antigua de Europa occidental. Hicimos la entrada por el istmo y dejamos enseguida el coche para retroceder un instante y hacer nuestro ingreso por la sólida Puerta de Tierra, el acceso natural. Avanzamos hacia la Cárcel Real, no demasiado sórdida, y torcimos levemente para ver la portada de la iglesia del monasterio de Santa María, cuya imagen de más devoción es un Cristo camino del Calvario con feraz cabellera, por lo que lo llaman “El Greñúo”. Me llamó la atención que el “Varón de Dolores” ha sido, es y será el recurso de los hombres ante los problemas que le surgen, diferentes en cada época, al hilo de la conmovedora súplica de una madre para que su hijo no cayese en las garras de la droga.

 

El teatro romano estaba en restauración, y tenía pinta de que seguirá así por un periodo prolongado. La cúpula dorada de la catedral refulgiría para nuestros navíos que retornasen de la travesía entre ambos mundos. No olvidemos tampoco que su prosperidad en el siglo XVIII trae causa del traslado desde Sevilla de la Casa de Contratación de Indias, monopolio del comercio atlántico. La parte al mar de Cádiz se asemeja al malecón de La Habana, aunque sin coches que pierdan sus chasis a cachos con los baches (desafío a una lectura rápida de la frase precedente). No en vano, una película de James Bond (“Muere otro día”) fue rodada allí, y ya lo decía Nuria Fergó en su disco Brisa de Esperanza. Atravesamos el grácil Arco de la Rosa para llegar a la iglesia de la Santa Cruz (o catedral vieja), donde estaba expuesta buena parte de la imaginería que sale en Semana Santa. Nos sorprendió el habla tan idiosincrática de sus habitantes, tan cerrada que a veces impide su comprensión, y al mismo tiempo, fluida.

 

Media crónica y sin aparecer la comida es una anomalía a la que hay que poner fin. Atraído por el grifo de Alhambra, nos sentamos en el bar El Aljibe: ceviche de atún de almadraba, solomillo relleno de piquillos y jamón con garrapiñada (creo que de la poquita carne ingerida), timbal de verduras con provolone y milhojas de hojaldre con crema de la casa). Estaba contiguo al convento de Santo Domingo, donde están reunidas numerosas estatuas vestideras de Vírgenes, de advocaciones tan queridas para mí como María Auxiliadora (por influencia salesiana de mi padre), y Nuestra Señora del Rosario (la patrona de su pueblo, Hormaza, en Burgos; esta imagen en particular era llevada en la nave principal de la flota en el periplo transatlántico, y a causa de ello recibe la denominación de “La Galeona”, aunque sufriera más durante la Segunda República que en los procelosos piélagos del océano, pues fue quemada por las cruentas hordas rojas).

 

Tampoco dista mucho el Palacio de Congresos, de ladrillo, que ocupa la antigua fábrica de Tabacalera. Todavía quedaba mucha tarde, y la invertimos en conocer la plaza de San Juan de Dios (la de la Casa Consistorial), frente a la cual estaba temporalmente fondeado un portaaviones de la Armada. Asimismo nos acercamos al teatro Falla, sede del concurso de oficial de agrupaciones carnavalescas (coros, comparsas, chirigotas y cuartetos), con un aire al coso de Las Ventas. Aquí tengo que recordar a mi amigo Manolo, ayamontino y fanático, así que solo él entenderá este epílogo: “Y si el viejo levantara la cabeza y me viera aquí cantando”...

                                                                                               Alberto.

“Ab eo qui fecit te noli deficere nec ad te”

Escrito por elveridico 02-09-2013 en General. Comentarios (0)

Queridos amigos:

 

Si estas crónicas sirven para atesorar buenos (y malos) recuerdos, cuando menos hay que mencionar la cena en la cervecería Europa del núcleo duro de Yonmoñaco. Consistió en barra libre (28 euros) de bebida y comida, y fue bien amortizada: seis cervezas de alta calidad, y algunas, también de graduación, y cinco bandejas más postre, que salieron de la mesa tan limpias que poquito lavavajillas debió de hacerles falta. Salimos tímidamente de marcha, y amplié mi colección de vasos de cerveza gracias a mis compañeros. A todo esto, sistematicé mis vitrinas; tengo cabida para bastantes más.

 

Para no demorar más el relato de mis vacaciones, puesto que pierden significación en cuanto pasa el tiempo, hablaré del periodo en Villanueva de los Infantes (provincia de Ciudad Real). Fue precedido de una misa en la Arzobispal Castrense el día de Santiago, patrón de España, para escuchar el himno nacional a toda la potencia del órgano. Es más que probable que, al cuadrarme, superase el 1,70. Fue seguido de homenaje a los caídos.

 

La alhóndiga (otrora cárcel) de esa villa acogió un festival internacional de música clásica (sexta edición), preparado con esmero y contando con intérpretes de valía. El primer concierto fue un trompetista muy prometedor y un pianista, incluyendo Rhapsody in Blue, de Gershwin, con su incorporación de espirituales y jazz. El siguiente concierto de cámara ofrecía piezas de Reicha, Mozart y Martinu. El último estaba estructurado en torno al concepto de trío (“como dijo Josefina”), por los cuasi-adolescentes que tocaban y por los compositores (Mozart, Schubert y Beethoven). La banda municipal, en otra actuación, tampoco se salió del repertorio clásico, si bien los solistas iban algo más apurados. De distinta índole fue el espectáculo flamenco, con mozas peripuestas aunque sin demasiada conjunción. Era apreciable quién había aprendido los movimientos mecánicamente y quién con duende, arte, genio y salero.

 

No os penséis que me aburrí. Por la mañana y por la tarde hacía prolongadas sesiones de cien largos (hasta un total de mil) en la piscina semi-olímpica de la localidad, con una coda final de 150 elogiada por la socorrista. En ese vaso se podía nadar según la hora sin demasiados obstáculos, excepción hecha de inevitables mastuerzos que aparecían.

 

Mamá Framboise es una pastelería francesa en el centro de Madrid con cafetería, tan concurrida que es imposible sentarse y hay que conformarse con adquirir bollería para tomar fuera, en nuestro caso una palmera de chocolate recubierta de virutas crujientes.

 

La fundación mallorquina Yakover ha prestado a la Casa del Cordón de Burgos fondos para la exposición “Príncipes y granujas”, sobre los niños en la gran pintura europea. Muestra diferentes facetas, como herederos de un linaje, con animales de compañeros de aventuras, con juguetes o simplemente disfrutando de su infancia. Más que por su calidad artística, la muestra es curiosa por haber reunido tantas obras de una temática.

 

Probar cerveza internacional te provoca intentar descubrir sabores sorprendentes. En la Lomza (polaca, sin filtrar, de 5, 7º) me ha parecido encontrar tequila, y en la Sandels (finlandesa, de 4,7º) he hallado pomelo, aunque mi paladar dista del de un experto.

 

Para no abandonar la religión del todo, concluiré con San Agustín, quien se expresa así con su lenguaje conciso y eficaz: “De Aquel que te ha hecho, no te alejes ni siquiera para ir a ti”.                                                                                        Alberto.

Cádiz (II)

Escrito por elveridico 26-08-2013 en General. Comentarios (0)

Queridos amigos:

 

Para que estas crónicas no parezcan una glosa gastronómica, hablaré del viento, omnipresente en mayor o menor grado. Dicen con guasa que es la tierra entre dos mares, “la mare que parió al levante y la mare que parió al poniente”. Trae turismo deportivo, como los caitsurfistas y güinsurfistas (disculpas, pero me apetecía demasiado poner una castiza diéresis). Los días que soplan fuerte resultan realmente incómodos.

 

Marchamos hacia la playa de La Fontanilla (la nuestra era la de Los Bateles) para degustar en el restaurante homónimo, muy afamado en la localidad, aunque circunstancialmente sin mucha concurrencia, al borde de la arena y bajo una luna que ardía en deseos de llenarse, unas ortigas de mar (son algas), unas tortillas de camarones (pinchazo; se me suelen hacer grasientas y éstas no fueron la excepción), un lomo de atún relleno sobre risotto de marisco (tan suculento que eclipsaba al plato principal) y unas delicias crujientes de chocolate, sin dejarnos un vino Tierra Blanca, menos oloroso que el del día anterior. Retornamos pasando por el mirador del Jabiguero, bien saciados.

 

La novedad respecto al desayuno previo consistió en que el mollete era de sobrasada, pero nada más, puesto que repetimos sitio, bajo un toldo ya que picaba el sol, y hora, ésa entre diez y once que sólo pueden permitirse los ricos y quienes están de vacaciones.

 

Tras un relajado tiempo de playa, las canciones de Julio Iglesias que sonaban sempiternamente de fondo nos impulsaron a sentarnos en esa terraza. Diréis que sólo hablo de comida, pero las actividades de recreo en ese plan (necesario, no obstante) no dan para demasiada narración. Pedimos gazpacho, otra vez cazón en adobo y morrillo a la marinera, sin excedernos, en previsión de la visita vespertina a Vejer de la Frontera.

 

Este pueblo está ubicado encima de un altozano, que domina la desecada laguna de la Janda (desecada). Douglas, un antiguo profesor mío de inglés, se había establecido allí, y tenía el pálpito de que nos íbamos a encontrar con él sin necesidad de quedar de antemano. Como no podía ser de otra manera, allá estaba, tomándose una cerveza a la sombra, así que le sorprendimos mucho más que él a nosotros. Nos hizo de “cicerone” por la localidad, de callejuelas estrechas y recovecos. El monumento más representativo es su iglesia parroquial del Divino Salvador, construida en estilo mudéjar sobre la planta de una mezquita y reformada aprovechándola parcialmente. Además, la Plaza de España está decorada con coloridos azulejos y palmeras, en la mejor tradición de Andalucía. Merece la pena la visita por lo pintoresco y las vistas, más que por profusión artística. No quisiera desaprovechar esta tribuna para crear conciencia de oposición al macro-proyecto urbanístico que adulteraría la playa aún virgen de este municipio, El Palmar.

 

A la vuelta, para no perder la costumbre de bien cenar, nos tomamos una ración de pimientos asados con melva, una de puntillitas (las puntillitas comparten con el cazón en adobo la característica en cualquier carta de ser como el bono libre de riesgo en finanzas, un valor seguro) y unos jugosísimos lomos de atún rojo con salsa de arándanos y naranjas. Aclaro que en las cartas de los establecimientos adheridos a la promoción venía un dibujo de las diferentes partes (carnes) del animal, cuyo despiece se denomina “ronqueo”, por el sonido que provoca el instrumento de corte sobre el enorme pescado.

 

Riquísima despedida,

                                                                                            Alberto.

“Primus circumdedisti me”

Escrito por elveridico 20-08-2013 en General. Comentarios (0)

Queridos amigos:

 

Tras las cinco páginas papales sobre la fe, os preguntaréis qué es para mí. Es muy complicado contestar. Estoy convencido de que existe un Padre creador, que me tiene en cuenta personalmente y que envió a su Hijo como sacrificio por nuestros pecados. De ello tengo colmados el corazón y la cabeza, pero da congoja insatisfecha que a veces no pase a mis manos y a mis actos (bueno, casi nunca), sin abrirme al amor al prójimo.

 

“Destrascendiendo” a marchas forzadas, hablaré de mis vacaciones en Noja con mis padres a principios de (este) julio. Fueron eminentemente deportivas, porque es lo que me apasiona y de momento, sin ninguna responsabilidad familiar ni demasiado ajado ni desfondado, me es posible. El programa comenzaba con ocho kilómetros corriendo por la playa, otros ocho andando y baño intermedio (con agua, si no gélida, “vigorizante, pues el Cantábrico refresca). Para comer, el protagonista indudable fue el bonito, sean sus ventrescas (fresca o en conserva) o sus medallones, sin olvidar unas sabrosísimas carrilleras de ternera, con su gelatina. La siesta se prolongaba hasta mediada la tarde, momento en el que tocaba caminar otra vez hasta el Brusco (misma distancia que antes), nadar cien largos en la piscina de la urbanización (ningún mérito al ser una semi-semiolímpica) y hacer cien flexiones. Parece un montón, aunque creo que acabé ganando peso. Volviendo a los calores madrileños, semejaba que hubiera holgado en Saturno, de pura desconexión. Una estancia tan marítima se merece el lema que el emperador Carlos entregó a Juan Sebastián Elcano, vasco de Guetaria, al completar tras penurias sin cuento la circunnavegación del globo: “Fuiste el primero que me rodeaste”.

 

El restaurante Tepic, en Chueca, no es el típico mejicano. Tienen el buen gusto de prescindir de los cactus, los mostachos, las máscaras de lucha libre y las paredes rojiverdes. La comida, sin salirse de lo tradicional, está rica, a un precio no disparatado.

 

El museo del Prado prorrogó la exposición de “El joven Van Dyck”. Pertenecía al círculo de Rubens, y las obras llegaron a España porque Felipe IV adquirió todas a la muerte del maestro. Van Dyck era el principal ayudante de Rubens, quien confiaba por entero en su talento pictórico. La muestra recoge lienzos muy precoces (los firmó con no más de 22 años), pero a la vez maduros, atrevidos y con personalidad. Por desgracia, su muerte fue también prematura. Nuestro guía incidió en la mecánica de los talleres, y nos hizo ver los patrones que se repetían, como los modelos, las telas o la escenografía. Por la naturaleza de los encargos, predominan los temas religiosos, como “Cristo con la cruz a cuestas”, “La coronación de espinas” y “El prendimiento”, aparte de los retratos.

 

Parece que incluso cabe un libro:

  • “Las Tormentas del 48 (Episodios Nacionales 31)”, de Benito Pérez Galdós: da comienzo la cuarta serie retornando a la primera persona y presentando al narrador como absolutamente amoral, con consciencia de ello y actuación acorde. Ese año fue especialmente revolucionario en Europa, mas no en España.

En las crónicas de extractos de la encíclica, faltó la invocación final, que ahora recojo y suscribo: “Abre nuestro oído a la Palabra, aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado, recuérdanos que quien cree no está nunca solo y enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino.”                                                                                                        Alberto.