El acerbo cultural

"Hic coepi"

Escrito por elveridico 04-01-2008 en General. Comentarios (0)

Queridos amigos:

 

“Aquí comienza” (ya como en las encíclicas, las cuales son conocidas por sus primeras palabras en latín) la serie de 2008 de las crónicas. Resultará complicado igualar la periodicidad de 2007, concluido con la cuadragésima, pero se intentará.

 

Torres de Montes, como siempre, ha sido mi destino navideño. Ofrece paz, en su pedestre versión de ausencia de ruidos, lo que más aprecio en este mundo de Dios.

A pesar de lo infrascrito, no he descuidado del todo mi línea, pues no he cejado en mi empeño del deporte diario, por muy helados que estuvieran los caminos. La escarcha en las ramas y, sin “boira preta”, Guara en lontananza resaltan su belleza humildísima.

 

La cena de Nochebuena no defraudó las expectativas: entremeses de jamón, paté de oca y ciervo, langostinos y empanada de boletus y panceta, un (en mi caso, dos y colmados) plato de cardo con bacalao y almendras, bacalao con tomate y cebolla, ternasco, y, para terminar, sorbete, flan, bizcocho, bombones, turrón variado y almendras tostadas.

 

Pasamos a la comida de Navidad, donde la frugalidad trocó en contención: entrantes a base de de ibéricos, “pudding” de marisco, langostinos y vieras rellenas de rape, primer plato de sopa de cordero, segundo inicial de rabo de toro a la pimienta y a la canela, segundo final de ternasco a la brasa, y de postres tiramisú, pasas y turrones, todo ello remojado con un Rioja crianza 2003Juvé y Camps Cinta Púrpura, Blanc de Blancs de Codorníu y un brut reserva aguinaldo de Caja Penedés (la única entidad que manda).

 

Aproximándonos a final de año, el cuerpo expedicionario torremontesino cayó sobre las reservas etílicas barbastrenses aprovechando la densa niebla que cubría como manto el Somontano. El botín se llevó puesto, aunque como siempre unos más que otros.

 

Especialmente memorable resultó la Nochevieja en Huesca. Nunca me lo había pasado ni siquiera bien, y fue de las noches de las que te levantas con una sonrisilla tonta que te dura todo el día. Cenamos organizándolo todo nosotros, en armonía, y marchamos a la capital, donde no salimos del Moe’s (ni puñetera falta que hizo). Con “temazos” como “Don’t stop me now” (Queen), “Chiquitita” (Abba), “Color Esperanza” (Diego Torres) o “Boggie Movie” (Fabio MacNamara) y la presencia de Luis Carlos (una leyenda viva, el último ejemplar clonado de una especie dedicada a la “marcha” en todas sus mejores versiones y ubicaciones, al que todos idolatramos), todo fue realmente a pedir de boca.

 

Concluyamos con literatura:

  •  “Los Pilares de la Tierra”, de Ken Follett: archiconocida novela que trata de la construcción de una catedral medieval en la transición del románico al gótico a lo largo de dos generaciones. Incluye acertadamente el asesinato de Thomas Becket dentro de las relaciones Iglesia-Estado en la Inglaterra del siglo XII. Como todo éxito de ventas que se precie, engancha, aun sin ser obra maestra.
  • “The Scarlet Letter” , de Nathaniel Hawthorne: cuenta la desdichada vida de una adúltera que se ve obligada a llevar una enorme A roja bordada en la ropa por parte de las autoridades puritanas en las colonias inglesas del Este de Norteamérica. El autor purga así las culpas de sus antepasados, de esa confesión.

 

¡Muacs o muaks! (que bellezas hay que sostienen una y otra grafía),

                                                                                                                      Alberto.

 

Camino 2007 (IX)

Escrito por elveridico 27-12-2007 en General. Comentarios (0)

Queridos amigos:

 

Pasado el Crucero de Santo Toribio, ya se divisaba el objetivo de estos 30 kilómetros: Astorga. El río Tuerto paradójicamente poseía un puente con varios ojos y una zona anexa de ocio. No cejé en mi competitividad hasta el último metro, adelantando a gente en la subida (si no, hubiese estado desconocido).

 

El albergue de las Siervas de María tiene un gran nivel, además de una preciosa recepcionista rubia. Continué con la rutina de la llegada a los alojamientos aunque no hiciera falta y salí a dar una vueltecita por Astorga, donde no pude privarme de unas tabletitas de chocolate con frutos secos. Esta localidad esta llena de tiendas de dulce, especialidad en mantecadas y hojaldres, y de salado, fundamentalmente embutidos. En Las Termas, nos “aflojamos” con Antonio un cocido maragato de los que hacen época.

 

Astorga posee mucho que ofrecer al visitante, desde los restos romanos de la Legio X al palacio episcopal goticista de Gaudí, pasando por la catedral o la cofradía de Vera Cruz.

 

A causa de la copiosa comida, no había quien me despertase y hubimos de correr para llegar al autobús a León. Allí nos reunimos con Blanca, en un hostal casi de lujo en comparación con los alojamientos padecidos. La cena se limitó a un heladito en una terraza, ni siquiera salimos por el Barrio Húmedo, recomendado tantas veces.

 

Realicé una visita matutina exhaustiva a la ciudad, pero sin poder acceder más que al interior de su caleidoscópica catedral (va con minúsculas, porque las mayúsculas las reservo para la única, la insuperable, la apabullante, la esplendorosa: la de Burgos).

 

No quiero quitarle méritos a la ciudad. De hecho, me pareció mucho más completa de lo que la recordaba, con monumentos dignos de ver en todas las épocas. Todavía se explica menos que haya sacado a un tipo tan inútil como peligroso, el “ínclito” zETApé.

 

Mis lugares favoritos, no obstante, pueden concretarse en San Marcos, convento antaño y Parador hogaño, al estar absolutamente exento para nuestro deleite, y la Casa Botines.

 

Nos esperaba un aburrido retorno hacia nuestros lugares de origen, en el que invertimos el resto del día, sin que me quitase las ganas de ir de fiesta al llegar a Huesca, claro está.

 

Mucho espacio queda para las consideraciones finales, lo cual es arma de doble filo.

Reflexionando bastante, considero muy positivo el mayor acompañamiento. Aunque Antonio es el mejor compañero posible para el Camino y para tantas otras cosas, una persona más, en su momento Ferrán y ahora Blanca, abre nuestra mente a percepciones de los avatares y a maneras de vivir bastante distintas de las nuestras, tan convergentes.

 

Este Camino, como ya he ido aclarando, ha sido el tramo más duro por ahora, con etapas que rozaban lo inhumano, no tanto por la distancia como por la aridez. Son etapas en las que, aparte de que puedas ir con compañía o no, te sientes profundamente solo, sin algo que vaya a darte un respiro, una alegría o una novedad. ¡Castilla es así!

 

Despido esta serie agradeciendo profundamente vuestra atención y, como siempre, lanzando una (¿infructuosa?) invitación a que os unáis a nuestro “largo caminar”.

                                                                                                                                Alberto.

"Nunc dimitis"

Escrito por elveridico 17-12-2007 en General. Comentarios (1)

Queridos amigos:

 

Como todos los años, procede una crónica de recapitulación, si bien ésta no se limitará al ejercicio precedente, sino que tendrá más calado, ahora que friso la treintena.

 

El título, que procede de Lucas 2, 29, quiere decir algo así como “Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor se vaya en paz” y cobró relevancia al ser mencionado por Su Santidad Juan Pablo II en su testamento, cuando los medios de comunicación fantasearon con que había pensado en renunciar, si bien se refería a que había cumplido su labor al haber conducido a la Iglesia en el umbral del tercer milenio. En cualquier caso, manifiesta mi tremendo cansancio tras este año de locos y para volverse tal.

 

Uno de los objetivos marcados en el calendario era abrirme un “blog”, y helo aquí:

http://elveridico.blogspot.es

 

Resulta huero presumir de algo que ni siquiera tiene valor, pero no me ha sido nada fácil compatibilizar la adquisición y acondicionamiento de la casa con la grabación del programa. Mil veces me habéis escuchado que agotamiento físico lleva aparejado decaimiento moral, y quizá sea eso lo que me esté ocurriendo últimamente.

 

A todo ello hemos de añadirle que se avecina la transición de década, con la incertidumbre que conlleva, cuando ves a tus amigos formales y ennoviados, y frente a tu espejo aparece un enteco afectivo, sin más vínculos que los familiares (y eso…).

 

Los (y las) “grandes” reciben reconocimiento por reinventarse múltiple y continuadamente, y así habré de hacer. En gatopardesca reflexión, quizá haya de cambiar de diversiones, afanes o labores, si bien siempre para seguir siendo Alberto.

 

Prefiero no pararme a pensar más, por miedo a terminar descubriendo que no hago otra cosa que continuar huyendo hacia delante, con ausencia absoluta de un proyecto vital, y es sabido que “ningún camino le es favorable a quien no sabe a dónde va”.

 

Esta larga reseña no podía faltar en un escrito tan señalado:

 

  • “Lo que queda de España”, de Federico Jiménez Losantos: escrito entre 1977 y 1979, en una nueva edición añade un “prólogo sentimental”, con sus vivencias en la Barcelona de los 70, y un “epílogo balcánico”, donde advierte de la desintegración del Estado. Incide en la discriminación nacionalista en Cataluña a través de la política lingüística y cuenta su traslación de postulados marxistas a liberales. Aparte del cariño que le tengo al personaje, se suma que esas experiencias fueron vividas por mis padres, quienes allí se conocieron y casaron, como Don Federico (a su mujer, sobre cuando la vio por vez primera: “el sol de aquella mañana calienta más cada día”), y quienes tuvieron que re-emigrar, como otros 15.000 docentes, por la exigencia del catalán para dar clase, como Don Federico, profesor de Instituto, pero en su caso tras sufrir un atentado.

 

“Basta de tristezas, que la vida pasa, y no la retrasa ponerse a llorar”. “Gracias a vida, que me ha dado tanto” (a vosotros, sin ir más lejos),

 

                                                                                                    Alberto.