El acerbo cultural

Boda (II)

Escrito por elveridico 29-05-2013 en General. Comentarios (0)

Queridos amigos:

 

Suena reconfortante lo de “novia mojada, novia afortunada” para que se le pase el berrinche por las inclemencias, pero en este caso correspondería más un “novia pedregada, novia magullada”, porque cuando el novio enfilaba el Banco de España (lugar donde había trabajado el conductor del coche nupcial, antes informático) descargó una granizada de las de asustar, incluso con aparato eléctrico. Llegó sano y salvo al descansillo del colegio del Sagrado Corazón de Rosales, donde había transcurrido toda la etapa escolar de su novia. Le embargaba la intensa emoción de ver reunidos a todos sus seres queridos, con especial mención (sin desmerecer al resto) a dos presencias (por inesperadas): Roberto Hierro, de La Salle, y Ana Nácher, del Isabel de España. Del brazo de su madre, incomparable progenitora y madrina de excepción, con un vestido azul aguamarinado y tocado a juego, avanzaron hacia el altar, a los sones de órgano de la cantata 147, de Johann Sebastian Bach (“Jesús, alegría de los Hombres”). A continuación hizo su entrada del brazo de su hermano y padrino la novia, y fue de esos momentos que suspenden el tiempo: sencilla, sin más ornatos que su anillo de compromiso y unos pendientes, ambos de oro blanco con diamantes, impresionante en su belleza natural, sin artificiosos afeites, realzada por un vestido clásico de mikado de seda blanca sin mangas, entallado a la cintura con un fajín con un detalle de pedrería.

 

El sacerdote, don Blas, fue traído de Torres de Montes, pues había bautizado y comulgado al novio y a su simpatiquísimo hermano, ni más ni menos. Se barajó durante un instante intentar que concelebrase con un cardenal-arzobispo emérito con votos en el pasado cónclave (muchas pistas he dado). La ceremonia podía ser seguida con facilidad con el cuadernillo turquesa, completamente factura de los contrayentes, el fondo de él, la forma de ella. Abrió el fuego de las lecturas Josu, con el libro del Eclesiastés (en hebreo, Qohelet), proclamando que hay un tiempo para cada cosa y una cosa para cada tiempo (sin musicalizar por The Byrds). Prosiguió Elisa, con el salmo responsorial 22, puesto que el Señor es nuestro pastor y nada nos faltará. El puesto de honor lo ocupó el genial, extrovertido y polifacético padre del novio, con el imprescindible himno paulino al Amor, que “disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites y aguanta sin límites.”. Remachó la salmista con la aclamación de un fragmento del Magnificat, tan cercano a la sensibilidad del novio (“Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador”). Con semejantes precedentes, no extrañó nada que escogieran la sección de la casa construida sobre roca, del evangelio según san Mateo.

 

Todo hacía indicar que el sermón iba a consistir en una hagiografía del novio, porque material tenía de sobra para ello, en mi humilde opinión. Sin embargo, glosó la figura de la novia, y sobre todo, a las religiosas de la congregación. Una vez concluida la homilía, tocaba el rito del matrimonio, con el cual culminaban algo más de cuatro años de relación. Respondieron con firmeza a las preguntas del escrutinio y recitaron con dulzura el consentimiento, considerablemente más nervioso él que ella. Lo principal estaba hecho: ya (y quiera Dios que para siempre) eran marido y mujer. Bendijeron y se entregaron los anillos y las arras, de las cuales os puedo contar un secreto: eran de curso legal, de edición limitada de 2012, acuñadas con la imagen de la Catedral de Burgos.

 

Las preces, leídas por Antonio y María, estaban rematadas, densas y floridas. No se dejaron a nadie: la Iglesia, los necesitados, España, los abuelos y padres de ambos, los propios contrayentes y, cómo no, vosotros, los amigos.

                                                                                                       Alberto.

“Nihil innovetur”

Escrito por elveridico 20-05-2013 en General. Comentarios (0)

Queridos amigos:

 

Ya sé que os parecerá extraño e intrascendente, pero ayer me levanté por la noche habiendo soñado una definición para la Inmaculada Concepción que no me parece haberla oído, seguramente por ser una salvajada teológica, pero que yo creo acertada: “La Inmaculada Concepción es el respeto de Dios por la Madre de Nuestro Salvador”.

 

Pasamos de un tema de escasa popularidad a uno de mucha, la Feria de la Tapa, en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Estaba de bote en bote, expresión que me trae recuerdos de la sintonía de la lucha libre mejicana en Galavisión. En su novena edición, como todas las anteriores, salvo que se nos haya colado alguna, conté con la presencia de mi amigo Jonás. Por cierto, la prescripción del título (“Sin cambiar nada”) sintetiza el gobierno de la Iglesia Católica en el periodo de Sede Vacante: como establece la Universi Dominici Gregis, los cardenales solo podrán despachar los asuntos inaplazables y preparar todo lo necesario para la elección del nuevo Papa, y carecen de potestad o jurisdicción para todo lo demás. Contado este rollo, la Feria de la Tapa es un plan que admite a las familias y a las parejas, y tampoco negaría que hay un cierto “barro” (en idioma piñeriano, posibilidad de ligoteo). Además, a euro y medio la comida, y por un euro la caña de Mahou, sale mejor que otras, como la Feria del Marisco Gallego que instalan periódicamente en la explanada de la antigua estación del Norte (Príncipe Pío). Como soy un acérrimo partidario, emplearé como publicidad la lista de consumiciones (no os asustéis, pues son compartidas): croquetas de chipirón en su tinta y de chorizo ibérico, carrillera con miel de tomillo, mousse de pato con cebolla caramelizada, chapatita de calamares a la romana con salsa delicia, patatas revolconas con polvo de torrezno y banderillas de pulpo, tosta de pimientos con anchoa, empanada de carne, brandada de bacalao con toque de frutas primaverales del bosque, sardina de la costa sobre espuma de escalibada, solomillo al grill con salsa caramelizada y pimienta rosa, carrillera de ternera en reducción de vino tinto y bonito en escabeche casero con pimientos en dos texturas. Hubo incluso postres: tiramisú y “pasión por el chocolate”.

 

Disfrutamos ese finde de un agradable paseo por Madrid Río hasta la pradera de San Isidro, con motivo de las fiestas patronales. Tienen instalados los típicos chiringuitos de fritangas, y en uno cogimos refresco y Estrella Galicia para un banquico junto al césped.

 

La Casa del Cordón de Burgos albergó una exposición sobre Alberto Durero. Lo que hace de él un caso extraordinario es la suma de todas las virtudes que uno espera encontrar en un artista: imaginación, destreza técnica, innovación, originalidad, estudio, reflexión y compromiso. Está completamente dedicada al grabado, soporte que el autor dignificó y engrandeció, en sus diferentes modalidades, que son entalladura o xilografía, buril y punta seca, y aguafuerte. Las obras más señaladas son las series de la Pasión, el Gran Carro Triunfal de Maximiliano I (para quien trabajó) y Melancolía I (celebérrima estampa de una pensativa figura alada con simbología variada y un cuadrado mágico).

 

No es usual que publicite algún evento corporativo, pero lo haré con la exposición “La nueva cara del euro”, en el chaflán del Banco de España. Da a conocer los billetes de 5€ que se pondrán en circulación en mayo y aprovecha para mostrar las caras nacionales de las monedas, advertir de varios elementos de seguridad y recorrer la historia del dinero.

 

Sed ejemplares,

                                                                             Alberto.

Boda (I)

Escrito por elveridico 13-05-2013 en General. Comentarios (0)

Queridos amigos:

 

La línea que más cuesta en una crónica es la primera, y la dificultad se hace exponencial si se trata de una serie. Habiendo narrado bastantes enlaces previos, no dejaré pasar el de un entrañable amigo, al que conozco de toda la vida, y que es mi amigo en el dolor, mi confidente en el amor, y está conmigo porque soy su consentido (tomo prestada una letra de “el más grande”). Con su novia (ahora esposa) hacen una pareja excelente, pues los veo muy distintos en el exterior, mas muy parecidos en el interior. Cuando digo diferentes, no me refiero a la apariencia, porque ambos son guapos a la par que concentrados (sí, es un claro eufemismo) sino a que poseen un carácter complementario.

 

Como he participado de primerísima mano en la preparación, quizá sea prolijo en los detalles, o bien seré pudoroso de puro cariño. Nos habían convocado mediante unos elegantes tarjetones de cartulina verjurada ahuesada, con letra mayúscula en fuente Argensola y color azul francés. La elección del día tampoco era casual, porque deseaban casarse en mayo, mes en el que más bonito está Madrid, con las flores eclosionando en la rosaleda, sin los ardores de la canícula ni los últimos coletazos del invierno, y querían aproximarse a la fecha de María Auxiliadora. La petición de mano había tenido lugar en otro hito, su tercer aniversario. Escogieron el 19 de mayo, con un cierto temor a las tormentas de San Isidro y la Feria del Libro. La organización no resultó sencilla, pues conllevaba desplazamientos desde puntos dispares de la geografía española (Barcelona, Burgos, Ciudad Real, Huesca y Zaragoza, principalmente y por riguroso orden alfabético), si bien la ilusión de estar con ellos pudo con cualquier eventual obstáculo.

 

Ya que venía compacto el grupo aragonés, la familia nuclear del novio, incluido él, se desplazó hasta Atocha para recogerlos. Pasó un momento atroz durante el registro en el hotel, porque con tanto invitado de procedencia diversa y tanto papel que manejaban los del hotel Regina, parecía que jamás lograrían ubicarlos. Sin embargo, y todavía se pregunta cómo lo hicieron, los repartieron en una perfecta correspondencia biunívoca.

 

Los acompañó en un breve paseo por la Puerta del Sol y Plaza Mayor, y compartió un ligero refrigerio con su padre, hermano y pre-cuñada. Aun con casi doscientos invitados, con la excusa no tan descabellada de buscar un paraguas, marchó a echarse la siesta solo en su casa. Acicalarse no resulta un problema con semejante rostro y cutis, así que un breve afeitado bastó para dejarlo en perfecto estado de revista. Se vistió en la habitación de sus padres, aunque, por la afluencia, bien hubiera podido hacerlo en la casa de Tócame Roque (por cierto, la real se encuentra en la calle Belén, en Chueca).

 

Eligió el novio un terno que muy probablemente supiese desde el lejano día que fuese consciente de que le gustaban las chicas: chaleco verde manzana y corbata más oscura del mismo color. El chaqué resultó una imprevista novedad, si bien, como no espera repetir el evento excesivas ocasiones, pudo soportar la servidumbre. Su familia bromeaba con su escasa estatura, de forma que si hubiese cosido unas escobillas a los faldones se hubiesen ahorrado el servicio de limpieza. Pasó un tremendo apuro cuando los autobuses de Classic Bus (los mismos que utiliza el Fútbol Club Barcelona en sus desplazamientos por la Comunidad de Madrid) no llegaban a tiempo a la puerta del hotel, con los invitados en el pasillo y aguardando salir, y con las nubes cerniéndose sobre el centro de la capital, pero esta contingencia climatológica será objeto de publicación en breve. Os aprecio un montón,

                                                                                       Alberto.

“Cristus mansionem bendicat”

Escrito por elveridico 10-05-2013 en General. Comentarios (0)
Queridos amigos:
 
El puente de mayo transcurrió de viaje “político” a Villanueva de los Infantes. En esas fechas engalanan sus Cruces, conmemorando la piadosa tradición de santa Elena, la cual vistió con sus propias ropas la reliquia de la Santa Cruz, recién descubierta. Las marcan mediante hogueras o “turros”, ofrecen “puñao” (mezcla de cañamones, quicos, trigo y garbanzos tostados, bolitas de anís, palomitas y pasas) y “ponche” (vino blanco, mistela, vino añejo y gaseosa) a quienes las visitan y les cantan los “mayos” (a la Cruz y a las “peanas” u organizadoras; si bien pocos días antes los dedican a las “damas” rondadas).
 
A menos de noventa kilómetros se encuentra el Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, lugar de imprescindible visita en este pluvioso 2013. Las lluvias del invierno y la primavera han elevado el nivel freático del Acuífero 23, de modo que los aportes de agua de los ríos Guadiana y Cigüela y la subterránea permiten que luzca exuberante este humedal. Resultaría pretencioso suplantar a la Naturaleza, a sus sonidos, a sus garzas, a sus patos colorados, a sus somormujos, a sus ánades, a sus tarayes, o a sus carrizos… Evitad las multitudes (id temprano) y portad prismáticos ligeros para los observatorios. Concluimos con el molino hidráulico harinero de Molemocho, con útiles para pescar.
 
Retrocedemos en el tiempo sin dejar las casas enjalbegadas de los pueblos de España. Día de gran festín es el de Navidad en casa (y hago míos los deseos de la frase de encabezamiento: “Dios proteja este hogar”). Lo prepara mi madre, aunque este año contó con la ayuda de dos pinches de excepción: mi primo Diego y una debutante que ha ingresado con excelente pie en la familia por vía matrimonial. Como presumimos de españoles, el aperitivo se abre con ibéricos (salchichón, lomo y jamón), continuando con queso con piña (novedad), pimientos rellenos, tigres (recompensa a los ayudantes), pastel de salmón, vieira gratinada con boletus y ensalada de pimiento asado, huevo duro y bonito casero. Para templar el cuerpo, siguió un caldo de cordero y pollo. No puede faltar el ternasco a la brasa, bien salado por Pilar y controlado por Javi. Nunca se quedan atrás los postres: bizcocho de yogur, turrones de Jijona, Alicante y chocolate (reflejo pavloviano nada más escribirlo), un flan de reinetas y una trenza de Almudévar.
 
Costó mucho la primera victoria de Yonmoñaco; no tanto la segunda. Fue por la mínima, un 1-0 muy en el estilo del equipo, sobrio atrás. Para colmo, la épica llegó al sobreponernos a una (justa) expulsión. De todas formas, y dado que la competición del Buen Consejo está más desequilibrada que los hijos de Paquirri, vamos primeros en nuestra Liga, al haber vencido a los otros dos conjuntos que flirtean con el farolillo rojo.
 
Tampoco me extenderé en la cerveza 1906, de Estrella Galicia. Tan rica está la de gama normal que la mejorada, aun siendo apreciable, no representa tan gran salto cualitativo.
 
Da tiempo a un libro:
 
  • “Los Ayacuchos (Episodios Nacionales 29)”, de Benito Pérez Galdós: se conoce por este nombre a la camarilla del general Espartero durante los tres años de su Regencia. Acaba por liar a los protagonistas principales, pero dilata en exceso la acción. Llegan a crispar un pelín tantas expresiones almibaradas y empalagosas.
 
Disfrutad,
                                                                         Alberto.

"Ut omnes unum sint"

Escrito por elveridico 10-05-2013 en General. Comentarios (0)
Queridos amigos:
 
Un profesor de inglés de un campamento en Serraduy decía que retenemos únicamente treinta segundos de la información de una clase. No había evidencia empírica, pero al menos conseguía captar nuestra atención. En este caso, he de concentrar lo importante en el primer párrafo. Os animo a marcar la equis en la casilla de la Iglesia Católica. En el vínculo de Xtantos encontraréis la información. Hacen fructificar el dinero que les llega. No supone pagar más impuestos. La cita está tomada de Juan 17, 21 (“Para que todos seamos uno”). Apoyémosla en su ingente labor social, en este tiempo tan crítico.
 
Por si se pasa la temporada sin que vuelva hacerlo, anunciaré que he inaugurado mi casillero con Yonmoñaco, el día que lográbamos nuestra primera victoria. Pase largo del portero, control (des)orientado, aguantar el choque del defensa para ganar la posición y suave toquecito al otro palo salvando la salida del portero. Ha costado, pero todo llega.
 
Hablar de belenes resulta extemporáneo en esta época, pero soslayarlos sería injusto con el trabajo de sus creadores. Me refiero en concreto a la vigésima edición del complejísimo (hay hasta pececillos vivos) belén del Regimiento de Transmisiones 22, con sede en Castrillo del Val y expuesto en el claustro bajo de la Catedral de Burgos, cuya recaudación va a proyectos solidarios. Trasciende el nacimiento para narrar toda la vida de Jesús. Las cartelas incluyen las citas de los evangelios canónicos y apócrifos.
 
La cena de Nochebuena en casa de mis tíos Pascual y Pilar este año fue menos opípara, debido a convalecencias varias. Abrimos con espárragos extragruesos, jamón ibérico, surtido de canapés, langostinos de gran calibre, empanada de champiñones, gulas al ajillo, cardo con bacalao y almendras (el plato estrella del 24 de diciembre), bacalao con tomate, ternasco al horno (imprescindibles ambos en casa Liesa), “goxua” (postre vascuence a base de sobaos, vino dulce, nata y crema), turrones y almendras tostadas. Cuidamos los caldos, en el mejor sentido del término: blancos, claretes, tintos y cavas.
 
A estas alturas del año, os preguntaréis dónde se halla la crónica del concierto de Raphael con el que me regalo cada cumpleaños, siempre diferente, reinventándose a cada instante. Comenzó con canciones de sus inicios, más simplistas y menos escuchados, y prosiguió con los éxitos que jalonan su carrera (“Hablemos del amor”, “Desde aquel día” o “En carne viva”). No le cuesta nada llegar al clímax ni mantenerse en él; su “Qué sabe nadie” fue apoteósico, pero no más que el “Como yo te amo” justo a continuación del “Yo soy aquel”. Ahondó en el tango y en los villancicos, para pasmarnos con un “Tamborilero” sin orquesta). Sin entrar en el éxtasis del doble de Mocito Feliz, quien parecía levitar, entresacaré dos momentos muy especiales, como son su silueta recortada a contraluz sola en el escenario y la interrupción a base de aplausos del “Gracias a la vida” nada más empezar a entonarlo. Auténtico gran genio.
 
Un libro incluso…
  • “Montes de Oca (Episodios Nacionales 28)”, de Benito Pérez Galdós: concluye la Regencia de María Cristina en el marco de la sorda pugna entre progresistas y moderados. Personajes secundarios toman el protagonismo de la historia, para poner ya sobre el tapete todos los hilos que, al imbricarse, cerrarán la trama.
 
Abrazo enorme,
                                                                           Alberto.